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El detalle del Cura Paco

El Fiscal | 30 de septiembre de 2014 a las 14:20

dulce nombre
ACABÓ el bautizo y el cura cogió a la niña, entró en la capilla del Dulce Nombre, la que ya no es del Gran Poder según el Registro de la Propiedad, y la presentó a la Virgen de la saya rosa que cierra los Martes Santos cuando se mustian los primeros lirios de la Buena Muerte y se oye el eco de los últimos quejíos en el Cerro. A sus pies quedan los ramos de novia, ante su cara morena son presentados los niños y en la bulla de su paso de palio se conocen los novios, ¿verdad, Luismi? El cura podía haber hecho caso omiso, no darse por aludido de que la Virgen estaba expuesta al culto más íntimo, dejar el acto ceñido a la celebración de un sacramento en el templo parroquial donde manda el párroco y se recluyen en sus capillas las hermandades. Pero como este cura no es un cura cualquiera, pues allá que se fue el Cura Paco para ponerle el broche sevillano al bautizo. Cada día nos gusta más este sacerdote que gobierna San Lorenzo con tacto de prioste. Fue el cura que dijo que no al pregón el pasado año, que los pestiños están para jamarlos, no para hacerlos. ¡Viva el Cura Paco mandando a paseo el atril de las vanidades!
Ya lo dijo el cardenal en la intimidad de una reunión: “Quiero que Sevilla me recuerde como arzobispo, no como pregonero”. Pues el Cura Paco quiere que le vean como párroco, en el ejercicio diario de su ministerio a la vera del Señor, y no ejerciendo el vocerío desde un atril. Yqué mejor pregón que el esmero en esos pequeños grandes detalles que dan alma a una celebración. Hay que fundar la asociación de amigos del Cura Paco, que huele a oveja y no a despacho de curia, que responde al teléfono y no contesta por fríos correos electrónicos a través de intermediarios, que mira de frente y siempre quiere agradar, no demostrar que está un peldaño por arriba. En este tipo de curas está puesta la esperanza de la diócesis hispalense por tener cada día más presbíteros alegres, como los quiere el papa Francisco, y menos burócratas palaciegos que disfrutan poniendo reparos como interventores de la administración pública. Hay que reconocer el acierto de don Juan José poniendo a Marcelino Manzano al frente de las hermandades, más aún al tratarse de un cura no sólo simpático, que lo es, sino con experiencia en los medios de comunicación, pues la notoriedad de la Iglesia de Sevilla, guste o no, está muy condicionada (saturada) por la actualidad de las cofradías. Y don Marcelino domina las dos áreas, sin miedo al qué dirán. Se fía tanto de las hermandades de San Vicente que les ha dado la llave.
Yo hoy me quedo con el Cura Paco dando el mejor pregón de su vida, con el alba puesta y los brazos alzando a Rocío, símbolo de la vida y de la esperanza en un futuro mejor. Un bautizo al sevillano modo. Imaginamos al Cura Paco hace un año diciéndole al Consejo:“Yo no soy hombre de esas cosas”. Ahora lo entendemos. Su pregón se escribe cada día a la sombra de los plataneros de la plaza, con la música del griterío infantil de las tardes y con la privilegiada compañía de un buen trozo de la mejor Semana Santa.

El Nacimiento napolitano del Plantinar

El Fiscal | 1 de enero de 2014 a las 17:00

Parroquia de San Diego de Alcalá. Barrio del Plantinar. belén napolitano.
Ha llamado especialmente la atención que en la parroquia de San Diego del Alcalá, la del barrio del Plantinar, se exhiba un precioso Nacimiento napolitano con figuras de entre los siglos XVIII y XIX, cedidas por un particular para la ocasión. Las tallas lucen ropas hechas a mano con telas de la época. Comienza a notarse la mano del párroco, José Miguel Verdugo, que es de esperar que poco a poco vaya mejorando la estética del templo. El Nacimiento se puede visitar de 11:00 a 13:00 y de 18:30 a 20:00. Se trata sin duda de unos de los grandes belenes de este año junto con los de la exposición de la Caridad.

Bergoglio en el Plantinar

El Fiscal | 17 de septiembre de 2013 a las 17:58

verdugo campanas
Aquel muchacho fue el pertiguero de la coronación de la Virgen de las Angustias junto con un acólito llamado Enrique Casellas. Después fue el presidente del grupo joven de la Sed y el diputado de cultos de la cofradía del Nervión histórico donde se crió tras haber echado los dientes en Pelay Correa. Un día fue a pedirle al sacerdote Francisco Ortiz que predicara los cultos de la hermandad. Ahí se encarrilló una vocación que se había ido forjando en la parroquia de la Concepción, a los pies del Cristo sediento y la Virgen de los ojos claros, con la cruz de madera en el pecho y en el seno de una corporación pujante con un hermano mayor como Manuel Rojas, cofrades de referencia como Juan Antonio Cuevas y grandes sacerdotes de la diócesis como los hermanos Isorna y don Ángel Gómez Guillén, su director espiritual. La de José Miguel Verdugo (Sevilla, 1970) es una vocación nacida en el seno de una cofradía, la misma que pagó íntegramente sus estudios como seminarista, primero en el viejo San Telmo, cargado de humedades, de letrinas cuarteleras y despachos desvencijados, y después en ese edificio de la calle Tarfia que parece más un NH que un lugar docente para futuros sacerdotes. Cofrade antes que cura. Nazareno de la Sed en el blanco y negro de 1979 cuando la primera y animosa estación de penitencia a la Catedral. Ysin complejos por venir de una cofradía y seguir estando en las cofradías. Hoy es un domingo muy especial en su vida. Toma posesión como párroco del Plantinar, en el templo de San Diego de Alcalá, tras ejercer de diácono en Santa Ana y de titular en las localidades de Alcolea, Villanueva del Río y Minas, Guadajoz y Valencina de la Concepción. Dicen que el padre Verdugo ha ejercido la pastoral de la rehabilitación, porque en sus primeros años de cura le ha tocado restaurar templos, renovar campanarios y sellar grietas en los pueblos tras ir pegando los correspondientes sablazos. Aunque lo suyo, de verdad, es la rehabilitación de las almas, la pastoral de la calle, lejos de la comodidad de la sacristía, en la línea de un Bergoglio que clama por la presencia de los sacerdotes donde están realmente las necesidades. Quizás por eso hay quien dice que el periodismo es, al fin, una forma de sacerdocio: la calle es su escenario. Quizás de Leonardo del Castillo haya aprendido la sonrisa continua, pero con monturas de gafas policromadas, y la acción constante por alejar a jóvenes de malos hábitos; de Ángel Gómez Guillén sus enseñanzas espirituales, la moderación, la mesura y la lealtad al obispo; de Manuel del Trigo su carácter de puertas abiertas; de José Luis Peinado el sentido de la diplomacia eclesiástica y el rigor como criterio, y de Fernando Isorna la decisión del emprendedor. Ycomo estudiante lleva el sello de profesores como el inolvidable José María Estudillo, Miguel Oliver, Gonzalo Flor y José María Garrido Luceño. El Plantinar se convierte en el primer destino como párroco en la capital de un cura muy de pueblo, muy rociero y muy amante del arte como vía que ayuda para llegar a Dios. Al cura Verdugo se le ve todos los años haciendo el camino como un peregrino más, explicando las sagradas escrituras en lo alto de una carreta en un camino de girasoles a media tarde, o en los talleres de Navarro Arteaga, Dubé de Luque o José Leal encargando obras o restauraciones con las que no dejar altares huérfanos de oraciones. Pide Niños Jesús a los escultores, saetas a El Sacri, Pili del Castillo o Álex Ortiz, y pide ayuda para los templos a alcaldes del PSOE o del PP. Llega al Plantinar el hijo de un trabajador que jamás ha ejercido de padre del cura en las feligresías donde su hijo ha servido a la Iglesia. Ni su madre ha respondido nunca al prototipo de madre del cura. Todo se lo debe a ellos. Y ellos salvaguardan su libertad de acción como sacerdote. Llega a la capital un cura tremendamente capillita que nunca ha tenido reparos ni en presentarse como tal ni en lucir la sotana y el fajín en la presidencia de los pasos, como seguro que hará a partir de ahora con la cofradía del Sol cada Sábado Santo. Verdugo lleva dentro un cura de pueblo que, aunque jamás lo reconozca, corta cualquier compromiso de golpe si hay que darle la bendición a un recién fallecido, socorrer al hijo adolescente descarriado de un matrimonio que pide auxilio o pedir para las necesidades básicas de una familia. Habitual de la cartelería de predicadores de cada cuaresma, está convencido del potencial de las cofradías, desde la hermandad de mayor solera hasta la asociación de mujeres de doña Concha Yoldi. Hay quienes no encuentran a Dios en las hermandades y hay quienes deben su vocación de sacerdote a una cofradía. El cura Verdugo ya ejerce en la capital, muy cerca de su añorado Nervión. Bergoglio en el Plantinar, donde sale el sol.