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Las cinco horas clave en el Aero

El Fiscal | 15 de octubre de 2009 a las 14:12

FINALES DE AGOSTO.
Bajo de Guía. En un velador toman café el delegado de Urbanismo, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, y el ex delegado del Gobierno de la Junta en Sevilla, Demetrio Pérez. En un momento concreto se incorpora a la reunión el abogado Joaquín Moeckel. Sabido es que nadie se puede mover por Sanlúcar de Barrameda ni por el barrio del Arenal sin que el intrépido letrado se entere, pues son las dos áreas geográficas que componen sus dominios. Los tres departen hasta la caída de la tarde, cuando Gómez de Celis decide regresar a Sevilla para seguir con sus ruedas de prensa agosteñas para mantener firme el pulso político del gobierno. De aquella charla salió un compromiso para abordar en firme el asunto tan complejo y delicado de la seguridad en la carrera oficial, sobre todo tras el dictamen demoledor del secretario municipal, Luis Enrique Flores, que advierte de las irregularidades y riesgos del recorrido. El informe ata de manos a Gómez de Celis, que ya no podrá otorgar la licencia de ocupación de la vía pública para la Semana Santa de 2010 si no se le presentan los planos visados y un rosario de medidas para potenciar la seguridad de unas parcelas que acogen a casi 30.000 almas durante una semana.

FINALES DE SEPTIEMBRE.
Avenida de la Constitución. Salón de la pecera del Aeroclub, la entidad donde dicen que se elegían los alcaldes de la Sevilla en blanco y negro. Algunos minutos antes de las 14:30. Joaquín Moeckel y el presidente del Consejo, Adolfo Arenas, acceden a las selectas dependencias. Hay una mesa reservada para cuatro comensales. Uno de los camareros advierte a Arenas de la necesidad de lucir corbata. Le exhibe un muestrario y el veterano abogado elige una. A los pocos minutos comparecen Alfonso Rodríguez Gómez de Celis y el gerente de Urbanismo, Miguel Ángel Millán, que presume de su condición de nuevo hermano del Baratillo, cofradía en la que ha ingresado con la firma del propio Moeckel como aval.

COMIENZA LA COMIDA.
Capotes al viento en la charla de inicio antes de que salga el morlaco de la carrera oficial. Los contertulios rompen el hielo abordando el recurrente tema de si los políticos tienen que asumir el cien por cien la posición de sus partidos sobre los temas de actualidad. Arenas se muestra como un hombre viajado, un liberal próximo a los postulados de la democracia cristiana y un buen conocedor de la cultura británica por sus cinco años de residencia en Londres. Por los ventanales opacos de la Avenida entra la luz. Los comensales pueden ver a los viandantes sin ser vistos. He ahí el gran atractivo de la pecera del Aero. Ni son vistos por el público, ni lo son por los propios socios del club. Moeckel escucha atentamente los primeros lances. Difícilmente aceptaría él la disciplina férrea de partido. Celis se revela como un animal político, sacando más información de la que aporta. Y Millán hace de perfecto gerente que cuenta ya con la suficiente confianza tanto con Moeckel como con Arenas. El camarero toma la comanda: gazpacho de primero para todos, con taquitos de jamón y pan frito optativos. De segundo, huevos fritos con patatas y jamón para Celis y Moeckel. Arenas y Millán prefieren tortilla. Rioja Viña Ardanza para regar la comida. Y agua mineral, pero sin gas, que suficientes burbujas pone ya Torrijos…

CELIS ROMPE.
“Esto hay que arreglarlo”. En diciembre se ultima el proceso de renovación de abonos de palcos y asientos y el Ayuntamiento quiere tener ya semejante patata caliente sacada del horno. El delegado de Urbanismo se presenta en todo momento como el miembro del gobierno que tiene encomendada la gestión de un asunto muy feo y del que los socios de IU han hecho bandera política de forma tan legítima como oportunista. Arenas da cuenta de la tortilla mientras deja clara la “barbaridad” que supone aplicar el Reglamento de Policía de Espectáculos Públicos y Actividades de 1982 a la carrera oficial de Semana Santa, la normativa autonómica en la que se basa el informe del secretario municipal. “Entiendo que ese reglamento no nos afecta, Alfonso. Aplicarlo a la carrera oficial es algo que en el Consejo repugna”. Gómez de Celis hace una lectura general, trata de limar las aristas del asunto, reduce la gravedad del tema y explica que si el gobierno municipal fuera cómodo o pusilánime apostaría por posiciones estáticas para evitar polémicas. Exige que el Consejo de Cofradías entregue los planos de la carrera oficial debidamente visados y que se ofrezcan soluciones para cumplir con las directrices de seguridad. Moeckel y Arenas desarrollan la teoría de los cuatro tramos, la que se presume como la solución final al problema. Consiste en no tratar de forma unitaria la carrera oficial (los 1.250 metros que hay entre la Campana y la Plaza de la Virgen de los Reyes) sino dividida en cuatro tramos (Campana, Sierpes, Avenida y Plaza) a afectos de la planificación de la seguridad. La cifra de espectadores cambia así sustancialmente. No es lo mismo abordar la tramitación de una licencia de ocupación de la vía pública para 28.000 espectadores que para 7.000. Los comensales abordan detalles como la necesidad de no romper núcleos familiares en un posible plan de reubicación de abonados. El Consejo no quiere perder ni un asiento. Celis solicita que la teoría de los cuatro tramos se plasme en un informe oficial. Dirige la mirada a Moeckel. Arenas comenta que el catedrático de Derecho Administrativo, Alfonso Pérez Moreno, ya prepara un dictamen al respecto. La normativa aplicable a la carrera oficial sería otra muy distinta por “analogía” con otros acontecimientos públicos. Curiosamente, Pérez Moreno es el maestro de Luis Enrique Flores, el secretario municipal que ha puesto contra las cuerdas el modelo de carrera oficial. Pérez Moreno es también el abogado que ha logrado la victoria judicial de la Macarena frente a la decisión del Gobierno de ZP de retirar la millonaria subvención para las obras de ampliación del museo concedida por el entonces vicepresidente del Gobierno, Javier Arenas. Ninguna de las partes quiere mentar la palabra pleito. A ninguno le interesa. Pero cada parte ha asomado la punta de los cañones.

DE POSTRE, HELADO.
Celis y Millán se relajan. Los comensales ven la luz al final del túnel tras un agosto duro de declaraciones, amenazas y dimes y diretes. Arenas se compromete a que el Consejo de Cofradías visará los planos en el Colegio de Arquitectos. También adjuntará a la petición de licencia de ocupación de la vía pública para 2010 un informe propio sobre la seguridad de la carrera oficial. Se trata de un documento que está elaborando un estudio de ingenieros especializado en riesgos en grandes acontecimientos. El Consejo quiere que las inquietudes de seguridad no se limiten a la carrera oficial, sino también a los alrededores. El presidente recuerda que desde 1874 no se ha producido ningún altercado grave en la carrera oficial, y que lo realmente importante es que los pasillos de evacuación “cumplan su finalidad” y no estén ocupados por carritos, sillas mal colocadas o público de pie. Los comensales quedan en hacer los deberes, una vez que la hoja de ruta ha quedado marcada.

LARGA SOBREMESA.
La reunión se prolonga hasta pasadas las ocho de la tarde con el tañido del tranvía de fondo cada pocos minutos. Millán cuenta que las subvenciones del urbanismo morado se gestionarán a partir de ahora entre la Gerencia de Urbanismo y el Consejo de Cofradías de forma directa y en virtud de un convenio de próxima firma. Las hermandades tendrán que llamar necesariamente a las puertas del Consejo para sacar tajada de las arcas de la Isla de la Cartuja, lo que refuerza la posición del presidente Arenas. Tras cinco horas en el Aero, las partes abandonan el salón de la pecera con la convicción de que la solución a la carrera oficial de 2010 no será drástica. Sobre la mesa queda la jarra de agua y varios vasos. No hubo copas de balón. También queda la sensación de que la mediación de Moeckel, recogiendo el espíritu de Bajo de Guía, ha sido clave. El hombre que fue vetado para delegado de la Madrugada se ha mostrado mucho más decisivo como ministro sin cartera. Y eso que hubo quien lo cuestionó por carecer del perfil necesario. Dios le conserve a alguno, por lo menos, el oído.

DETALLE DE CABALLERO.
Arenas se marcha aliviado y satisfecho. Devuelve la corbata al amable camarero. Cae en la cuenta de lo difícil que es sorprenderle a él un día laborable sin media etiqueta, pero el fuerte calor de San Miguel y la repentina convocatoria
le pillaron con el cuello aliviado. Echa mano del teléfono mientras retorna a su despacho en la Campana e informa de los acuerdos oficiosos a la delegada de Fiestas Mayores, Rosamar Prieto-Castro. Al entrar en su despacho y saludar a la secretaria se topa con una inscripción latina en el muro: Verba volant scriptamanent…