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Un Pregón para los nuestros

El Fiscal | 22 de septiembre de 2018 a las 11:00

CHARO PADILLA

Cuéntanos, Charo, tu Semana Santa de bulla, de horas a las puertas de un templo aguardando -el paraguas en una mano y el micrófono en la otra- la noticia de la suspensión de una salida, de traslados apresurados de una iglesia a otra, de aglomeraciones por las que hay que moverse pidiendo paso con tiento para nos crispar los ánimos. Tu Semana Santa de siempre con tu lenguaje sencillo. Cuéntanos el próximo Domingo de Pasión la Semana Santa real, de atajos por los callejones para llegar al destino, de pleitos en las puertas para pasar al interior de una casa de hermandad, de testimonios infantiles de niños que se han quedado tres años seguidos sin salir, de mujeres del Cerro que engalanan los balcones de Afán de Ribera cada Martes Santo, te abren su casa y se confiesan contigo, te cuentan el año que han vivido, un balance con más pesares que dichas cuando se tienen las gafas de cristal gordo. Cuéntanos tu Semana Santa auténtica, conocida por vivida y amada por conocida, que solo se puede querer aquello que bien se conoce. Cuéntanos la Semana Santa de esas cofradías jóvenes que has visto crecer, testigo principal de la evolución de cortejos de escasos nazarenos, bien separadas las parejas de cirios para cubrir espacio, que hoy viven su esplendor con los nazarenos de tres en tres. Cuéntanos tu Semana Santa con el estilo de tus retransmisiones, esa narración ágil, fresca, sin volutas, familiar. Cuéntanos la Semana Santa del pueblo que está en la calle y del otro pueblo que no puede estar, pero lo está desde la mesa de camilla, el trabajo o la cama de un hospital por medio de tus narraciones.

Sé fiel al lema de la empresa familiar: Sombrerería Padilla Crespo, artículo español, jornal para los nuestros. Pues eso, Charo Padilla, que tu Pregón sea un Pregón para los nuestros, para los que nos gusta patear las calles y evitamos los balcones, para los que queremos que nos cuenten las cosas tal como las vemos, incluso en los detalles más prosaicos, para los que vivimos la Semana Santa viendo cofradías y no aprovechando las cofradías para otros fines. Cuéntanos la Semana Santa de los niños y los mayores, de las primeras mujeres de nazareno y las primeras monaguillas, del centro de la ciudad donde vives y de los barrios en los que te gusta perderte y con los que te gusta comprometerte, de los grandes cofrades y sacerdotes que pudiste conocer y tratar, la Semana Santa de la fe, el sentimiento y la memoria. Cuéntanos una Semana Santa que se ve porque se oye, que tu Pregón sea para ser oído, sobre todo oído, porque es tu voz la que esperamos oír, tus relatos de siempre, sin más adornos, sin más aditivos, el Pregón de una reportera que lleva más de 30 años a pie de bulla, el Pregón de una voz que forma parte de la Semana Santa de miles de sevillanos, el Pregón de quien también nos ha contado las noches de cuaresma: cabildos interminables, talleres de escultores de donde salen nuevos romanos, mudás y traslados de parihuelas, fogones de donde salen torrijas, ensayos de bandas a la intemperie… La Semana Santa de la calle, la de siempre con un estilo propio, la que sólo puede contar quien ha estado en los sitios. No esperamos más, no queremos menos.

Un hueco en el cartel del festival macareno

El Fiscal | 9 de septiembre de 2018 a las 5:00

Manzanares

COMO todo lo que hace la Macarena, el festival taurino del 12 de octubre está dando que hablar. Eso es bueno, buenísimo, porque ya dijimos que la Fiesta es la que sale ganando con el impulso que recibe de la cofradía, que podrá seguir adelante con sus obras de caridad con el dinero recaudado. Cuántos recibos de luces y cuántas facturas de alquiler se pagan gracias a la asistencia social de la cofradía, cuántos quites son posibles gracias a la labor de esos macarenos que atienden en privado, estudian los expedientes y dan salida a las ayudas. Ellos dan su tiempo, la hermandad el dinero y la Virgen su esperanza. Pues mañana tenemos otra cita de cara a este festival. Mañana se presenta oficialmente en la plaza de toros, con el cartel incluido de Zenaida Pablo-Romero. ¿Qué mejor que esta pintora, hermana de la cofradía, hija de una gran hermano mayor, de una familia taurina por los cuatro costados, para hacer el cartel de este festival? El cartel anunciador de un cartel de relumbrón con nada menos que Pepe Luis Vázquez, Dávila Miura (actual consiliario de la junta de gobierno y nieto de hermano mayor) y Francisco Rivera Ordóñez como figuras que reaparecen. Y que cuenta con la participación del baratillero Morante de la Puebla, José María Manzanares y Andrés Roca Rey. A última hora se ha producido la feliz incorporación del novillero Manuel Vázquez Rodríguez-Toajas, de los Vázquez de San Bernardo, nieto de Manolo Vázquez, al que siempre recordaremos acompañando al Cristo de la Salud por la umbría calle San José, junto a su inseparable Remedín, ambos haciendo de cicerones de grandes personajes. La última vez metieron a Albert Boadella en la bulla delante del paso de Cristo hasta casi la misma puerta de San Nicolás, donde estaba la representación de la Candelaria, estandarte, cuatro varas y la jubilosa fatiga en los rostros por la gloriosa jornada vivida. Hay quien se pregunta con malicia por el perfil cofradiero de José María Manzanares. Es sabido que la malicia es prima hermana de la osadía e incluso de la pereza. Basta indagar un poquito para obtener hasta un testimonio gráfico de Manzanares en la Semana Santa de Sevilla, nada menos que junto a su padre vestido de nazareno de la Trinidad, instantes antes del comienzo de la estación de penitencia un Sábado Santo.

Al hermano mayor, don José Antonio Fernández Cabrero, hay que apuntarle desde el burladero de esta página que el cartel tiene pintora macarena y hasta oficiales de junta macarenos, pero que hay algún matador de toros de la cofradía que no está incluido. ¿Por qué no está Rafael Serna, hijo de pregonero, que tomó la alternativa hace un año en la misma plaza de la Real Maestranza? Serna fue el beduino que se bajó de la carroza del Gaspar del centenario para rezar ante la Esperanza. También fue el que lució un terno inspirado en la decoración de la iglesia del Salvador. ¿De verdad no hay tiempo, mi querido hermano mayor, de reforzar aún más el cartel con este joven macareno?

Deseando estamos de vivir este festival, como vivimos el que organizó la Esperanza de Triana en el Charco de la Pava, una tarde célebre donde Paco Ojeda resucitó el parón. Deseando estamos de ver la plaza llena y la cara de felicidad de Dávila Miura. Deseando estamos de que las arcas de la cofradía se llenen (¡Va por ti, Paco Cossío!) para que se puedan seguir haciendo quites, muchos quites providenciales, benditos quites, a quienes necesitan espantar el toro de la mala suerte, del infortunio, del tropiezo o de una larga y enconada trayectoria. Y deseando estamos de que haya una nueva incorporación, la de un torero macareno que bien merece la oportunidad y el honor, porque siempre lleva a gala su condición de matador y de devoto del Señor de la Sentencia y de la Virgen de la Esperanza en una sociedad donde se quiere acabar con la fiesta y se orilla a Dios. Haga un hueco en el cartel, hermano mayor. Serna tocó pelo ayer mismo en el festejo de Utrera, a las puertas de Sevilla, por cierto junto a Pablo Aguado, otro torero con sangre cofradiera. La Virgen se lo pagará. La Virgen se lo pagará.

La gran exposición de la Soledad

Semana Santa,Sabado Santo, Hermandad de La Soledad de San Lorenzo

La Hermandad de la Soledad de San Lorenzo está organizando una exposición que se titulará Soledad, 150 años de San Miguel a San Lorenzo. Con ella conmemorará el traslado de la Hermandad y de su titular desde la parroquia de San Miguel a la de San Lorenzo, hecho ocurrido en 1868. La exposición se celebrará en las salas bajas del Ayuntamiento de Sevilla, entre los días 5 al 19 de octubre del presente año. Será oficialmente inaugurada por el alcalde, Juan Espadas en la mañana del 4 de octubre. No se trata de una exposición cofradiera al uso, sólo con enseres de la cofradía, sino de un destacado evento en el que se van a exponer esculturas, pinturas, documentos y otros recuerdos de la desaparecida parroquia de San Miguel, así como importantes obras de arte de la parroquia de San Lorenzo. Todo ello junto a un completo testimonio de la propia historia de la Hermandad de la Soledad, así como la histórica Sacramental de San Lorenzo y la de Roca-Amador con las que se fusionó. Entre las piezas que se expondrán estarán las tallas de San Lorenzo, atribuida a Martínez Montañés, y la del arcángel San Miguel, espléndida obra de Francisco de Ribas (siglo XVII), cedido por la Archicofradía de Jesús Nazareno (El Silencio), que presidía el templo desaparecido. Habrá secciones dedicadas a la historia de la Soledad, la parroquia de San Lorenzo, la Capilla Sacramental (incluyendo la talla de la Inmaculada y el sagrario), el beato Marcelo Spínola, la parroquia de San Miguel, y el paso de la Soledad, que estará expuesto acompañado de un completo estudio sobre la evolución histórica y su realización y diseño. En la exposición, además de la Hermandad de la Soledad y la parroquia de San Lorenzo, colaboran la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, la Parroquia de la Magdalena, la Archicofradía de Jesús Nazareno, la Hermandad de la Santa Caridad, las Esclavas del Divino Corazón, la Fundación CEU San Pablo y otras entidades y particulares con la cesión de diversas piezas artísticas. Los comisarios son Ramón Cañizares, José Joaquín León, Álvaro Pastor y Manuel Rodríguez.

Adiós a Eduardo Recio y Manuel Lozano, dos cofrades auténticos

El Fiscal | 3 de junio de 2018 a las 5:00

Recio

HEMOS tenido el inmenso privilegio de conocer el Silencio de Eduardo Recio, trato exquisito, saludo formal de los de antes, cuerpo enjuto, túnica añeja, formas únicas de vestir al Nazareno, señor que se ve venir de lejos y se paladea de cerca, hondo sentido del humor, y el Valle de Manuel Lozano, poeta, con tacto para todas las tareas creativas, fiel a la Anunciación, siempre con la ilusión de una mañana de Jueves Santo, un entrevistado de largas parrafadas propias de quien tenía mucho que contar. Esta semana se nos han ido dos cofrades auténticos en una Semana Santa sofisticada, dos cofrades que las nuevas generaciones deberían conocer, dos cofrades con señorío natural, lejos de imposturas, dos cofrades que hicieron de sus devociones el eje de sus vidas. Fueron católicos al sevillano modo, entendieron la sede de su hermandad como el acudidero de sus días, como el refugio cierto, como la prolongación de su casa. Yo veo hoy a Eduardo Recio levantar el esterón para entrar en San Antonio Abad, escrutar cuántas personas hay en el templo con ese gesto inicial de cierta desconfianza y sentarse, ya relajadamente, en esos bancos antiguos maravillosamente incómodos, recta la espalda y la vista al frente, a charlar en silencio con el Jesús Nazareno que siempre lo aguarda en su hornacina de oro. Lo veo llegar a San Antonio Abad en una Madrugada metida en cielos panza de burra, con el final del Jueves Santo desarbolado por el agua, y tener claro en una tertulia del patio, búcaros, cigarros y antifaces al hombro, que la cofradía del Silencio no puede permitirse hacer “ninguna tontería”. Y no se hizo. Claro que no.

Veo a Manuel Lozano escribir en la sacristía de la Anunciación, que Palomino le ha abierto a deshoras la puerta de la calle Compañía porque estaba limpiando candeleros. Lozano escribe entre cuadros de Hohenleiter, bulas papales enmarcadas, elegantes fotos de Fernand. Por allí están Lucas Maireles, Javier Mejía con la cámara de fotos, Rafael Molina fijando la fecha de la fundición de la cera, Miguel Ángel Osorno con un manojo de llaves que tintinea… Cuántas horas de hermandad y de devoción han acumulado estos dos cofrades, que nada sabrían de redes sociales, sino de vivir con coherencia su hermandad y sus devociones con la fidelidad aprendida desde niño.

Lozano se extasia mirando al Cristo de la Coronación en su último altar de cultos, cera tiniebla, clámide, faroles de plata. Va de maniguetero de la Virgen del Valle hasta el final, ayudado con un bastón. Eduardo Recio está poniéndole las potencias al Nazareno de ojos grandes, cuello erguido y mirada mansamente altiva.

Ha pasado la Semana Santa. Recio llega al cielo como un señor: trajeado y con un ramillete de azahar que asoma con gracia por el bolsillo alto de la chaqueta, símbolo de la Resurrección en la que creen los primitivos nazarenos de Sevilla, con una fe a prueba de avalanchas. Nunca tiraron a este Eduardo de figura espigada. Como el Nazareno de sus devociones. Siempre con la vista al frente.

 

Lozano

El alférez Moeckel

EN Sevilla nos hartamos de aplaudir al Ejército en la procesión del Corpus. Es una suerte de ad calorem muy necesario para la tropa en estos días que corren. Emocionante si cabe. Seguro que los soldados lo agradecen en esta nación donde tanta falta hace el fomento de la cultura de defensa. También hay otra forma de apoyar al Ejército de hoy, que es haciéndose reservista voluntario, lo que ha logrado Joaquín Moeckel, ex hermano mayor del Baratillo. Fíjense si hay vida después de ser hermano mayor, que Moeckel no ha parado desde entonces de emprender iniciativas en beneficio de la sociedad. ¿Recuerdan la restauración del Salvador, las gestiones para que los afectados de la explosión de las Letanías recuperaran su casa, o el debate sobre la normativa jurídica de las hermandades? Algunos se han sorprendido al verle de uniforme, señal de que ha superado su primer período de instrucción militar, del que saldrá con el empleo de oficial en la categoría de alférez del Ejército de Tierra, adscrito a los servicios del Cuartel General de la Fuerza Terrestre que gobierna el querido don Juan Gómez de Salazar.
Se llama compromiso. Se llama ausencia de complejos. Y se llama la fuerza del carácter, ¿verdad Félix Machuca? En tiempos de zozobra hace falta dar testimonio, ora en las hermandades, ora en el Ejército. Moeckel se aplica a sí mismo el lema de las manifestaciones: No nos mires y únete. Y se ha unido al Ejército por el que siempre ha sentido una honda emoción.
Cuando algunos se recluyen tras ser hermano mayor, otros siguen canalizando esa fuerza en la que unos ven la muestra de una sociedad civil pujante y otros la coherencia con una forma de ser. ¡Y decían que no daba el perfil para otras tareas! Menos mal, don Joaquín, porque si llega usted a darlo para otros menesteres, a lo mejor nos privamos de verle sirviendo como alférez. Y está claro que el Ejército ha salido ganando. Y la cultura de defensa.

Foto MOECKEL2

 

Impresentable
Así resulta no el número de los asistentes, sino la actitud de muchos de los que acuden a la procesión. Gafas alzadas como policías de pueblo que ponen multas, tíos de chaqué con las manos en los bolsillos, cofrades con el teléfono móvil, charletas interminables en señores ya talluditos… Oiga, que se trata de acompañar al Santísimo Sacramento. Convendría enseñar al que no sabe y corregir al desahogado.

De las novedades
Las novedades en la procesión resultaron raras. Esas lecturas con megafonía en algunos puntos del recorrido provocaron cortes en el cortejo. Y chirriaron un poco. Lo de los cánticos estuvo bien. Eso sí. Genera un ambiente propicio para una procesión eucarística.

El pertiguero
Primer golpe. Oído en la Plaza Nueva. “Lo de la calle del cardenal Amigo se ha retomado, esperemos que haya una solución satisfactoria antes del final de mandato”. Segundo golpe. Oído en el Consejo: “Qué mala cara llevaba el subdelegado del Gobierno en la procesión del Corpus. Sabría ya que la moción de censura prosperaría, ¿no? No puede haber otra explicación. Se nos va don Ricardo y perdemos el apoyo a ciertas reformas de la Semana Santa para reducir el número de nazarenos”. Él estaba muy implicado en esta iniciativa. Tercer golpe. Oído en la collación de Santa Catalina. “¿Y si nos toca el premio y tenemos un hermano ministro del Gobierno de España o delegado del Gobierno en Andalucía? Celis siguen siendo muy querido en la hermandad”. Y ciriales arriba. Oído en la Plaza del Cristo de San Agustín. “¿Sabes que uno de los hermanos más antiguos de la nómina de San Roque es ahora mismo el ex alcalde Alejandro Rojas-Marcos?”.

El lagarto de la Catedral:

“Mi querido Fiscal, ¿te fijaste  en lo nutridas que eran las representaciones de seminaristas y sacerdotes en la procesión del Corpus? Mucho hablar de los cofrades, que asisten en número insoportable, pero habría que empezar por dar ejemplo, ¿no crees?”

 

Lección sencilla de amor un Domingo de Ramos

El Fiscal | 25 de marzo de 2018 a las 5:00

Basílica de la Macarena.. La Macarena ya estará en el paso. Fotos para dar del día.

La mujer de avanzada edad tenía clavada la mirada en aquella cara con la fuerza con la que caen los cuatro zancos de un paso de misterio en la última arriá. Hundidos los zancos hasta el próximo año, fijada la mirada en su tez morena. Aquella señora comenzó a bisbisear, después elevó el tono de voz y, al final, estaba conversando con la Virgen como lo hacen dos vecinas que se tienen la una a la otra como protagonistas de su vida cotidiana, bolsas del mercado que cuelgan del antebrazo, carritos de la compra en vertical durante la parada y el rabillo del ojo centinela para evitar hurtos. A la Madre de Dios no le decía madre, la llamaba hija, cosa que sólo ocurre en esta ciudad. “Qué bonita estás, hija. Eres guapa, porque lo eres, pero hoy estás bonita, rematadamente bonita”. La cola de devotos adelantaba a la devota mientras ella seguía detenida con su locura de amor, con el ancla de sus ojos echada en la mar infinita de la Virgen. “Mañana voy a venir a verte otra vez, flor de mis días, ilusión de mis horas, ¡bonita, que estás muy bonita!”.

Esa mujer, de pronto, me miró. “Niño, ¿has visto qué guapa está?”. Yo busqué el refugio rápido de mi madre, que me tenía enseñado que no se habla con desconocidos. Mi madre fue quien atendió la amable pregunta de la señora y le ofreció una breve conversación con tacto y, con el tiempo, aprendí que lo hizo con todo el cariño. Todo ocurrió donde lo hacen las cosas grandes de la ciudad, a la vera de ese paso de palio que era el pórtico elegido durante muchos años para comenzar mis mañanas de Domingo de Ramos. Mi madre me explicó que hay personas que no tienen con quien hablar, que quizás están solas durante el día y que necesitan que alguien les ofrezca la hermosa caridad de una breve charla, el afecto de algún comentario cómplice, o una simple mirada cálida que enternezca los ojos gélidos de los que están solos porque, quizás, perdieron ya a quienes les miraban.

Yo había acudido a ese templo, como siempre, a comenzar mi Semana Santa delante de aquella Virgen, en aquella basílica por la que revolotean querubines y danzan las esmeraldas. Aprendí que aquella mujer hablaba con la Virgen porque la sociedad se había quedado sin tiempo para las personas mayores. Yo iba buscando el oro de Juan Manuel, los claveles del gozo, la candelería perfecta, los destellos del dragón. Iba buscando los ‘ochitos’ de oro de la túnica del Sentenciado, la mirada baja de Pilatos, el plumerío blanco de los rostros marciales. Yo iba buscando bordados, esplendor, belleza para comenzar a lo grande mis días grandes, la arquitectura delicada de un altar de insignias, el ambiente de júbilo de un atrio, el abrazo fraternal de las mejores horas. Y me encontré con una lección de amor inesperada. Aprendí que hay imágenes que no sólo tienen el poder de hacerte sentir vivos a los muertos por un instante, o el poder de provocar una fugaz espiritualidad en los descreídos. Hay imágenes capaces de oír, capaces de expresar ternura con la mirada. Me encontré más, mucho más de lo que yo esperaba. De aquel día sólo recuerdo que la Virgen de la Esperanza escuchó a aquella anciana, nunca dejó de mirarla, sólo tenía ojos para su rostro cuarteado, sólo tenía calor para mitigar su soledad, sólo emanaba amor para darle fuerza a sus días como una madre que amamanta a un bebé para que nunca le falte energía. Aquel Domingo de Ramos aprendí a ver a la Macarena como la Virgen que habla con quienes no tienen compañía, que regala sus ojos a quienes no reciben ni el obsequio de una mirada. Fui buscando la corona de la Esperanza, el brillo de su cruz de guía, el Niño Jesús de Nazareno, cíngulo del gracejo en su pequeña cinturita de merino y pasamanería, fui buscando la estampa de recuerdo de mi anual visita, fui buscando contar, otra vez, las esmeraldas de sus mariquillas, esos brotes verdes que alumbran el mejor regazo de Sevilla. Fui buscando la consulta curiosa a la nómina de la cofradía, quién será el más antiguo con cirio verde, por qué nunca salen bocinas. Fui buscando el abrazo de mi amigo Manolo García, el paseo por San Luis, sol de cara, adoquines y parada en alguna cafetería, pero no es hora de oloroso, no vayamos a comenzar tan pronto el día… Todo eso busqué en tu templo, en tu casa, en el calor de tu hornacina, y me di de bruces con la gran verdad escondida: tú eres quien acompaña a los que están solos en la vida, divina tertuliana de quienes cuentan ya sus días. Qué gran verdad te dijeron al nacer la Semana Santa. Qué pregón te dio aquella mujer de plaza de abasto, mercado, pescadería, qué declaración de amor, qué media verónica brotó de sus labios, filigrana de amor, requiebro oral de artesanía, qué verdades más rotundas te dice la gente sencilla, como los niños que sueltan las grandes verdades de la vida: “¡Esperanza, eres guapa, pero hoy estás bonita!”.

La palma que pide Buena Muerte

El Fiscal | 24 de marzo de 2018 a las 5:00

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HAY calles estrechas que piden pasos de palio para que sus muros besen la orfebrería de los varales, balcones que son atalayas de la emoción para lanzar saetas, plazas que se alían con la noche para acoger a una cofradía en la intimidad de su trama urbana. Hay lugares que lo tienen todo: el espacio justo, las casas, los balcones, los naranjos… Sitios hechos para cofradías preciosas. Y hasta hay palmas rizadas que piden acariciar la Buena Muerte, que parecen anunciar la llegada del Señor de los lirios morados. Hay una palma con reflejos dorados para iluminar esa tarde que se irá tornando azul, un azul Contratación. La plaza tiene la horma de la cofradía de la Universidad. Por ella pasa siempre la cofradía poblada de penitentes. Y hay una palma con fondo de colgadura de damasco rojo en una casa que es el San Onofre particular del Dios de la Universidad. Todo el año hay en ella oraciones para el Cristo de los Estudiantes.

Antonio Garrido

El Fiscal | 21 de marzo de 2018 a las 5:00

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EL humor es algo tremendamente serio. El humor es el lubricante de la vida cotidiana. El humor es fundamental en todos los ámbitos. En las cofradías, por supuesto, sobre todo porque se tiende con facilidad a un misticismo de escaparate. Los vídeos de El palermasso son la prueba evidente de que no hay tema delicado, sino enfoque desacertado. En todos los vídeos que protagoniza Antonio Garrido hay un enfoque atinado. En el último se tratan hasta las polémicas carreritas de la Madrugada de una forma que contribuye a desdramatizar los hechos, cosa que hay que agradecer. Garrido demuestra algo básico: conoce perfectamente el mundo de las cofradías. Se mete hasta la cocina. Y sale de ella triunfante. Con tanta barrila sobre la seguridad, tanta obsesión por las cámaras y tantas gaitas, los golpes de humor de Garrido son una bendición. Más golpes de palermo hacen falta.

El pregonero auténtico

El Fiscal | 18 de marzo de 2018 a las 22:00

PREGON SEMANA SANTA 2018

UNO soporta con resignación la losa de casi treinta pregones vividos en directo o con especial atención a la radio, una marca que no merece celebración alguna, más bien que se corra una discreta cortina. Por el escenario ha pasado casi de todo. De José Ignacio del Rey Tirado no diremos que es buena persona, que es casi lo peor que se puede decir de alguien en esta ciudad. Diremos cosas mejores. En cuanto supimos de su designación nos alegramos muchísimo, porque es una persona que conoce las cofradías con profundidad. Y ha contado con una enorme ventaja: su bajísimo grado de expectación. Esta circunstancia le ha beneficiado mucho. Su gran virtud es haber escrito un pregón auténtico. Y eso es de agradecer. Quien esperaba un pestiño se ha encontrado con una torrija muy dulce. El precioso pasodoble Suspiros de España sorprendió gratamente, hay que reconocerlo, pero quizás el orador anduvo excesivamente pausado en la dicción al llegar a ese pasaje. Las notas de humor fueron geniales, fundamentalmente porque así es él, y porque demostraron que se conoce al dedillo la vida interna de una hermandad y cómo una familia completa vive todo el año en torno a una cofradía. Eso sólo lo saben quienes lo han vivido, o quienes se aproximan con humildad al mundillo de las cofradías, que aquí cabemos todos, oiga. Los mensajes de actualidad, muy meritorios. Yo le agradezco personalmente la alusión a la desaparecida hamburguesería Dulio (ay, aquellos sobrecitos de patatas de los que siempre se derramaba alguna por el camino) y a la taberna El Rinconcillo. Preciosa la defensa de los monaguillos, sublime el canto a la cofradía de la Universidad y a la alianza entre la cultura y la fe. En definitiva, nada de lo oído me sorprendió conociendo la trayectoria de compromiso del orador, su afinado sentido del humor y la familia de valores en la que se ha criado.

Baltasar

El Fiscal | 8 de marzo de 2018 a las 5:00

El deseo de Baltasar 2018 se ha cumplido. Baltasar es mago de la palabra y, además del pico de oro y de otras habilidades, tiene una taberna la mar de animada en la Plaza del Salvador, en las que da gusto, mucho gusto, parar y que te invite a un dedito de oloroso (seco, por favor) con derecho a bolsa de patatas fritas. Baltasar le pidió este año un deseo al delegado de Seguridad en lo alto del escenario de entronización del Niño Jesús. Fue el pasado 3 de enero, al oído, pero con testigos: “¡Juan Carlos, por Dios! Nos vais a matar a los bares en Semana Santa con tanta orden de cierre!”. El decreto del que hoy informamos permite a Baltasar tener las mesas altas de su taberna bien desplegadas por la plaza, como los legionarios en el campo de maniobra, o replegadas junto a la pared al paso de una cofradía. Los veladores se quitan, las mesas altas como las del Salvador se quedan. El deseo de Baltasar se ha cumplido. Qué fuerza la del rey. Sevilla, blonda y mantilla.

El Penitente

El Fiscal | 2 de marzo de 2018 a las 5:00

HISTORIAS del ayer trufadas con ciertas leyendas, hechos escabrosos de la Guerra Civil, vírgenes rotas, crucificados salvados, un estilo inconfundible de mandar los pasos, una voz que persevera en la memoria de quienes aprendieron a su vera, un ramillete de cofradías que luego, así son las cosas, son mandadas por quienes fueron sus aprendices. El mítico capataz es El Penitente para quienes lo conocieron. Y simplemente “Salvadó” para los que trabajaron con él. Por supuesto que se merece una calle quien sigue estando muy presente en la vida de las cofradías, no sólo en las fotografías en sepia de Martín Cartaya. Hoy tal vez se llevaría las manos a la cabeza con tanto preparador físico, tanto nutricionista, tanto costal ceñido a los ojos y tanto reglamentismo. El Penitente mandaba. Y punto. En los años de dureza no había fisioterapeutas. Se sabía sufrir.

Los 25 años de Zoido en la Costanilla

El Fiscal | 4 de febrero de 2018 a las 5:00

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La letra pequeña de los boletines encierra a veces los secretos más hermosos de la vida interior de una cofradía. Por esa letra de tamaño mínimo nos enteramos de que Juan Ignacio Zoido Álvarez, ministro del Interior, recibe este año el homenaje de San Isidoro por sus 25 años de fidelidad a la cofradía. El hoy ministro del Interior ingresó en la cofradía de la Costanilla al mismo tiempo que dos de sus hijos. Llegó hasta ella por influencia de varios amigos: el notario Jose Manuel Montes Romero-Camacho, oriundo de Fregenal y compañero de promoción en la Facultad de Derecho; Fernando López Carrasco, David Moreno, el inolvidable Daniel Jimenez Quirós, Antonio Feria, etcétera. También influyeron unos primos hermanos de su madre que vivían en la collación y que siempre le hablaban del último ruan de la Semana Santa: San Isidoro, la cofradía que entonces tenía a Pedro Peinado como hermano mayor y a su primo hermano José Luis como director espiritual. La comunión general de la solemne novena celebrada en honor del Señor de las Tres Caídas de aquel 1993 se celebró el 14 de febrero. A los participantes se les repartió una estampa con la oración al Cristo. San Isidoro –cofradía que hay que ver varias veces en la tarde del Viernes Santo y siempre parecen pocas– es la hermandad que, curiosamente, reúne a magistrados, notarios, jueces, abogados, y fiscales. Fue inscrita en el Registro de Entidades Religiosas siendo Zoido el director de Relaciones con la Justicia. Estas bodas de plata generan en el ministro los mejores recuerdos. Seguro.

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La mejor versión de la Semana Santa

No podremos dejar a nuestros hijos una Madrugada mejor de la que recibimos, una Semana Santa más hermosa de la que nos fue legada, pero sí podremos regalarles las películas que Carlos Colón y Carlos Valera han hecho sobre la Macarena, el Gran Poder, el Silencio, el Calvario… Ambos enseñan una Semana Santa literalmente de cine a quienes quieran mirarla sin prejuicios, limpios de corazón y con verdadero interés por captar las claves de una fiesta que –nunca nos cansaremos de repetirlo– tiene sus cimientos en la fe, la memoria que honra a quienes nos precedieron y el sentimiento. La última producción, Amargura, es un trabajo exquisito que aborda la historia de la cofradía de San Juan de la Palma y, lo que es más importante, explica cuál es su significado (profundo) en el contexto de hoy, marcado por las visiones triviales, superficiales y tan osadas que son capaces de celebrar una Semana Santa sin Dios. Al ver Amargura podrán disfrutar de imágenes en sepia del barrio de la Feria, de planos inéditos de la cofradía en la calle, de  las imágenes de los nazarenos camino del templo (no hay pregón más hermoso que esas blancas figuras acercándose a San Juan de la Palma) y, sobre todo, de  unas secuencias de verdadero impacto que exhiben el momento en que son descubiertas las figuras secundarias del paso de misterio. Esta película, como las anteriores, es una nueva muestra de amor a la Semana Santa, un servicio que se presta a la fiesta más hermosa de la ciudad que nunca se agradecerá lo suficiente. En tiempos de confusión, de polémicas estériles, de un frikismo galopante, de advenedizos desembarcados en todas las parcelas y de avalanchas callejeras que tienen amenazada la Madrugada, esta película nos reencuentra con la mejor versión de la Semana Santa. Una delicia, una exquisitez, una invitación a la reflexión, una lección sobre la importancia de una cofradía en una sociedad sin valores.

ROGELIO GOMEZ.

Los 75 años de la tienda de Trifón

¿Nadie se va a acordar de tener un detalle por los 75 años de apertura de la tienda de Trifón? Esta ciudad tan dada a las efemérides ha dejado escapar una de las buenas. ¿Cuántos establecimientos hay más antiguos que La Flor de Toranzo en la Plaza Nueva y sus alrededores? La taberna de Trifón tiene más solera que muchas cofradías. Y su dueño, el muy baratillero Rogelio, no ha dicho esta boca es mía, ni ha sacado un cartel, ni ha exhibido más veladores de la cuenta como señal de poder. Trifón es historia del centro de la ciudad. Y es estilo propio. En tiempos en que los negocios son de quita y pon y, por supuesto, carecen de valor añadido al funcionar con el régimen de las franquicias, esta taberna bien merece un gesto, ¿no Juan Espadas? Quede dicho aquí y ahora. Usted tiene la palabra, don Juan. Otros, con mucho menos, tienen hasta una… ¡Pararse ahí!

 

¿Todos asegurados?
Atención, pregunta. ¿Cabe la posibilidad de que una cofradía contrate un seguro de responsabilidad civil para tener protegidos a todos los miembros de su cortejo en caso de avalanchas o cualquier otro tipo de suceso callejero? Huuuuum… Existe ya el seguro específico para los costaleros. Otra pregunta. ¿Veremos papeletas de sitio en las que se advierta de la posibilidad de incidentes durante la estación de penitencia y no los tradicionales avisos sobre el color de los calcentines, el tipo de hebilla o la obligación de ir mirando al frente? Huuuum… Al tiempo. José Antonio Fernández Cabrero, por cierto, es un experto en seguros.

La Redención
El viernes se celebra la VII Gala Cultural Olivo de Plata, dedicada a Andex, la asociación de niños con cáncer. El Olivo de Plata será este año para el doctor José Pérez Bernal. La cita es en la Sala Joaquín Turina a las 20:30 horas.

Los viernes de Asenjo
Parece que el arzobispo se ha abonado a dar buenas nuevas los viernes por la tarde. Hace poco anunció la coronación pontificia de la Virgen de los Ángeles, de Los Negritos, y antes de ayer la procesión de gloria de la Virgen de los Dolores, del Cerro del Águila. Si a esto se suma el impulso episcopal a una nueva salida extraordinaria del Gran Poder en 2020, podemos afirmar que se consolida un ciclo en el que el prelado se siente no sólo cada vez más seguro en el mundillo cofradiero, sino que usa las cofradías como instrumentos válidos contra la helada espiritual que marca la sociedad actual.

El riesgo
El único problema de tantas salidas extraordinarias, sean por un motivo o por otro, es que el contexto actual no es el de hace 30 años. Estamos saturados. Y la propia autoridad eclesiástica así lo ha hecho ver alguna vez.

El lagarto de la Catedral

“Mi querido e inquieto Fiscal, tengo que enseñarte las fotografías de don José Gutiérrez Mora rodeado de jóvenes en la Parroquia del Sagrario en los años noventa. Algunos de aquellos son hoy miembros de junta de gobierno de la Corona. Vente, te las enseño y te cuenta la historia al detalle”