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Un párroco vintage

El Fiscal | 21 de diciembre de 2015 a las 5:00

párrocoMorón
MUCHOS niños que se topan con un cura con sotana por las calles del centro se creen que es un nazareno de la Mortaja de retorno a casa, o uno del Santo Entierro que acaba de dejar a la Canina encerrada en San Gregorio. Ocurre con el entrañable padre Polo, que se pasea con su sotana por los alrededores del Salvador cada mañana y soporta con paciencia la de fotos que le hacen. “¿Cuántas me llevas hechas este año, hijo?” La sotana está en desuso, pese a su elegancia. Acaso sólo se ve en los curas del Palmar de Troya, pero ya se sabe que esas sotanas no puntúan. Son como los pasos que salen antes de Semana Santa sin papeles, ni Consejo que les embadurne con una subvención, ni Bourrellier que controle las horas: cofradías piratas, sotanas piratas. La sotana del padre Polo es la última sotana de Sevilla… capital. Antes decíamos que en la diócesis quedaban dos: la de monseñor Álvarez Allende y la del padre Polo. Pero, desaparecido el gran párroco de San Bernardo al que Juan Pablo II concedió fajín de prelado con toda justicia, hay que precisar que la de Polo es la última de la capital, porque en Morón de la Frontera, adonde el tren ya no llega, nos ha salido un usuario de sotana con todos los avíos. El párroco de San Miguel, la catedral de la Sierra Sur de Sevilla, es don Pedro Jiménez Barros. Yya ven cómo luce en ciertas solemnidades: sotana, clériman romano, manteo y sombrero considerado de teja. Hoy se diría que es un párroco vintage. Los ortodoxos hablarían de un párroco de estética preconciliar. Y los amantes de la televisión, de un párroco escapado de un fotograma de Marcelino, pan y vino o de la más actual Amar en tiempos revueltos.
A ver si las cofradías, que tanto pugnan por llevar a nuncios, cardenales y obispos del Norte a sus funciones principales de instituto, se esfuerzan en traer a sus cultos a curas vestidos como Dios manda y Trento enseñaba. Qué de manteos se iba a hartar de cortar el maestro Ibáñez en su sastrería de Asunción. ¿Y Maquedano? La de sombreros de teja que iba a despachar Maquedano. Sólo nos quedaría recuperar San Telmo como seminario para que volviera a ser lo que su testadora quería que fuese: centro de formación de futuros sacerdotes. Y soltar a don Pedro por sus jardines con el breviario en la mano, dando un paseo junto a don José Polo. El conserje de San Telmo interrumpiría la charla.
–El coche de caballos espera para llevarles al Salvador.
Ydon Pedro se quitaría la teja al subir al carro. Ydon José Polo se remangaría levemente la sotana. Y nadie tendría teléfono móvil para hacer fotos. Qué felicidad.

Morón y la Esperanza

El Fiscal | 30 de noviembre de 2014 a las 18:14

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EN esto de los relevos en las parroquias ocurre como en la vida política. Llega un alcalde y cambia la ordenanza de ruidos, el sentido de la circulación de una calle y el pavimento de una plaza. Cuando llega otro de un partido distinto vuelve a dejar las cosas como cuatro años antes. Ylos vecinos se vuelven locos. En las parroquias, tres cuartos de lo mismo bien despachados. La misa de las once se atrasa a las doce, las tres misas del domingo se quedan en dos y la jefa de los catequistas la cambio porque era muy del anterior párroco y seguro que ejerce de Radio Macuto. Yo por eso le tengo puesta una cláusula de rescisión bien alta al Lagarto de la Catedral que reside aquí arriba, vamos que lo tengo blindado al bicho por si un día me mandan a la Guardia Suiza, me quitan y que, por lo menos, al pobre reptil me lo unten bien en caso de que lo bajen.
En Morón de la Frontera, adonde el tren no llega, hubo cambio de párroco en su momento, dictado por la autoridad competente, eclesiástica por supuesto. Se fue un macareno de pro: don Amador. Yllegó otro cura estupendo:don Pedro. Decimos que es estupendo porque es de los que responde las llamadas, las devuelve si es necesario y habla con normalidad, no como los que se esconden o manda cartas vergonzosas, sonrojantes y reveladoras amenazando con querellitas de Ikea basadas en preceptos de la Constitución…
–Oiga, Moeckel, ¿usted nos haría una rebaja si los querellados somos dos: el Lagarto y un servidor?
Volvemos a Morón, que nos hemos salido de la A-92 por donde no debíamos. El caso es que don Pedro ha quitado la preciosísima foto de la Virgen de la Esperanza que la Hermandad de la Macarena (dos pasos)regaló al templo en 2011 para que presidiera un altar de esa catedral de la Sierra Sur (óle) que es la parroquia de San Miguel según Hernández Díaz. Allá que se fue hace casi cuatro años don Manuel García a la bendición de la foto, que es de Haretón y que, todo sea dicho, costó un pico gordo. La clave es que la Virgen ostenta el título de Alcaldesa Perpetua de Morón de la Frontera tras el acuerdo plenario aprobado el 21 de junio de 1964, en el que se acordó “por unanimidad absoluta nombrar a María Santísima de la Esperanza Macarena, Alcaldesa Perpetua de Morón de la Frontera y de todos los moronenses, de nosotros y de nuestros hijos, y de los que hayan de venir de nuestros hijos, de los presentes y de los ausentes, y para siempre jamás, declarándonos como devotísimos hijos suyos bajo su tutela y divina protección que hoy invocamos”. Parece claro que en aquel Pleno en sepia no había ningún edil de Izquierda Unida ni de la corriente Izquierda Progresista con los que hubiera que alcanzar acuerdos.
Pues don Pedro ha restituido el lienzo del crucificado del XVIII que antes presidía el altar. Que sí, que el lienzo es precioso, pero que algunos nos hemos quedado como esos emoticonos tristes. La foto de la Virgen de la Esperanza ya no está en la iglesia, sino en la denominada Aula Magna de la Parroquia de San Miguel. A don Pedro hay que pedirle que, por lo menos, el aula pase a llamarse Aula de la Esperanza. Porque lo de magno suena a lío gordo de Santo Entierro.
Y cuando a la Virgen de la Esperanza no se le da su sitio, ya se sabe lo que pasa… Que hubo uno que llegó, no cogió la estampita y aún se duele… Ya no digo más que después la culpa siempre es mía.