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El error de Zapatero

El Fiscal | 16 de mayo de 2016 a las 5:00

Basílica de la Macarena.. entrevista (serie Plaza Nueva) con Manolo García, ex concejal y hermano mayor de la Macarena. por favor, hacer también una foto del Pilatos del paso del Sentencia para páginas de Cuaresma.
FUE una subvención tramitada por un ministro como Arenas, hermano de la cofradía y habitual del atrio en los días gloriosos de su carrera política, más larga que San Bernardo y con más curvas que la A-92.

–Pero ahí sigue el tío.
–Y tanto que sigue.

Fue una subvención de más de un millón de euros con cargo al uno por ciento cultural que se destina a la conservación del patrimonio histórico. El consejo de ministros presidido por José María Aznar aprobó beneficiar a la Hermandad de la Macarena con una ayuda estatal para las obras de remodelación y modernización de la basílica, incluido su acondicionamiento para el acceso a minusválidos y la apertura de un museo que es hoy un lugar que recibe a miles de visitantes. Sí, es cierto que hubo quienes desde su complejo y desde su prejuicio sin cura, criticaron aquella subvención por el mero hecho de ser concedida a una asociación pública de la Iglesia Católica. Vino el 11-M, que dejó a Rajoy con la miel de la Moncloa en los labios, y alcanzó el poder quien jamás imaginó llegar a tan alta cota. Entre las primeras decisiones de Zapatero figuró la de no cumplir aquel acuerdo del consejo de ministros. Quiso darle a su ejecutivo y al PSOE el innecesario y rancio barniz anticlerical. Dejó a la Macarena sin su subvención, legalmente concedida. La hermandad buscó asesoramiento legal y decidió interponer el recurso precetivo. Pasaron los años y hubo sentencia favorable gracias a un recurso redactado por Alfonso Pérez Moreno, catedrático de Derecho Administrativo. El dinero llegó y las obras se hicieron mientras la hermandad continuaba y continúa con su ingente labor de caridad, y sin que en ningún momento dejara de recibir la visita de políticos socialistas de la ciudad, habituales de las ceremonias de bajada de la Virgen para su besamanos y antes de Semana Santa. Pérez Moreno solicitó hace poco tiempo el pago de los intereses, pues una decisión de Zapatero declarada injusta perjudicó los intereses de la corporación. Nada menos que 300.000 euros correspondían a la cofradía por los años que fue privada de los 1,1 millones de euros concedidos de forma legal. La cacicada de aquel gobierno de cejas altas ha costado a las arcas del Estado –que no se olvide que es la de todos los españoles– cincuenta millones de las antiguas pesetas.

Zapatero representa para muchos el peor período de la historia de la democracia española. Sólo acertó al quitar el tabaco de los centros públicos y recintos de trabajo. Ydicen que en la creación de la Unidad Militar de Emergencias. Comenzó su primer mandato buscando la bronca con la Iglesia española dirigida por Rouco para acabar tomando calditos en la Nunciatura, ¿recuerdan? Manuel García, que participó en Madrid en la tramitación de aquella subvención, es hoy el hermano mayor. Recuperó el dinero. Ycon propina.

Sevilla, ciudad púrpura

El Fiscal | 7 de septiembre de 2014 a las 5:00

CARDENALES
El Papa ha movido ficha en el tablero del episcopado español. El salmantino Carlos Osoro en sustitución del polémico Rouco Varela. Y Cañizares, hermano de Los Estudiantes, que estaba en la curia romana, retorna a España para ocupar la sede de su tierra valenciana. A Cañizares, por cierto, le han sacado ahora una foto de 2007 en la que aparece revestido con la capa magna que antaño usaban los cardenales, un hábito absolutamente en desuso que le hace aparecer fuera de la órbita de un Papa que sólo usa una sencilla cruz pectoral de plata y que sigue viviendo en la residencia de Santa Marta en lugar de en los aposentos reservados para el pontífice. La foto de Cañizares, un hombre afable, culto y de puertas abiertas, es demoledora para la imagen de quien fue primado de España.
¿Cómo queda Sevilla en esta nueva composición? ¿Tiene monseñor Asenjo posibilidades de ser cardenal en breve? Lo primero es que quienes ingenuamente veían a monseñor Asenjo en Madrid ya se han caído del caballo. Ni él contemplaba tal posibilidad, ni existían factores que indujeran a pensarla. Don Juan José sabe mejor que nadie que Sevilla es parada y fin de trayecto en condiciones normales, como son las suyas, por mucho que oscile entre el enojo y la actitud taciturna por las cuitas que sufre como gobernante de la diócesis. Lo segundo es que su gran mentor, monseñor Rouco, lleva amortizado desde la lluviosa noche en que un argentino salió de blanco al balcón principal de San Pedro. Asenjo, aun no contando ya con la fuerza de Rouco, goza de una consideración importante en el episcopado español. Desde marzo forma parte del comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal, de la que en tiempos fue secretario general con una eficaz gestión de la visita del Papa Juan Pablo II a Madrid en mayo de 2003. Una eficacia basada fundamentalmente en que aquel viaje le salió prácticamente gratis a la Conferencia Episcopal por el éxito en la obtención de los necesarios apoyos económicos. El Gobierno de Aznar condecoró al Nuncio Monteiro, al cardenal Rouco y al obispo Asenjo con la Gran Cruz de Isabel la Católica por la organización del viaje.
Osoro tendrá que ser cardenal. Se da por hecho que todo arzobispo de Madrid lo es. Las megápolis han ganado en peso pastoral a las sedes históricas. Ocurre que a Rouco, nacido en 1936, le quedan aún dos años como elector, una circunstancia que podría ralentizar el purpurado de Osoro. No se olvide nunca que al Papa le queda aún un segundo movimiento clave: la elección del arzobispo de Barcelona. En esta ocasión entran en juego factores relacionados con la geopolítica pastoral. No cualquiera puede ser el prelado de Barcelona, y menos aún con el ambiente caldeado por la convocatoria de un referéndum con clara vocación separatista fijado para el 9 de noviembre. Con Martínez Sistach, de la quinta del 37, ocurre como con Rouco. Tiene aún cuerda (tres años) como cardenal elector. El sucesor de Sistach también tendrá que ser necesariamente nombrado cardenal (en caso de que no lo fuera ya).
Ahora mismo hay cuatro cardenales españoles electores (Santos Abril, Rouco, Cañizares y Martínez Sistach). Si el Papa nombra cardenales a los nuevos arzobispos de Madrid y Barcelona antes de que Rouco y Sistach cumplan los 80, España puede contar hasta con seis electores, por lo que es previsible que haya que esperar a las jubilaciones como electores de ambos, o al menos de Rouco.
Toledo es otra diócesis con fuerte tradición cardenalicia. De hecho tiene un cardenal emérito, monseñor Álvarez, nacido en 1925. Aunque en Roma ya no cotiza tanto lo de ser la archidiócesis primada de España, el actual prelado, Braulio Rodríguez Plaza, deberá acceder también al cardenalato más pronto que tarde al igual que sus antecesores, caso de Cañizares, el propio Álvarez, Marcelo González y no digamos el célebre cardenal de la Transición, Vicente Enrique Tarancón.
En el caso de Sevilla aún pesa la figura del cardenal Amigo, al que en toda España se asocia indisolublemente con la capital andaluza. La identificación es plena, en buena parte por sus habituales comparecencias en los medios de comunicación. No es elector en un cónclave desde que el pasado 23 de agosto cumplió los 80 años, lo que beneficia las posibilidades de monseñor Asenjo de ser cardenal, pero Don Carlos mantiene una agenda intensa de viajes y apariciones públicas que no permiten intuir ningún interés por enclaustrarse en ningún convento franciscano. Su figura se percibe todavía muy viva, pese a la reciente intervención quirúrgica. Y Sevilla, al menos por ahora, no es una diócesis a la que Roma vaya a conceder el privilegio de tener dos cardenales, por mucho que uno no tenga ya acceso a la Capilla Sixtina. Sevilla no es Madrid ni Barcelona. Y estamos en la misma tesitura que Toledo, con dos cardenales eméritos y dos arzobispos en activo a la espera de serlo, por lo que el Papa podría meditar entre conceder ese privilegio a una diócesis sí y no a la otra.
7ª CONGRAGACION DE CARDENALES EN EL VATICANO
La arquitectura del peso de la diócesis sevillana sólo descansa sobre el pilar de la historia y, si cabe, por el peculiar estilo de gobierno que imprima el ordinario del lugar. Roma hizo esperar a Don Carlos nada menos que 21 años desde que fue nombrado arzobispo de Sevilla en 1982, una designación en la que fue determinante Don Juan de Borbón. El padre del Rey Juan Carlos fue clave para que la Nunciatura se fijara en aquel joven obispo de Tánger y le concediera un salto inusitado en una carrera eclesiástica. Y casi treinta años después tuvo que soportar que su renuncia fuera aceptada de inmediato al cumplir los 75 años, lo que no ha ocurrido ni con el polémico Rouco ni con el hábil Martínez Sistach, a los que aún se les permite una prórroga en señal de respeto y reconocimiento. Incluso todo apunta a que con Rouco se va a tener el detalle de esperar a que cumpla los veinte años como arzobispo de Madrid. Está visto que el lenguaje más claro de la Iglesia es la medición de los tiempos. Se ve con claridad en las prórrogas, cicateras o generosas, como se ve en la demora para nombrar prelado para la diócesis catalana.
A monseñor Asenjo le quedan seis años como arzobispo de Sevilla antes de presentar su renuncia obligada al Papa. De los 124 arzobispos que ha tenido Sevilla, 35 han sido cardenales antes, durante o después de presidir la diócesis hispalense. Incluso uno, Rodrigo de Borja, llegó a Papa y gobernó la Iglesia universal como Alejandro VI. Desde que en el siglo XIII los Papas designan cardenales de fuera de Roma, el 47,29 % de los arzobispos de Sevilla han recibido el capelo. Y desde el siglo XIX todos los arzobispos de Sevilla han llegado a ser cardenales, aunque no todos desde el comienzo de su pontificado. Alguno solo en el último año del desempeño del cargo.
Es cierto que las ciudades como tales no tienen derechos cardenalicios. El cardenalato es un peculiar título y oficio eclesial que el Papa concede a personas, no a una urbe o diócesis en particular. También lo es que los Papas van modificando la configuración del Colegio cardenalicio en función de criterios cambiantes con los tiempos. Incluso se nombran cardenales mayores de ochenta años, como ha ocurrido, entre otros, con el arzobispo emérito de Pamplona, Fernando Sebastián, que vive su retiro en la residencia sacerdotal de Málaga y con el que el Papa Francisco ha querido tener ese detalle.
No cabe duda, además, de que quien llega a cardenal es porque ha tenido cantores de sus hazañas, padrinos, mentores y apoyos hasta de los gobiernos, tejidos éstos últimos en la influyente embajada de España ante la Santa Sede. Basta recordar las memorias confesables del recientemente fallecido Carlos Abella y Ramallo, gentilhombre de Su Santidad y hasta 2004 embajador en el Palacio de España en Roma, en las que detalla los movimientos previos para colocar nuevos cardenales españoles, entre ellos los ocurridos con motivo del consistorio de octubre de 2003 del que salieron elegidos cardenales monseñor Amigo y el cordobés Herranz, también jubilado. Que haya hueco y que haya apoyos con fuerza serán claves para que Don Juan José renueve una tradición ligada a la ciudad desde hace doscientos años. Don Carlos esperó más de dos décadas por falta de padrinos y así pagó el precio de su independencia y de su cierto desdén para con el aparato de poder que representa la Conferencia Episcopal. Por dos veces durmió Juan Pablo II en el Palacio Arzobispal de Sevilla (1982 y 1993) y ni por esas se alivió la espera.
Ahora no hay que olvidar que Rouco ya no está en la pomada. Y otro español con fuerza, Don Juan del Río, está como arzobispo castrense con línea directa con la Casa Real, es también miembro de la comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal y goza de indudable sintonía con los nuevos tiempos de la Iglesia. Sin olvidar que Santiago de Compostela también ha tenido cardenales en alguna ocasión. Las opciones de monseñor Asenjo para ser cardenal no tienen muchos años de margen. Y Toledo puede cruzarse en el camino.

El concordato andaluz

El Fiscal | 27 de octubre de 2013 a las 5:00

asenjo y díaz
Ni dos semanas hace del largo encuentro en ese domicilio privado. La presidenta de la Junta, la trianera y capillita Susana Díaz, ha querido con buen tino que en su ronda inicial de contactos se cuide especialmente a la Iglesia, quizás para potenciar una relación que ha podido estar algo descuidada en una etapa anterior. Lo ha hecho con otros interlocutores sociales y empresariales andaluces, ¿por qué no con el arzobispo de la capital de Andalucía? El primer encuentro se celebró en el domicilio particular de un tercero que hizo de anfitrión para romper el hielo. La presidenta estuvo la mar de a gusto, hasta el punto que el mediodía era un vago recuerdo cuando acabó la reunión. Monseñor Asenjo tiene mucho tacto en el trato con políticos socialistas. Hace años compartió mesa y mantel con el mismísimo José Luis Rodríguez Zapatero. Y en Andalucía no hay más que preguntarle al ex vicesecretario general del PSOE andaluz, el cordobés Rafael Velasco, por lo bien que se llevan, una relación de afecto que ha cristalizado en ceremonias familiares que ha presidido don Juan José en alguna ocasión. O preguntarle al ex alcalde de Palma del Río, el histórico del socialismo cordobés Salvador Blanco, con el que compartió afición por la caza menor. Y con el propio Griñán siempre se ha llevado bien. Con él pactó el ascenso de Gómez Sierra como presidente de Cajasur.

Tras el primer encuentro privado, la presidenta quiso que el contacto con monseñor Asenjo pasara de su agenda particular a la institucional. Por eso recibió al arzobispo en el Palacio de San Telmo, el edificio que un día fue seminario metropolitano y que en algunos tramos parece un hotel minimalista y oscuro. El actual arzobispo de Sevilla no es todavía cardenal, pero es una pieza clave en el organigrama del episcopado andaluz. Una relación fluida entre la Junta y la Iglesia ha dado siempre importantes frutos para la diócesis, no digamos si está basada en relaciones personales de cordialidad contrastada, como ocurrió con el buen entendimiento entre Manuel Chaves y monseñor Amigo, cuando la Administración autonómica restauró una gran cantidad de templos (San Isidoro, San Julián, San Vicente, San Román, etcétera). Aquellos años funcionó incluso una comisión mixta entre la Junta y el Arzobispado de Sevilla de la que mucho sabe don José Luis Peinado, el que para muchos sigue siendo el párroco de San Isidoro pese a su jubilación. Con Peinado ocurre como con Soledad Becerril, a la que catorce años después le siguen diciendo alcaldesa.

Para entender la fluidez de relaciones con la Iglesia por la que apuesta la presidenta, nunca hay que olvidar que Susana Díaz jura sus cargos, al contrario que la gran mayoría de sus compañeros de partido, que prefieren la fórmula de la simple promesa; es cofrade y no ha renegado nunca de su apego a la religiosidad popular. Tan es así que el coro de pelotas del partido que antes se las daba de moderno despotricando de las cofradías y del clero, repiten ahora como vuvuzelas que las hermandades son un “valor añadido”. ¡Todo sea por estar a bien con la presi! Ocurre algo similar con esos curas que lucían el niki y ahora van de clergyman para no contrariar a don Juan José. Humanos son los unos y humanos son los otros. Ya lo dijo Juvenal: Omnia Romae, cum pretio.

Materias hay de interés común para la Junta y la Iglesia, desde la conservación del patrimonio histórico (en el que la Junta tiene la obligación subsidiaria de conservación) a la situación de fundaciones ahogadas por las subvenciones impagadas como es el caso de la de Forja XXI, dedicada a la promoción laboral de jóvenes. Don Juan José está muy preocupado por esta fundación y ya ha pedido ayuda en instancias oficiales, inquieto por la sede de esta fundación en Palmete, en desuso por la carencia de talleres para jóvenes. También le preocupa con razón su obispo auxiliar, el simpático Santiago Gómez Sierra, a quien la Audiencia Nacional confirmó este año la multa de 180.000 euros impuesta por el Banco de España por sus irregularidades en la gestión de CajaSur cuando era presidente de la entidad.

Tender puentes y no perder la interlocución siempre es recomendable. Cuando al cardenal Amigo le reprochaban lo bien que se llevaba con el poder socialista de la Junta, don Carlos se defendía: “Es que no gobierna otro partido”. Hay que hablar con el que está. Siempre.

Del déficit de eclesialidad al exceso cofradiero

El Fiscal | 16 de octubre de 2012 a las 5:00


El 12 de junio de 2010, sábado en el calendario, salió la Estrella en procesión extraordinaria por el 450 aniversario fundacional de la cofradía. Monseñor Asenjo no llegó a tiempo de presidir el pontifical porque, según explicó, una huelga encubierta de controladores aéreos retrasó el horario del vuelo que le traía a Sevilla desde la Ciudad Eterna, adonde fue a cumplir con sus obligaciones de obispo. Nada más llegar al arrabal trianero le preguntaron por el rechazo del cabildo de la Esperanza de Triana a ceder el Cristo de las Tres Caídas para el vía crucis madrileño de la JMJ, pues la jornada previa un 77% de los hermanos dio nones a la propuesta. “Ahora mismo no voy a decir nada. Acabo de llegar de Roma y estoy confuso”, acertó a decir el prelado ante una bulla que ansiaba la salida del paso de la Dolorosa trianera. Una vez concluido el período de confusión, monseñor se dolió en público de aquel rechazo. Dibujó un mundillo de cofradías con “déficit de eclesialidad” y “falto de formación”, que toma decisiones “faltas de brillantez” que lo sitúan “lejos de la Iglesia”. Aquel discurso supuso un aldabonazo, el primer encontronazo del prelado con las hermandades. Nada nuevo bajo el sol (del Plantinar o esquina con Matahacas, según se prefiera). El apurado Padre Soria buscó una solución de emergencia en su hermandad de Los Panaderos, donde el déficit era ya de otro tipo, vaya tipo… Pasaron los fastos de Rouco en Madrid y se instauró una calma chicha con algún sobresalto aislado como la desaprobación del vía crucis en Torreblanca, una de las cofradías que, por cierto, más colabora con el Fondo Común Diocesano. Pasaron los meses y monseñor fue conociendo un poco mejor a su grey, haciendo el esfuerzo de alterar sus vacaciones de Navidad para estar en el Gran Poder el Día de la Epifanía, o cambiando el descanso estival de agosto para estar con la Patrona. Ycon acierto fue delegando su presencia en Don Santiago, el simpático obispo auxiliar que lo mismo se lo encuentra uno de paseo que en el BBVA de la calle Granada… Monseñor Asenjo irrumpió el martes en la actualidad de la ciudad con una propuesta de vía crucis en la que Sevilla copia los principios fundamentales del celebrado en Madrid. No habían pasado dos horas del anuncio y monseñor Asenjo tenía a todos los hermanos mayores en actitud complaciente. Si alguna cofradía celebra ese día su función principal de instituto, no hay problema, pues habrá dispensa, que la dispensa es el instrumento por el que los curas pueden poner Digo, Diego o Don Diego (gran cafetería de Triana). Ahora todos son incentivos y dispensas. Donde había déficit, monseñor promueve el exceso. Donde había falta de brillantez, monseñor encontrará el brillo de unas cofradías que no le quepa duda de que lo harán a la perfección. Y donde había lejanía con la Iglesia, monseñor probará el calor de un acto multitudinario, con permiso de la lluvia. El vía crucis es extraordinario, naturalmente. En Torreblanca no hubo. No fue autorizado. Y en otros sitios, tampoco. Está claro que el carácter extraordinario lo decide la autoridad, eclesiástica por supuesto. Debe ser que en Palacio hay peritos que miden cuánto de extraordinario tiene un hito, fecha o conmemoración. Llega usted allí con su programa de actos como cuando se acerca a las oficinas de su seguro, mete el coche dentro para que un tío con bata le eche el vistazo a la avería y le diga si le cubre la póliza el destrozo. Pues en Palacio te miran de reojo y te dice el perito con alzacuellos: usted tiene cara de extraordinario, o no tiene cara de extraordinario. Y usted calla, no responda, ni se le ocurra hablar de lo que habría que hablar, que es de la cara que tiene alguno que no sale ni en el telediario de Mariavisión. No hace falta ser ecónomo para saber la corta distancia que puede haber entre el déficit y el exceso; entre no invitar a las cofradías a la recepción del nuevo arzobispo en una Catedral abarrotada de público a concentrar catorce imágenes de Cristo en la Avenida en plena cuaresma; entre llamarlas fuertemente al orden y basar en ellas el principal acto del Año de la Fe en Sevilla. El discurso ha pasado de un extremo a otro de tal forma que a algunos nos ha dejado como recién bajados del avión: confusos. Pero sin venir de Roma, sino del tranvía de Monteseirín y después de sortear bicicletas. La culpa ya se sabe: es de los controladores aéreos.

A Madrid le copiamos la Mahou…y el vía crucis

El Fiscal | 10 de octubre de 2012 a las 5:00


Visto lo visto, oído lo que se manda y escrito ya de casi todo, casi nos conformamos con que a las imágenes del vía crucis de Sevilla no las coloquen a lo largo de la Avenida de la Constitución en los expositores esos horrorosos del vía crucis de Madrid, que es el vía crucis original, el que organizó Rouco en la Jornada Mundial de la Juventud. Aquellos expositores eran como los fotocall que se colocan en las fiestas de los famosos. Confiamos en que, al menos, la muy novelera Sevilla cofradiera no deje que los curas le impongan la estética traída en el AVE del que manda en la Iglesia española, que bastante ha tragado el amable cofraderío local desde el primer minuto con jamarse la copia del vía crucis madrileño. Ahora resulta que Sevilla copia a Madrid en cuestiones cofradieras. ¡Toma del frasco!

-¿Pero de qué se extraña usted, Fiscal? Si cada vez hay más tontos que le llaman La Seo a la Catedral de Sevilla.
-¿Pero eso no era en Zaragoza, donde se ponen cachirulos y comen frutas con chocolate?
-Pues ya lo ve. También copiamos a Zaragoza. La Seo es a las cofradías lo que la movilidad sostenible al tráfico o la intermodalidad al transporte. Los tontos proliferan. Y no nos queda ná con oír y leer lo de las catorce imágenes cristíferas…. Sí, sí. Cris-tí-fe-ras.

Hasta ahora la Semana Santa de Sevilla se exportaba. Se decía que en determinadas localidades se sufría una sevillanización, una pérdida de la identidad local en favor de esculturas, tallas de pasos, flores y estilos procedentes de aquí. Una sevillanización evidente también en las ferias con las sevillanas tronando hasta el hartazgo en los pueblos de España. Pero ahora cambiamos a Rouco por Asenjo, el Paseo de Recoletos por la Avenida, a Ana Botella por Zoido y los sandwichs de Rodilla por los cafés de Paco Hermosilla y tenemos el vía crucis de Rouco aquí mismo, en ‘prime time’ cuaresmal. Si hasta los bares sirven ya los cubos con botellines de Mahou y las orejas de los toros de abril las piden los madrileños. De qué extrañarse.

-¿Usted sabe lo que le ocurre al que la copia, verdad?
-¿El qué?
-Ande, ande… Que se le calienta la Mahou.