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Las manos de Vélez

El Fiscal | 18 de noviembre de 2018 a las 5:00

VELEZ, CONSEJO DE COFRADIAS.

LA de gente que conoce en Sevilla a Francisco Vélez de repente. Oiga, cuantísimos sevillanos le decían Paco y yo sin saberlo. Lo tratan desde hace la tira de años. Casi se diría que el día que Vélez juró como abogado estaba la sala de bote en bote. Y qué decir de los que te paran por la calle y no es para pedirte una firma contra el calor, ni contra las bases militares de Rota, ni siquiera para interrumpirte para la enésima oferta de telefonía móvil, sino que te preguntan por tu análisis de la victoria de Paquitovélez, dicho así todo junto y en tono de confianza, como el camarero que te pone la mano en el hombro mientras te recomienda una tapa.

Vélez es el nuevo presidente del Consejo de Cofradías. Ha pasado por varios cargos de la institución y por fin ha cumplido uno de sus sueños. El otro ya lo logró cuando logró tener una casa en Comillas. La de gente que se le presentará a partir de este verano en Comillas… donde hay restaurantes estupendos, mucho más que los de Sevilla. Y, sobre todo, hay muy pocos sevillanos. Cuentan de Vélez y no paran todo tipo de maravillas sobre su experiencia en la gestión, su locuacidad y su nervio para el trabajo. Pero nadie recuerda que Paco Vélez sufrió y mucho en la cuaresma de 1999. No por las fatigas de su responsabilidad como delegado del Miércoles Santo, sino por el incendio que se declaró en una estufa de gas de su casa la tarde del 12 de febrero.

Aquello sí que fue una escena de pánico y no las avalanchas de la Madrugada de 2000. El hoy presidente y su mujer requirieron de ingreso en el hospital por las quemaduras sufridas en las manos y en los pies, unos días que, al final, resultaron inolvidables por la cantidad de visitas que recibió el matrimonio, tantas que las enfermeras les tuvieron que llamar la atención no sin cierto cariño. Se presentó hasta el arzobispo Amigo. Y Manuel Román les llevaba el desayuno a diario. Lo mejor de todo, cuando conocimos de verdad al hoy presidente, fue cuando ya en casa, junto a una imagen de la Virgen del Rosario, le confesó a Miguel Ángel Moreno: “El Domingo de Ramos estreno las manos”.

Y Vélez y su mujer vivieron el mejor estreno de su vida, del que nadie se acuerda hoy, pero el que marca su existencia desde hace dos décadas. No sé si desde entonces, pero Vélez convirtió su casa en un centro de peregrinación al que acude el cofraderío en las citas especiales. Qué cofrade es eso de recibir en casa. Tanto que Vélez refirió su morada en la carta que escribió a los hermanos mayores en la reciente campaña. Este presidente es muy de su casa como se puede decir que es… de la casa. Lleva en San Gregorio los mismos años que con manos nuevas. Ha estado en la unidad de quemados y eso, como los sacramentos, imprime carácter. Ahora hay que confiar en que use poco la gabardina en Semana Santa, porque la gabardina de Vélez es casi como algunos chaqués. Le falta poco para estar en el Museo de Artes y Costumbres Populares. Todo un símbolo. Como su casa.

elecciones al Consejo de Cofrad’as .

Un presidente señor

Antonio Piñero pudo seguir siendo presidente tras la dimisión de Joaquín Sainz de la Maza con la legitimidad que le otroagaban los estatutos y la bendición de la autoridad eclesiástica. Quiso ser consecuente con su opinión, manifestada públicamente en su momento, y someterse al escrutinio de las urnas para sentirse respaldado directamente. Las 55 hermandades que le han apoyado no han sido un respaldo suficiente. Se presentó por ética, por convencimiento personal, porque personalidades importantes así se lo pidieron. Ha sido un presidente señor. Nunca se sintió a gusto con la idea de seguir por designación estaturia.

‘Gregorioscopia’
El verdadero reto de las empresas especializadas en sondeos electorales es probarse con unos comicios en San Gregorio con más de una candidatura. ¡Cómo se las gastan los gachós! Ni el CIS que dirige el amiguete de Pedro Sánchez, ni las israelitas que tanto le encantan a Javier Arenas. Aquí no tenía nadie ni pajolera idea del resultado. El que más se aproximó al escrutinio final fue Andrés Martín, correoso ministro sin cartera del equipo de Paco Vélez, que vaticinó por escrito que la diferencia del ganador sería de entre diez y doce votos. Finalmente fueron nueve.

¡Todos a La Isla!
El candidato ganador se reunió con su gente en el restaurante situado junto al Arco del Postigo. Como la canción de Sabina, a los de Vélez le dieron la una, la dos y casi las tres… El presidente electo no siguió al siguiente lugar de peregrinaje: la milla de oro del gin tonic de la calle Arfe. Ni al tercero: el Museíto. Los últimos del equipo vencedor llegaron a casa en torno a las 5:00. Casi tiene que activarse el Cecop…

Cuchipanda pese a todo
¡No se quejará Antonio Piñero de la cantidad de gente que acudió a su ágape tras el escrutinio! Llenazo en el bar de la calle Juan Sebastián Elcano donde corrieron el jamón y otros manjares.

Gran Poder, año 2020
¿Por qué itinerario irá el Señor a las barriadas en su particular peregrinación por los 400 años de su hechura? ¿Se repetirán las imágenes por el recorrido de Santa María la Blanca y por delante del hospital de San Juan de Dios? No sería mala idea.

¿Impertinencia?
¿Qué hermano mayor del Martes Santo pronunció una frase ácida en la Plaza de la Contratación cuando se conoció la victoria de Vélez, candidato contrario a seguir con la mamarrachada de hacer la carrera oficial al revés? “Que se prepare para la guerra”, cuentan que dijo el hermano mayor con tono impertinente. ¿Dónde hay que apuntarse para que el Martes al revés lo pongan al revés? Es decir, al derecho de una puñetera vez.

Oído en San Gregorio
“¿Que las dos grandes han votado en blanco? No lo sé… Y esa hermandad que se considera especial, pero muy especial en la sección de glorias, es posible. Ya sabes que su hermano mayor siempre dice que hay hermandades de penitencia, de gloria, sacramentales… y la suya. ¿Quién se marchó del Jueves sin votar?”.

El Lagarto de la Catedral: <<Qué feliz está el cura Marcelino, la sonrisa amable de la curia hispalense. Desde el primer minuto se le notó la afinidad con Paco Vélez. ¡Cómo lo caló monseñor Asenjo el día que lo nombró para el cargo! “Marcelino, no te mimetices”. Y él respondió: “Si yo soy cofrade antes que cura”. Los dos acertaron>>

La bulla que no vota el 15-N

El Fiscal | 11 de noviembre de 2018 a las 5:00

Fiscal11

LA noche del jueves tendremos nuevo presidente del Consejo de Cofradías. Tienen derecho al voto 124 señores, la gran mayoría de ellos unos absolutos desconocidos para la ciudad. Un censo tan selecto de votantes elegirá a Antonio Piñero o a Francisco Vélez. La cosa quedará entre un letrado de la Administración de Justicia o un abogado. Ya se sabe que la Justicia es una tierra fecunda para el cofraderío. En principio no están previstos grandes cambios en el modelo de Semana Santa en función de si sale elegido uno u otro candidato. Ambos equipos han escondido bien sus cartas. O, mejor dicho, se han abonado a decirle a todo el mundo lo que cada cual quiere oír. Ninguno ha asumido riesgos. Por eso apreciamos una falta de tensión evidente en estas elecciones. No hay propuestas sorpresas, como tampoco se han vivido episodios especialmente tensos durante la campaña en comparación con la anterior. Mejor así.

El Consejo es una institución que necesita estabilidad y tiempo por delante para llevar a cabo un proyecto. La Semana Santa de hoy requiere que la institución esté concentrada en los problemas de seguridad y, por lo tanto, en continua interlocución con el Ayuntamiento. Hemos perdido un tiempo precioso de cara a la Semana Santa de 2019 porque las circunstancias han obligado a la convocatoria de unas elecciones inesperadas. Urge que el nuevo equipo se ponga a trabajar cuanto antes con el Cecop. La salida extraordinaria de la Esperanza de Triana nos ha reencontrado, pese a la saturación de procesiones extemporáneas, con el mejor público. Todo transcurrió con normalidad y con un reconocido cumplimiento de los horarios. Las vallas en la calle Pureza funcionaron, el público se comportó. No hubo incidentes.

Ya ocurrió con el traslado masivo del Gran Poder. Cuando las cosas se hacen bien, de forma acorde a los tiempos que nos ha tocado vivir, el público reacciona con respeto. Pero la Madrugada es punto y aparte. La noche siempre genera sus riesgos propios y bien conocidos. No se puede consentir una bajada de guardia en los tiempos que corren. Hay que mantener lo que ha funcionado bien y potenciar hasta un punto razonable las medidas que han supuesto una garantía. El Consejo tiene que exigirle al Ayuntamiento las mayores cautelas. Y el Ayuntamiento, sin complejos, habrá de exigir el cumplimiento de horarios y todas las condiciones necesarias, por traumáticas que puedan resultar, para que la carrera oficial sea cada año un poco menos ratonera. El 15-N ha supuesto un parón en los trabajos por parte del Consejo.

La Semana Santa de 2019 es previa a unas elecciones municipales. Esperemos que el alcalde Juan Espadas recuerde la factura que pagó Zoido por la pérdida de vigilancia en 2015, cuando la Madrugada se rompió al ser arrollada la totalidad del cortejo del Silencio y parte del de Los Gitanos. La gran bulla que no vota el 15-N merece las máximas garantías en materia de seguridad. Esa bulla que no conoce a los hermanos mayores, que no entiende la razón de tantos retrasos, ni por qué unas cofradías hacen la carrera oficial en sentido contrario. La bulla que sigue ilusionándose con la espera, con tener un día una silla en la carrera oficial, la bulla que busca las cofradías a pie, que disfruta con la Semana Santa nocturna, que vive con pasión el acto del Pregón para el que nunca tendrá una entrada, la bulla que cada Domingo de Ramos se reencuentra con su infancia, la bulla que aspira al hermoso ejercicio de seguir reconociéndose en la Semana Santa que recibió como legado.

Esa bulla no tiene ni pajolera idea de quiénes manejan los resortes de la fiesta más hermosa de la ciudad. Ni interés por tenerla. Y en parte, este asunto se despacha el jueves por la noche entre 124 señores que, en muchos casos, le han prometido el voto tanto a Antonio como a Paco, tanto a Paco como a Antonio. No pocas veces los dirigentes de las cofradías se entretienen en fatuidades, en asuntos de escasa enjundia, en una sobrecarga de representaciones que obligan a tomar mucho almax por la ingesta excesiva de pavías. Los problemas de la Semana Santa actual y las exigencias de la vida pública de hoy en día, sea el cargo que sea, no hacen tan amable el ser presidente de una institución con un peso notable en la ciudad.

En cierta ocasión le oí un comentario a un familiar de un presidente tras unos días de fuerte polémica: “A él es que no le gustan los problemas”. Y le replicaron: “Pues no haberse presentado a presidente. Los cargos son para tener problemas”. Los dos candidatos saben a lo que se enfrentan. Los anteriores presidentes tuvieron que vallar la Avenida, modernizar la carrera oficial, preparar un congreso internacional, mediar en pleitos jurídicos entre algunas hermandades y el Arzobispado, o asumir la redacción de unos nuevos estatutos.

El próximo presidente ha de tener claro que el reto es salvaguardar la Semana Santa, protegerla de las avalanchas de la Madrugada y del exceso de procesioes extraordinarias, que son otra suerte de avalanchas que conducen a la proyección de una imagen frívola. Nadie de la oficialidad anuncia un tope para tanto exceso durante todo el año. Nadie denuncia que el carácter extraordinario ha quedado enterrado. Nadie dice que lo del Martes Santo al revés es una mamarrachada que eleva a categoría principal las cuestiones logísticas y, por lo tamto, orillan lo fundamental y revelan la incapacidad de un acuerdo. El Consejo tiene que recuperar la autoridad, no limitarse a la gestión de sillas y palcos y a la designación del pregonero y otras pedreas. Resulta sonrojante que las cuentas no sean públicas.

La Catedral es más transparente que el Consejo. El Arzobispado también lo es. Llama la atención que nadie haya negociado un patrocinio para el cartel…¡de la Semana Santa de Sevilla! O en su defecto que se detraiga una partida de los ingresos de la carrera oficial. Hay que trabajar más y dejar de perder el tiempo en reformas de la carrera oficial por el Paseo de Colón y otros inventos propios del Pequeño Nicolás (o Nicolasa). No pierdan un minuto más de este otoño en lo que está muy bien para ser debatido solamente en la orilla de la playa. A partir del jueves no habrá más excusas. El trabajo por la seguridad y la reducción de los excesos (la grasa provocada por tanta salida extaordinaria) deben ser las prioridades. Quien salga elegido no tendrá un camino de flores. Si no le gustan los problemas, ya sabe dónde está la parada del tranvía. Está a tiempo.

Los que miran a la Esperanza

El Fiscal | 4 de noviembre de 2018 a las 5:00

PROCESION 600 AÑOS DE LA ESPERANZA DE TRIANA

Foto: Juan Carlos Muñoz

SIEMPRE dedico tiempo en fijarme en quiénes ven las cofradías antes que buscar las caras de las imágenes sagradas que ya me sé de memoria. Al Señor o a la Virgen se les ve en sus casas, en los altares y hornacinas donde recogen oraciones. En la calle me gusta ver cómo miran los demás a la Esperanza, ese micromundo que se forma en los alrededores de un paso, esas lágrimas de emoción, esos rostros de cansancio, esa fatiga de las bullas, esos balcones desde donde se lanzan plegarias. Ver cómo los demás miran a la Esperanza es también una forma de ver a la Esperanza. Recordar a quiénes un día la miraron es otra forma también, sobre todo en este noviembre especial, antesala de ensayos de villancicos donde seguiremos celebrando las pascuas con las letras de Garrido (“El barco de tu cintura lleva un lindo pasajero”). Ay, Manolo, que no hemos visto el otro día el vuelo de tu capa señorial junto al paso, mirándola como sólo tú la mirabas: con en ese silencio sereno, con la emoción interior disparada, despidiéndola camino del Altozano para seguir recogiendo Salves mientras tú seguías hilando versos, engarzando rimas para regalarle otro rosario de tu mejor poesía.

En el balcón de los Murillo estaban abuelos y nietos. En la Esperanza viven los muertos y la Esperanza es refugio de los vivos, de quienes mejor le cantaron, de los inocentes con toda la vida por delante, de la hija que perdió a su padre y del joven que perdió a su hermano. Todos fueron a su encuentro en diferentes lugares del recorrido. Dicen que 250.000 personas acompañaron a la Virgen en el traslado a la Catedral. No lo sé. Eso dice el Ayuntamiento. Esa cifra seguro que es interpretada como un éxito. Pero el éxito real está en que muchos sintieran por un momento, por un instante fugaz, que la Esperanza les ofrecía el salvavidas desde la cubierta de sus ojos hermosos.

No sé qué flores llevaba la Esperanza, no sé cuántas marchas le tocaron, si se cumplieron los horarios, ni cuántas vallas se colocaron. No sé a quiénes se dedicaron la levantás, ni los altos mandos que tocaron su llamador. Sólo sé que la verdad de todo estaba en quienes la miraban, en quienes pedían por sus vivos y en quienes lloraban por sus muertos, en quienes acariciaban a sus nietos ante Ella y en quienes la esperaban en la bulla de este noviembre de difuntos, mar de luto que se abre ante la Esperanza, un noviembre de humo de castañas, guirnaldas, pancartas, Triana con su Esperanza, Dios te salve, Madre de Dios

“¿No vas a bajar a ver la cara de la Virgen?” No, ya la veo en su casa. Ahora me basta con mirar a quienes la miran. Por que en esas miradas radica tal vez la única justificación de tantas procesiones, porque en esas miradas no hay impostura, ni afanes de notoriedad, ni interés por hacer ruido. En esas miradas está la verdad de un calendario sobredimensionado. Esas miradas sostienen la Semana Santa que nos ha tocado vivir con todos sus añadidos, con todas sus extensiones a lo largo del año. Esa caricia del abuelo ante la Virgen, ese llanto de desgarro de la hija, ese sollozo del hermano en la intimidad de la Plaza Nueva, esa ausencia de Garrido y de tantos otros que la miraron… Sin esas miradas todo se cae, sería fatuo, impostado y hasta forzado. Esas miradas convierten en verdad lo que otros ven como un mero espectáculo. Mientras haya quienes la miran como la miran, siempre tendremos Esperanza. En esas miradas está la mejor versión de la Semana Santa, el tesoro, el salvavidas.

PROCESION 600 AÑOS DE LA ESPERANZA DE TRIANA

Foto: Juan Carlos Muñoz

Una prueba de la próxima Madrugada

Triana ha sido el banco de pruebas de la próxima Madrugada para el Centro de Coordinación Operativa (Cecop). El año pasado se usó la salida extraordinaria de San Gonzalo para probar las cámaras, el sistema de luces, la megafonía y las medidas de aforamiento que después se usaron (o estaban previstas por si acaso) en Semana santa. Este puente, con motivo del traslado a la Catedral y de la procesión triunfal de regreso, se ha probado un nuevo plan de seguridad específico en la calle Pureza. Se aplicó la prohibición  de beber, comer, emplear cachimbas y el uso de mantas en el suelo para impedir la concentración de público desde por la mañana, como ha ocurrido los últimos Jueves Santos. Esta medida resultó un éxito y la calle Pureza estaba limpia y decente a la hora del comienzo del traslado a la Catedral. Se puso en práctica un nuevo despliegue en la calle Adriano y en el Altozano, con medidas específicas para impedir a los cangrejeros. Y, por supuesto, la exigencia del cumplimiento de los horarios para no afectar vías principales de la ciudad fuera de los horarios establecidos.

DIA DE TODOS LOS SANTOS EN OMNIUM SANCTORUM

Foto: José Ángel García

La mejor ayuda para el arzobispo

Monseñor Asenjo no falla cada primero de noviembre en Omnium Sanctorum, donde preside la celebración eucarística de la festividad. Es costumbre que el prelado cuente en muchas celebraciones con la asistencia de gente joven, que ejerce las funciones de acolitaje, de ayuda a misa. Así ocurrió el jueves. Dos jóvenes de la parroquia –los dos de nombre Francisco– asistieron al arzobispo en todo momento. A uno lo recordamos todavía como un jovial y pequeño monaguillo de Los Javieres, en aquel período donde sufrimos tres Martes Santos seguidos marcados por la lluvia. Al final, siempre sale el sol. Y hasta se asciende de monaguillo a nada menos que acólito y asistente del arzobispo Asenjo.

 

De fragancias brutales

El Fiscal | 28 de octubre de 2018 a las 5:30

fiscal28

CUANDO se anuncia que perfumistas de Sevilla y París trabajan en la elaboración de una fragancia especial para una Dolorosa, tienen razón quienes nos acusan de tener un concepto amuñecado de las vírgenes. De jugar con ellas. De frivolizar con las imágenes que se tienen por sagradas. No se humanizan, no, al crear una colonia, mejunje o aroma con el nombre de la advocación. Se trivializan. La Esperanza de Triana, por ejemplo, sí se humanizaba cuando Fernando Morillo, su vestidor, hablaba de Ella con toda naturalidad cuando regresaba de vestirla y mientras abría su taller de joyería de Pureza, el de la puerta que se cerraba mediante una tranca de madera. “Hoy estaba disgustada, sí, muy disgustada”, susurraba Fernando.

Y todos sabían a quién se refería. Algo habría pasado en la cofradía, algún conflicto entre hermanos para que Fernando se expresara así. No hacían falta más comentarios. Las imágenes se humanizan cuando reciben las oraciones de los vivos y son depositarias de las plegarias por los muertos. Someter las imágenes al merchandising es una banalización muy propia del tiempo que nos ha tocado vivir. Dice un experto en la materia de perfumes: “Las vírgenes no te dicen lo que les gusta ni están sujetas a modas, tienen una veneración brutal y por tanto no es fácil humanizar con un perfume a una imagen que representa a la Virgen María”. Mire usted, que diría Felipe González, no hay necesidad ninguna de humanizar aquello que ya sentimos de forma natural entre nosotros, que vive con nosotros y que legamos a los nuestros: la devoción a las imágenes.

No hay que frivolizar con perfumes, ni mucho menos referirse a una “veneración brutal”, adjetivo propio de las encendidas tertulias de radio. Hoy todo es brutal, oiga. Hasta la veneración a una virgen. Estamos a un minuto de hablar de la necesidad de “poner en valor” la Semana Santa, de la “implementación” de medidas de seguridad con “criterios transversales” y de impulsar un “plan estratégico” para diseñar la Semana Santa de los próximos 30 años, un modelo “sostenible y con criterios de género”, por supuesto. Nos ha dado definitivamente un aire.

Que pasen los perfumistas, pero que pasen todos ya y tomen las posiciones. A ver si diseñan el olor a sacristía con trazas de cajoneras de roble, el olor a cúpula de capilla media hora después de que se hayan apagado los carboncillos, que es cuando huele bien; el olor a armario con los trajes de los servidores, con reminiscencias de terciopelo y galones de oro; el olor a las cajoneras de los cirios, el olor a altar de quinario de 96 candeleros recién apagado, que podría llamarse Eau de Cañaveral; el olor a calentería de la Macarena, a Mercado de la Encarnación en la mañana del Viernes Santo, a café de la Campana con trazas de leche (sin lactosa); el olor a vitrina cuando se han sacado las insignias para montar el altar, ¡ese inconfundible olor a moqueta!; el olor de la calle Sierpes cuando ha pasado la última cofradía y llegan los primeros barrenderos (esta modalidad sólo en agua de colonia); el olor a la Catedral de Madrugada con incienso de Palomino rico en vainilla (modelo esencia); el olor a mezcla de pipas y almendritas que se comercializará con el nombre La espera, en honor de quienes aguardan en sus sillas plegables; el olor a petalada de grupo joven, una fragancia de entusiasmo para ellos y ellas, modalidad unisex…

Y así podríamos seguir hasta rematar una lista verdaderamente brutal, porque esta Semana Santa es eso: brutal y, por supuesto, espectacular. ¡A ver si llueve y se van los olores! Con lo bien que huele la tierra mojada.

MANOLO CUERVO PINTARA EL NUEVO CARTEL DE LA MACARENA

 

La Macarena, Cuervo y Pablo VI

Manuel Cuervo visitó la Basílica de la Macarena esta semana a la búsqueda de inspiración para pintar el cartel oficial que edita la hermandad. Cuervo estuvo acompañado por el hermano mayor, José Antonio Fernández Cabrero; el asesor de la cofradía en esta materia, Ricardo Suárez, y varios oficiales de la junta de gobierno. En la imagen, la comitiva se detiene ante la sotana de Pablo VI que se exhibe en el museo macareno. Se trata del Papa de la Coronación Canónica de la Virgen de la Esperanza, por lo que tiene un valor muy especial. Y ahora, además, es un santo.

Los Negritos
Acusamos recibo del malestar de algunos hermanos por las modificaciones en el proyecto de paso de palio. Que si el azul de los faldones será distinto, que si la corona será llevada a Córdoba para algunos cambios, que si…

¿El tercer candidato?
Le ha pasado a más de un cofrade y de dos. Es lógico encontrarse estos días con los dos candidatos al Consejo de Cofradías, pero curiosamente suele estar también en los actos el candidato a la Alcaldía por el PP, Beltrán Pérez. ¿Es Pérez el tercer candidato a San Gregorio?

El pertiguero

Primer golpe. “El cura Marcelino es el más cofrade de todos. ¿Que por qué digo esto? A todos los candidatos les dice que va a ganar. ¡Viva Marcelino!”. Segundo golpe. Los empleados del Consejo son escrupulosos en cada proceso electoral. No hay duda. Pero algunos colaboradores de los candidatos deberían ser escrupulosos con los trabajadores, respetarlos y dejarlos al margen. Estilo se llama. Tercer golpe. Ojo a la misa de hermanamiento de la Redención y la Matriz de Almonte. Se espera una gran asistencia. Y ciriales arriba. Pasión celebra el 7 de noviembre en la Catedral un concierto benéfico para la Fundación Asistencial con piezas sacras y profanas de extraordinaria calidad, de Turina, Buenaventura Íñiguez, Manuel Noriega… Sonarán coplas de la Hermandad que llevan algunas más 150 años sin sonar.

El Lagarto de la Catedral: <<Mi querido Fiscal, te refiero el enésimo capítulo de trato con desdén. En San Julián deberían atender con mayor diligencia a quienes acuden por una simple partida de bautismo. A veces se despide a los fieles, no se les recibe con amabilidad, no se les explica cómo gestionar trámites con eficacia>>

Un Pregón para los nuestros

El Fiscal | 22 de septiembre de 2018 a las 11:00

CHARO PADILLA

Cuéntanos, Charo, tu Semana Santa de bulla, de horas a las puertas de un templo aguardando -el paraguas en una mano y el micrófono en la otra- la noticia de la suspensión de una salida, de traslados apresurados de una iglesia a otra, de aglomeraciones por las que hay que moverse pidiendo paso con tiento para nos crispar los ánimos. Tu Semana Santa de siempre con tu lenguaje sencillo. Cuéntanos el próximo Domingo de Pasión la Semana Santa real, de atajos por los callejones para llegar al destino, de pleitos en las puertas para pasar al interior de una casa de hermandad, de testimonios infantiles de niños que se han quedado tres años seguidos sin salir, de mujeres del Cerro que engalanan los balcones de Afán de Ribera cada Martes Santo, te abren su casa y se confiesan contigo, te cuentan el año que han vivido, un balance con más pesares que dichas cuando se tienen las gafas de cristal gordo. Cuéntanos tu Semana Santa auténtica, conocida por vivida y amada por conocida, que solo se puede querer aquello que bien se conoce. Cuéntanos la Semana Santa de esas cofradías jóvenes que has visto crecer, testigo principal de la evolución de cortejos de escasos nazarenos, bien separadas las parejas de cirios para cubrir espacio, que hoy viven su esplendor con los nazarenos de tres en tres. Cuéntanos tu Semana Santa con el estilo de tus retransmisiones, esa narración ágil, fresca, sin volutas, familiar. Cuéntanos la Semana Santa del pueblo que está en la calle y del otro pueblo que no puede estar, pero lo está desde la mesa de camilla, el trabajo o la cama de un hospital por medio de tus narraciones.

Sé fiel al lema de la empresa familiar: Sombrerería Padilla Crespo, artículo español, jornal para los nuestros. Pues eso, Charo Padilla, que tu Pregón sea un Pregón para los nuestros, para los que nos gusta patear las calles y evitamos los balcones, para los que queremos que nos cuenten las cosas tal como las vemos, incluso en los detalles más prosaicos, para los que vivimos la Semana Santa viendo cofradías y no aprovechando las cofradías para otros fines. Cuéntanos la Semana Santa de los niños y los mayores, de las primeras mujeres de nazareno y las primeras monaguillas, del centro de la ciudad donde vives y de los barrios en los que te gusta perderte y con los que te gusta comprometerte, de los grandes cofrades y sacerdotes que pudiste conocer y tratar, la Semana Santa de la fe, el sentimiento y la memoria. Cuéntanos una Semana Santa que se ve porque se oye, que tu Pregón sea para ser oído, sobre todo oído, porque es tu voz la que esperamos oír, tus relatos de siempre, sin más adornos, sin más aditivos, el Pregón de una reportera que lleva más de 30 años a pie de bulla, el Pregón de una voz que forma parte de la Semana Santa de miles de sevillanos, el Pregón de quien también nos ha contado las noches de cuaresma: cabildos interminables, talleres de escultores de donde salen nuevos romanos, mudás y traslados de parihuelas, fogones de donde salen torrijas, ensayos de bandas a la intemperie… La Semana Santa de la calle, la de siempre con un estilo propio, la que sólo puede contar quien ha estado en los sitios. No esperamos más, no queremos menos.

Un hueco en el cartel del festival macareno

El Fiscal | 9 de septiembre de 2018 a las 5:00

Manzanares

COMO todo lo que hace la Macarena, el festival taurino del 12 de octubre está dando que hablar. Eso es bueno, buenísimo, porque ya dijimos que la Fiesta es la que sale ganando con el impulso que recibe de la cofradía, que podrá seguir adelante con sus obras de caridad con el dinero recaudado. Cuántos recibos de luces y cuántas facturas de alquiler se pagan gracias a la asistencia social de la cofradía, cuántos quites son posibles gracias a la labor de esos macarenos que atienden en privado, estudian los expedientes y dan salida a las ayudas. Ellos dan su tiempo, la hermandad el dinero y la Virgen su esperanza. Pues mañana tenemos otra cita de cara a este festival. Mañana se presenta oficialmente en la plaza de toros, con el cartel incluido de Zenaida Pablo-Romero. ¿Qué mejor que esta pintora, hermana de la cofradía, hija de una gran hermano mayor, de una familia taurina por los cuatro costados, para hacer el cartel de este festival? El cartel anunciador de un cartel de relumbrón con nada menos que Pepe Luis Vázquez, Dávila Miura (actual consiliario de la junta de gobierno y nieto de hermano mayor) y Francisco Rivera Ordóñez como figuras que reaparecen. Y que cuenta con la participación del baratillero Morante de la Puebla, José María Manzanares y Andrés Roca Rey. A última hora se ha producido la feliz incorporación del novillero Manuel Vázquez Rodríguez-Toajas, de los Vázquez de San Bernardo, nieto de Manolo Vázquez, al que siempre recordaremos acompañando al Cristo de la Salud por la umbría calle San José, junto a su inseparable Remedín, ambos haciendo de cicerones de grandes personajes. La última vez metieron a Albert Boadella en la bulla delante del paso de Cristo hasta casi la misma puerta de San Nicolás, donde estaba la representación de la Candelaria, estandarte, cuatro varas y la jubilosa fatiga en los rostros por la gloriosa jornada vivida. Hay quien se pregunta con malicia por el perfil cofradiero de José María Manzanares. Es sabido que la malicia es prima hermana de la osadía e incluso de la pereza. Basta indagar un poquito para obtener hasta un testimonio gráfico de Manzanares en la Semana Santa de Sevilla, nada menos que junto a su padre vestido de nazareno de la Trinidad, instantes antes del comienzo de la estación de penitencia un Sábado Santo.

Al hermano mayor, don José Antonio Fernández Cabrero, hay que apuntarle desde el burladero de esta página que el cartel tiene pintora macarena y hasta oficiales de junta macarenos, pero que hay algún matador de toros de la cofradía que no está incluido. ¿Por qué no está Rafael Serna, hijo de pregonero, que tomó la alternativa hace un año en la misma plaza de la Real Maestranza? Serna fue el beduino que se bajó de la carroza del Gaspar del centenario para rezar ante la Esperanza. También fue el que lució un terno inspirado en la decoración de la iglesia del Salvador. ¿De verdad no hay tiempo, mi querido hermano mayor, de reforzar aún más el cartel con este joven macareno?

Deseando estamos de vivir este festival, como vivimos el que organizó la Esperanza de Triana en el Charco de la Pava, una tarde célebre donde Paco Ojeda resucitó el parón. Deseando estamos de ver la plaza llena y la cara de felicidad de Dávila Miura. Deseando estamos de que las arcas de la cofradía se llenen (¡Va por ti, Paco Cossío!) para que se puedan seguir haciendo quites, muchos quites providenciales, benditos quites, a quienes necesitan espantar el toro de la mala suerte, del infortunio, del tropiezo o de una larga y enconada trayectoria. Y deseando estamos de que haya una nueva incorporación, la de un torero macareno que bien merece la oportunidad y el honor, porque siempre lleva a gala su condición de matador y de devoto del Señor de la Sentencia y de la Virgen de la Esperanza en una sociedad donde se quiere acabar con la fiesta y se orilla a Dios. Haga un hueco en el cartel, hermano mayor. Serna tocó pelo ayer mismo en el festejo de Utrera, a las puertas de Sevilla, por cierto junto a Pablo Aguado, otro torero con sangre cofradiera. La Virgen se lo pagará. La Virgen se lo pagará.

La gran exposición de la Soledad

Semana Santa,Sabado Santo, Hermandad de La Soledad de San Lorenzo

La Hermandad de la Soledad de San Lorenzo está organizando una exposición que se titulará Soledad, 150 años de San Miguel a San Lorenzo. Con ella conmemorará el traslado de la Hermandad y de su titular desde la parroquia de San Miguel a la de San Lorenzo, hecho ocurrido en 1868. La exposición se celebrará en las salas bajas del Ayuntamiento de Sevilla, entre los días 5 al 19 de octubre del presente año. Será oficialmente inaugurada por el alcalde, Juan Espadas en la mañana del 4 de octubre. No se trata de una exposición cofradiera al uso, sólo con enseres de la cofradía, sino de un destacado evento en el que se van a exponer esculturas, pinturas, documentos y otros recuerdos de la desaparecida parroquia de San Miguel, así como importantes obras de arte de la parroquia de San Lorenzo. Todo ello junto a un completo testimonio de la propia historia de la Hermandad de la Soledad, así como la histórica Sacramental de San Lorenzo y la de Roca-Amador con las que se fusionó. Entre las piezas que se expondrán estarán las tallas de San Lorenzo, atribuida a Martínez Montañés, y la del arcángel San Miguel, espléndida obra de Francisco de Ribas (siglo XVII), cedido por la Archicofradía de Jesús Nazareno (El Silencio), que presidía el templo desaparecido. Habrá secciones dedicadas a la historia de la Soledad, la parroquia de San Lorenzo, la Capilla Sacramental (incluyendo la talla de la Inmaculada y el sagrario), el beato Marcelo Spínola, la parroquia de San Miguel, y el paso de la Soledad, que estará expuesto acompañado de un completo estudio sobre la evolución histórica y su realización y diseño. En la exposición, además de la Hermandad de la Soledad y la parroquia de San Lorenzo, colaboran la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, la Parroquia de la Magdalena, la Archicofradía de Jesús Nazareno, la Hermandad de la Santa Caridad, las Esclavas del Divino Corazón, la Fundación CEU San Pablo y otras entidades y particulares con la cesión de diversas piezas artísticas. Los comisarios son Ramón Cañizares, José Joaquín León, Álvaro Pastor y Manuel Rodríguez.

Adiós a Eduardo Recio y Manuel Lozano, dos cofrades auténticos

El Fiscal | 3 de junio de 2018 a las 5:00

Recio

HEMOS tenido el inmenso privilegio de conocer el Silencio de Eduardo Recio, trato exquisito, saludo formal de los de antes, cuerpo enjuto, túnica añeja, formas únicas de vestir al Nazareno, señor que se ve venir de lejos y se paladea de cerca, hondo sentido del humor, y el Valle de Manuel Lozano, poeta, con tacto para todas las tareas creativas, fiel a la Anunciación, siempre con la ilusión de una mañana de Jueves Santo, un entrevistado de largas parrafadas propias de quien tenía mucho que contar. Esta semana se nos han ido dos cofrades auténticos en una Semana Santa sofisticada, dos cofrades que las nuevas generaciones deberían conocer, dos cofrades con señorío natural, lejos de imposturas, dos cofrades que hicieron de sus devociones el eje de sus vidas. Fueron católicos al sevillano modo, entendieron la sede de su hermandad como el acudidero de sus días, como el refugio cierto, como la prolongación de su casa. Yo veo hoy a Eduardo Recio levantar el esterón para entrar en San Antonio Abad, escrutar cuántas personas hay en el templo con ese gesto inicial de cierta desconfianza y sentarse, ya relajadamente, en esos bancos antiguos maravillosamente incómodos, recta la espalda y la vista al frente, a charlar en silencio con el Jesús Nazareno que siempre lo aguarda en su hornacina de oro. Lo veo llegar a San Antonio Abad en una Madrugada metida en cielos panza de burra, con el final del Jueves Santo desarbolado por el agua, y tener claro en una tertulia del patio, búcaros, cigarros y antifaces al hombro, que la cofradía del Silencio no puede permitirse hacer “ninguna tontería”. Y no se hizo. Claro que no.

Veo a Manuel Lozano escribir en la sacristía de la Anunciación, que Palomino le ha abierto a deshoras la puerta de la calle Compañía porque estaba limpiando candeleros. Lozano escribe entre cuadros de Hohenleiter, bulas papales enmarcadas, elegantes fotos de Fernand. Por allí están Lucas Maireles, Javier Mejía con la cámara de fotos, Rafael Molina fijando la fecha de la fundición de la cera, Miguel Ángel Osorno con un manojo de llaves que tintinea… Cuántas horas de hermandad y de devoción han acumulado estos dos cofrades, que nada sabrían de redes sociales, sino de vivir con coherencia su hermandad y sus devociones con la fidelidad aprendida desde niño.

Lozano se extasia mirando al Cristo de la Coronación en su último altar de cultos, cera tiniebla, clámide, faroles de plata. Va de maniguetero de la Virgen del Valle hasta el final, ayudado con un bastón. Eduardo Recio está poniéndole las potencias al Nazareno de ojos grandes, cuello erguido y mirada mansamente altiva.

Ha pasado la Semana Santa. Recio llega al cielo como un señor: trajeado y con un ramillete de azahar que asoma con gracia por el bolsillo alto de la chaqueta, símbolo de la Resurrección en la que creen los primitivos nazarenos de Sevilla, con una fe a prueba de avalanchas. Nunca tiraron a este Eduardo de figura espigada. Como el Nazareno de sus devociones. Siempre con la vista al frente.

 

Lozano

El alférez Moeckel

EN Sevilla nos hartamos de aplaudir al Ejército en la procesión del Corpus. Es una suerte de ad calorem muy necesario para la tropa en estos días que corren. Emocionante si cabe. Seguro que los soldados lo agradecen en esta nación donde tanta falta hace el fomento de la cultura de defensa. También hay otra forma de apoyar al Ejército de hoy, que es haciéndose reservista voluntario, lo que ha logrado Joaquín Moeckel, ex hermano mayor del Baratillo. Fíjense si hay vida después de ser hermano mayor, que Moeckel no ha parado desde entonces de emprender iniciativas en beneficio de la sociedad. ¿Recuerdan la restauración del Salvador, las gestiones para que los afectados de la explosión de las Letanías recuperaran su casa, o el debate sobre la normativa jurídica de las hermandades? Algunos se han sorprendido al verle de uniforme, señal de que ha superado su primer período de instrucción militar, del que saldrá con el empleo de oficial en la categoría de alférez del Ejército de Tierra, adscrito a los servicios del Cuartel General de la Fuerza Terrestre que gobierna el querido don Juan Gómez de Salazar.
Se llama compromiso. Se llama ausencia de complejos. Y se llama la fuerza del carácter, ¿verdad Félix Machuca? En tiempos de zozobra hace falta dar testimonio, ora en las hermandades, ora en el Ejército. Moeckel se aplica a sí mismo el lema de las manifestaciones: No nos mires y únete. Y se ha unido al Ejército por el que siempre ha sentido una honda emoción.
Cuando algunos se recluyen tras ser hermano mayor, otros siguen canalizando esa fuerza en la que unos ven la muestra de una sociedad civil pujante y otros la coherencia con una forma de ser. ¡Y decían que no daba el perfil para otras tareas! Menos mal, don Joaquín, porque si llega usted a darlo para otros menesteres, a lo mejor nos privamos de verle sirviendo como alférez. Y está claro que el Ejército ha salido ganando. Y la cultura de defensa.

Foto MOECKEL2

 

Impresentable
Así resulta no el número de los asistentes, sino la actitud de muchos de los que acuden a la procesión. Gafas alzadas como policías de pueblo que ponen multas, tíos de chaqué con las manos en los bolsillos, cofrades con el teléfono móvil, charletas interminables en señores ya talluditos… Oiga, que se trata de acompañar al Santísimo Sacramento. Convendría enseñar al que no sabe y corregir al desahogado.

De las novedades
Las novedades en la procesión resultaron raras. Esas lecturas con megafonía en algunos puntos del recorrido provocaron cortes en el cortejo. Y chirriaron un poco. Lo de los cánticos estuvo bien. Eso sí. Genera un ambiente propicio para una procesión eucarística.

El pertiguero
Primer golpe. Oído en la Plaza Nueva. “Lo de la calle del cardenal Amigo se ha retomado, esperemos que haya una solución satisfactoria antes del final de mandato”. Segundo golpe. Oído en el Consejo: “Qué mala cara llevaba el subdelegado del Gobierno en la procesión del Corpus. Sabría ya que la moción de censura prosperaría, ¿no? No puede haber otra explicación. Se nos va don Ricardo y perdemos el apoyo a ciertas reformas de la Semana Santa para reducir el número de nazarenos”. Él estaba muy implicado en esta iniciativa. Tercer golpe. Oído en la collación de Santa Catalina. “¿Y si nos toca el premio y tenemos un hermano ministro del Gobierno de España o delegado del Gobierno en Andalucía? Celis siguen siendo muy querido en la hermandad”. Y ciriales arriba. Oído en la Plaza del Cristo de San Agustín. “¿Sabes que uno de los hermanos más antiguos de la nómina de San Roque es ahora mismo el ex alcalde Alejandro Rojas-Marcos?”.

El lagarto de la Catedral:

“Mi querido Fiscal, ¿te fijaste  en lo nutridas que eran las representaciones de seminaristas y sacerdotes en la procesión del Corpus? Mucho hablar de los cofrades, que asisten en número insoportable, pero habría que empezar por dar ejemplo, ¿no crees?”

 

Lección sencilla de amor un Domingo de Ramos

El Fiscal | 25 de marzo de 2018 a las 5:00

Basílica de la Macarena.. La Macarena ya estará en el paso. Fotos para dar del día.

La mujer de avanzada edad tenía clavada la mirada en aquella cara con la fuerza con la que caen los cuatro zancos de un paso de misterio en la última arriá. Hundidos los zancos hasta el próximo año, fijada la mirada en su tez morena. Aquella señora comenzó a bisbisear, después elevó el tono de voz y, al final, estaba conversando con la Virgen como lo hacen dos vecinas que se tienen la una a la otra como protagonistas de su vida cotidiana, bolsas del mercado que cuelgan del antebrazo, carritos de la compra en vertical durante la parada y el rabillo del ojo centinela para evitar hurtos. A la Madre de Dios no le decía madre, la llamaba hija, cosa que sólo ocurre en esta ciudad. “Qué bonita estás, hija. Eres guapa, porque lo eres, pero hoy estás bonita, rematadamente bonita”. La cola de devotos adelantaba a la devota mientras ella seguía detenida con su locura de amor, con el ancla de sus ojos echada en la mar infinita de la Virgen. “Mañana voy a venir a verte otra vez, flor de mis días, ilusión de mis horas, ¡bonita, que estás muy bonita!”.

Esa mujer, de pronto, me miró. “Niño, ¿has visto qué guapa está?”. Yo busqué el refugio rápido de mi madre, que me tenía enseñado que no se habla con desconocidos. Mi madre fue quien atendió la amable pregunta de la señora y le ofreció una breve conversación con tacto y, con el tiempo, aprendí que lo hizo con todo el cariño. Todo ocurrió donde lo hacen las cosas grandes de la ciudad, a la vera de ese paso de palio que era el pórtico elegido durante muchos años para comenzar mis mañanas de Domingo de Ramos. Mi madre me explicó que hay personas que no tienen con quien hablar, que quizás están solas durante el día y que necesitan que alguien les ofrezca la hermosa caridad de una breve charla, el afecto de algún comentario cómplice, o una simple mirada cálida que enternezca los ojos gélidos de los que están solos porque, quizás, perdieron ya a quienes les miraban.

Yo había acudido a ese templo, como siempre, a comenzar mi Semana Santa delante de aquella Virgen, en aquella basílica por la que revolotean querubines y danzan las esmeraldas. Aprendí que aquella mujer hablaba con la Virgen porque la sociedad se había quedado sin tiempo para las personas mayores. Yo iba buscando el oro de Juan Manuel, los claveles del gozo, la candelería perfecta, los destellos del dragón. Iba buscando los ‘ochitos’ de oro de la túnica del Sentenciado, la mirada baja de Pilatos, el plumerío blanco de los rostros marciales. Yo iba buscando bordados, esplendor, belleza para comenzar a lo grande mis días grandes, la arquitectura delicada de un altar de insignias, el ambiente de júbilo de un atrio, el abrazo fraternal de las mejores horas. Y me encontré con una lección de amor inesperada. Aprendí que hay imágenes que no sólo tienen el poder de hacerte sentir vivos a los muertos por un instante, o el poder de provocar una fugaz espiritualidad en los descreídos. Hay imágenes capaces de oír, capaces de expresar ternura con la mirada. Me encontré más, mucho más de lo que yo esperaba. De aquel día sólo recuerdo que la Virgen de la Esperanza escuchó a aquella anciana, nunca dejó de mirarla, sólo tenía ojos para su rostro cuarteado, sólo tenía calor para mitigar su soledad, sólo emanaba amor para darle fuerza a sus días como una madre que amamanta a un bebé para que nunca le falte energía. Aquel Domingo de Ramos aprendí a ver a la Macarena como la Virgen que habla con quienes no tienen compañía, que regala sus ojos a quienes no reciben ni el obsequio de una mirada. Fui buscando la corona de la Esperanza, el brillo de su cruz de guía, el Niño Jesús de Nazareno, cíngulo del gracejo en su pequeña cinturita de merino y pasamanería, fui buscando la estampa de recuerdo de mi anual visita, fui buscando contar, otra vez, las esmeraldas de sus mariquillas, esos brotes verdes que alumbran el mejor regazo de Sevilla. Fui buscando la consulta curiosa a la nómina de la cofradía, quién será el más antiguo con cirio verde, por qué nunca salen bocinas. Fui buscando el abrazo de mi amigo Manolo García, el paseo por San Luis, sol de cara, adoquines y parada en alguna cafetería, pero no es hora de oloroso, no vayamos a comenzar tan pronto el día… Todo eso busqué en tu templo, en tu casa, en el calor de tu hornacina, y me di de bruces con la gran verdad escondida: tú eres quien acompaña a los que están solos en la vida, divina tertuliana de quienes cuentan ya sus días. Qué gran verdad te dijeron al nacer la Semana Santa. Qué pregón te dio aquella mujer de plaza de abasto, mercado, pescadería, qué declaración de amor, qué media verónica brotó de sus labios, filigrana de amor, requiebro oral de artesanía, qué verdades más rotundas te dice la gente sencilla, como los niños que sueltan las grandes verdades de la vida: “¡Esperanza, eres guapa, pero hoy estás bonita!”.

La palma que pide Buena Muerte

El Fiscal | 24 de marzo de 2018 a las 5:00

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HAY calles estrechas que piden pasos de palio para que sus muros besen la orfebrería de los varales, balcones que son atalayas de la emoción para lanzar saetas, plazas que se alían con la noche para acoger a una cofradía en la intimidad de su trama urbana. Hay lugares que lo tienen todo: el espacio justo, las casas, los balcones, los naranjos… Sitios hechos para cofradías preciosas. Y hasta hay palmas rizadas que piden acariciar la Buena Muerte, que parecen anunciar la llegada del Señor de los lirios morados. Hay una palma con reflejos dorados para iluminar esa tarde que se irá tornando azul, un azul Contratación. La plaza tiene la horma de la cofradía de la Universidad. Por ella pasa siempre la cofradía poblada de penitentes. Y hay una palma con fondo de colgadura de damasco rojo en una casa que es el San Onofre particular del Dios de la Universidad. Todo el año hay en ella oraciones para el Cristo de los Estudiantes.

Antonio Garrido

El Fiscal | 21 de marzo de 2018 a las 5:00

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EL humor es algo tremendamente serio. El humor es el lubricante de la vida cotidiana. El humor es fundamental en todos los ámbitos. En las cofradías, por supuesto, sobre todo porque se tiende con facilidad a un misticismo de escaparate. Los vídeos de El palermasso son la prueba evidente de que no hay tema delicado, sino enfoque desacertado. En todos los vídeos que protagoniza Antonio Garrido hay un enfoque atinado. En el último se tratan hasta las polémicas carreritas de la Madrugada de una forma que contribuye a desdramatizar los hechos, cosa que hay que agradecer. Garrido demuestra algo básico: conoce perfectamente el mundo de las cofradías. Se mete hasta la cocina. Y sale de ella triunfante. Con tanta barrila sobre la seguridad, tanta obsesión por las cámaras y tantas gaitas, los golpes de humor de Garrido son una bendición. Más golpes de palermo hacen falta.