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Nacido para pregonar

El Fiscal | 14 de marzo de 2016 a las 5:00

Teatro de la Maestranza. Pregón de Semana Santa de Rafael González-Serna. Después es la comida en el Alcázar. También fotos para la crónica de Diego
Hay gente que hace del Pregón el objetivo de su vida. Hay gente ungida con la gracia de hacer vibrar a los demás. Hay gente que se vuelve loca en un atril, tocando la guitarra, oyendo flamenco, viendo torear, poniéndose delante de un toro o haciendo llorar al respetable al recitar un poema. Este Rafael González Serna vivió ayer el día más ilusionante de su vida. Con una métrica habilidosa, efectista y que no soportaría los controles de calidad de los más expertos literatos, consiguió lo que otros no han logrado –y siempre habían soñado– pese a ser mejores escritores y hasta mejores declamadores. Rafael González Serna triunfó. Y otros mejores que él no triunfaron.
–Eso es así, oiga.
–Lo sé.
¿Por qué es así? Porque este pregonero ofreció a los pájaros el alpiste que los pájaros quieren. Pío, pío. Salieron citadas todas las cofradías y hasta muy bien paradas las vísperas. Salieron las vivencias personales, las luchas contra las adversidades, la memoria del padre fallecido, la fe fortalecida. Salieron contentos los curas y salieron alegres los cofrades. A mi, al menos, no se me ocurrirá leer el Pregón, porque nunca me he leído uno por la sencilla razón de que el Pregón, en todo caso, es para oírlo (algunos, tal vez muchos, son para sufrirlos) y no para leerlo. Pregón que hay leer es como artículo de prensa cuyo sentido hay que explicar en las redes sociales: malo. Algo se ha hecho mal.
¿Y qué me dicen del concejal Cabrera? Ni en los mejores tiempos de Fernández Floranes, aquel concejal socialista que hacía unas pedazos de presentaciones de pregoneros, se había vivo algo parecido en un político de izquierdas. Menudo grado de compromiso. Cabrera estuvo sembraíto. Habló de la Esperanza, de la fe, de los cristianos, de la caridad… Sin complejos, como el PSOE grande de los años de Felipe. El público lo premió con un larguísimo aplauso. Se ha ganado a la Sevilla Eterna. Y eso es una garantía para un alcalde apuntalado por una izquierda que es más pueril que radical. Ahora falta que se curre lo de la Madrugada, que no salgamos corriendo otro año más.
–¿Y a usted le gustó el Pregón, Fiscal? No lo dice.
–A mi me gusta la melva, como a Juan Ignacio.

Se trata de vibrar

Debate de altura: ¿cuándo un pregón es bueno y cuándo es malo? Esto es como enfrentar viejas posturas. ¿Melva o caballa? ¿Velador o taburete alto? ¿Arenas o Juan Ignacio? Según los últimos estudios de universidades norteamericanas con impacto en revistas científicas de alto nivel y de títulos impronunciables, el pregón bueno es el que hace vibrar al público. Así, sin más. El que pone en pie al personal y hace aflorar los pañuelos para secar las lágrimas o para pedir un trofeo como en la plaza de los toros. Y el malo es aquel que provoca una ratio de 93 movimientos de culo en el asiento por cada cuarto de hora. El público se lo pasó en grande, con vítores espontáneos y olés. A los amantes del género pregoneril, lo de ayer le supo a torrija y los alejó de los pestiños acostumbrados. Buzón sigue pesando en el fondo y en las formas seis décadas después. Eso es innegable. Y los norteamericanos también lo analizan en sus sesudos estudios. Don Antonio vive en la inmesa mayoría de los pregoneros. ¿Por qué triunfó Serna? Porque hizo vibrar al público, lo mantuvo en vilo hasta el final, generó momentos de humor, como Javierre en 1993; y supo tratar sus particulares cuestiones de salud con la sutileza y habilidad necesarias para decir lo que quería decir sin querer sacar partido extra. Si a usted le gustan los pregones, ayer tuvo un buen día. Vibraría. Que es de lo que se trata.

Lo mejor
¡Qué alivio! Se acabó la paliza de aguantar a los que te iban desvelando los secretos del Pregón, aquellos que se sabían un trocito y te daban la brasa, que presumían de ser mozos de espadas del pregonero… ¡Este hombre ha tenido más asesores que la Junta si nos fiamos de todos los que han sacado pecho vendiendo su cercanía con el orador! Por fin nos quedaremos tranquilos.

Lo menos bueno
La música, bien. La mano de Marvizón garantiza calidad, chispa, compás y armonía. Pero la Marcha Real al inicio del Pregón nos sobró. Eso de las autoridades levantándose de forma repentina… También nos sobraron algunos pasajes leídos en voz demasiado alta. Nos gustó más el González Serna de tono bajo. La buena melva se defiende sola (sin mayonesa) y los buenos pregones no requieren de chillíos. Pero, oiga, era su pregón, su día de felicidad y no seremos nosotros los que dejemos de insistir en su incontestable triunfo.

Lo sobrante
La legión de agradaores…. Que desaparecerán como las tumbonas de playa en octubre.

Lo llamativo
¡El pregonero le ha dicho a la gente que hay que ir más a misa! Don Juan José, feliz.

¡Qué guapa!
Al lío que ya está la Canina en su paso. Y eso es importante. ¿Saben de dónde vienen las yedras y cardos que adornan su paso? Tachín, tachín. Del cortijo de Ceniz, propiedad de la familia Domínguez, en el término municipal de Chucena. Pues pronto la veremos con todos sus avíos.