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La dimisión de Sainz de la Maza: la cantera de piedras está intacta

El Fiscal | 17 de junio de 2018 a las 5:00

Entrevista con Joaquín Sainz de la Maza, nuevo presidente del Consejo de Cofradías

HAN sido los servicios de inteligencia americanos. Esto es cosa de Trump, agobiado por el exceso de protagonismo del pregón del caracol de Luismi Martín Rubio. Es lo que tienen los espías: provocan cortinas de humo para despistar, para acabar con la ola de notoriedad que han alcanzado quienes no interesa que asciendan en la escala social. Se lo iba a preguntar esta semana a Julio Cuesta, que sabe mucho de los Estados Unidos, pero no lo voy a molestar, porque veo clarísima la jugada. Los yanquis, ya se sabe, siempre están detrás de todo fenómeno inexplicable. Lo proclaman las pintadas de la cartelería de la A-49: “Si te zumba el oído, te espía la NASA”. Y han ido esta vez a por el Consejo. Es que estoy viendo la llamada del Pentágono a la Gendarmería Vaticana: “Tiene que dimitir este señor de los cafés, tiene que dimitir porque esto se nos está yendo de las manos”. No se habla de otra cosa en Sevilla que de la exaltación del molusco de Martín Rubio. Que si la Fundación Cajasol de Antonio Pulido quiere editar el texto, que si ya hay varios posibles presentadores para el acto, que si se debía hacer el año que viene en el Lope de Vega, que quién repartió las invitaciones tan malamente que se enteró tan poca gente… Se acabó. Una buena dimisión y todos los mochuelos a su olivo. Ya no se habla más del caracol. Que la gente habla demasiado, oiga. Yescribe también demasiados mensajes. Cuánta maldad, cuánto ocio, cuantísima mirada tras el visillo… Fue dimitir Sainz de la Maza y todo el mundo dejó de hablar del pregón del caracol. Efecto conseguido. La guerra inteligente es así. Ocurrió como con el vídeo de la detención de los gamberros de la Madrugada, que se vio con toda claridad que no había yihadistas, ni enemigos de la Semana Santa con turbantes, ni camiones calentando en el Charco de la Pava (sin segundas) para irrumpir en el centro de la ciudad en hora punta. Todos se callaron de pronto. ¿Pero no erais todos expertos en lucha antiterrorista, control de masas y medidas de seguridad? Un cofrade tras una madrugona era como un tertuliano en los días de la yihad: sabía de todo. Qué palizas. Pero enmudecieron. Vaya por Dios, se nos rompió la teoría de la conspiración de tanto usarla.

Ahora no podían dejar que el pregón de caracol eclipasara al de Semana Santa. ¡A dimitir, don Joaquín! ¡Hay que salvar la Semana Santa, hay que acabar con los elementos secundarios y la banalización! Se acabó Sainz de la Maza en el Consejo como se nos fue Ecovol, Munarco y el cine Fantasio.

–¿Por qué lo tapas?
–Tápate tú con la manta Paduana y entra en calor, a ver si te quitas esa cara de manigueta.

Definitivamente han sido los espías. Quieren elecciones urgentes. La Moncloa (San Gregorio) a toda costa. Un desembarco como el de Pedro Sánchez. Moción de censura exprés. ¡Zas! Ay, ay, ay, que me sabe a Calisay. Quieren hacer torrijas en junio. Humo, humo y más humo. Y todos buscando teorías. Yo era de los que creía que todo se debía a que el chaqué se le había quedado chico al presidente. Se le vio algo incómodo en el Corpus y pensé que no ha visto mejor hora para darse el piro. Pero los espías me explicaron lo del caracol. Y hay que reconocer que han sido finos haciendo sus deberes.

–Que parezca que ha sido todo voluntario.
–Estamos en ello.
–Y dejad que la gente largue, eso nos ayudará todavía más a que se olviden del tío del caracol.

La verdad es que el espionaje norteamericano lo ha tenido fácil. Aquí la gente no es que largue, es que sienta cátedra. ¿Pues no que sabía todo el mundo lo que iba a pasar? Todos conocían el día y la hora en que se iba a producir la dimisión. No hay cosa que le guste más a esta ciudad que clavar una banderilla corta al toro pasado. “Ya te lo dije”. “Yo lo sabía”. “¿Te acuerdas que te lo conté con todo detalle?”. Ojipláticos están los espías de cómo colaboran los ciudadanos de Sevilla, blonda y mantilla. La dimisión ha sido el sonajero para frenar la ola de notoriedad del pregonero del caracol, para que todo se centre en lo que verdaderamente importa: el Pregón por antonomasia. Si el Rey abdicó para salvar la Monarquía, ¡cómo no iba a dimitir don Joaquín para salvar nada menos que la Semana Santa!

Qué espías más finos estos americanos. Están asombrados, además, porque la cantera está intacta. Nadie se atreve a tirar la primera piedra. Y todos se han puesto a largar en privado mientras comen caracoles. Quede claro que yo me pido cabrillas. Es por disimular, ¿sabe usted? Porque yo lo sabía todo. Por eso lo publiqué tal como me lo dijeron ellos. Los espías. Y eso que en inglés ando cortito, muy cortito. A todo lo que me decían respondía siempre lo mismo: “Yes, yes… In the morning”.

Jueves
El presidente se reunió por la tarde con todos los consejeros. Se consiguió la asistencia de todos. La sesión era informal, sin orden del día ni levantamiento de acta. Habló, explicó, formuló algún lamento y hasta alguna crítica. Ya saben ustedes:razones personales. Hubo algún momento de tensión, finalmente disuelto. Y un mensaje:“Me voy con la conciencia tranquila del deber cumplido”.
El futuro
Antonio Piñero tiene la facultad para decidir si quiere agotar el mandato o marcharse tranquilamente a casa. La autoridad eclesiástica no quiere elecciones, sino continuidad, una transición tranquila. Para eso están los estatutos. A don Carlos Bourrellier en su momento se le pidió la convocatoria de elecciones (este Fiscal incluido) y que se presentara a los comicios si quería ser presidente. Y Bourrellier pilotó –no sin dificultades ni polémicas– la nave del Consejo hasta el final. Se lo pidió la autoridad. Y obedeció. ¡Qué remedio! Las circunstancias, todo sea dicho, no eran exactamente las mismas.
El pertiguero
Primer golpe. ¡Qué menos! Si Piñero apuesta por continuar de acuerdo con los estatutos, deberá tener manos libres para designar a un vicepresidente con el debido aval de la jerarquía eclesiástica. Segundo golpe. El presidente fue libre para tomar su decisión. No se le forzó en ningún momento. Tercer golpe. La carta de dimisión todavía no está entregada. Hay días por delante, tiempo suficiente para dejar rematadas las gestiones. Yciriales arriba. Si Piñero se marcha porque no lo tiene claro o porque no encuentra un número dos idóneo, ocurrirá lo que la autoridad eclesiástica no quiere. Atentos.

El lagarto de la Catedral: “Te aseguro, siempre inquieto Fiscal, que Félix Ríos es ya el seglar favorito de Palacio, el hombre de referencia. Ha desplazado de ese puesto a tu amigo el magistrado. Sí, sí, sí. No me mires con esa cara y hazme caso. Recuerda que nunca te oriento mal”

El pregón del caracol

El Fiscal | 10 de junio de 2018 a las 5:00

La Mina  Pregón del Caracol a cargo de Luis Miguel Martín Rubio

CUANDO el mundial de fútbol en Corea y Japón se comprobó en España la cantidad de gente que no tiene nada que hacer por las mañanas, o que tiene una gran flexibilidad para quitarse del currelo y dejar de darle a los pedales de la productividad. Los bares de Sevilla, como los de Madrid y como los de muchas ciudades de España, se llenaban de clientela rojiblanca a las diez o a las once de la mañana para ver correr a los de Camacho hasta que cayeron en cuartos de final, como de costumbre hasta 2010. España es una nación (por ahora) donde la gente está muy ocupada hasta que, sencillamente, deja de estarlo. En Sevilla se apreció con nitidez el pasado lunes, con ocasión de la II edición del Pregón de Caracol.

–¿Pero eso existe?
–Ahora se lo cuento.

El acto no era a las ocho y media de la tarde, cuando se convocan la mayoría de las citas sociales en los salones de Cajasol o la Caja Rural. No, no, no. El pregón era a las dos de la tarde en el bar La Mina. El que no ha estado nunca en La Mina no sabe lo que es una taberna en Sevilla. Y la Mina estaba hasta la corcha de un público que se hartó de reír con las ocurrencias y la gracia de Luis Miguel Martín Rubio. Pero no crean que estaba aquello repleto de parados deseosos de trincar una espumosa sin pasar por taquilla. Repetimos: no, no, no. Allí había tanto personajes de la ciudad como grandes aficionados al género, pasando por empresarios y seguidores incondicionales de Luismi. Y era lunes a mediodía, oiga. El maestro Olivencia recordaba habitualmente la cita del si quieres que algo se haga en plazo debes encargárselo a una persona ocupada. Es la forma de asegurarse el éxito. En Sevilla, si quieres llenar de verdad un acto, debe ser restringido y en horario laboral. La II edición del pregón del caracol fue un exitazo, sobre todo cuando Luismi rimó cabrilla con Sevilla… ¡Eso es un pregón digno de un molusco tan preciado! Cómo no, expuso la dualidad entre el caracol y la cabrilla, que no sólo rimó con Sevilla, sino también con orilla, del Guadalquivir naturalmente. Luismi es el poseedor de la gracia. Cae bien porque siempre tiene un minuto para usted, aunque vaya con prisas. Luismi se quedó sin carrera política municipal cuando fue enviado al frente cordobés de Cajasur. De Agesa a la caja de ahorros del Cabildo Catedral que ya estaba al borde del golletazo. De la Cartuja, con opciones casi diarias de proyección en Sevilla, a la lanzadera cotidiana hacia Córdoba a las siete de la mañana. Qué astuto fue el que mandó a Luismi a echarle una mano a los curas en Córdoba. ¿Quién sería?

Por fortuna llegó para Luismi uno de los momentos más anhelados de su trayectoria pública. No todo en la vida son baches como el premio envenenado de Córdoba. ¡Por fin ha dado el pregón del caracol! Subido en lo alto de una caja de botellines, ligando rimas imposibles y cantándole a algo tan serio como es el manjar predilecto de las primaveras altas.

Luismi suena para el pregón de los apartamentos turísticos, para el pregón de la SE-30, para el pregón de las despedidas de soltero, para el pregón de las bicicletas, para el pregón de las peatonalizaciones, para el pregón del AVE Sevilla-Huelva y hasta se perfiló para el pregón del congreso provincial del PP donde todos éramos de Juan Bueno hasta que fuimos siempre, siempre, de Virginia y Beltrán Pérez, dualidad particular de Sevilla que rima con cabrilla tomada bajo la sombrilla. O encima de una esterilla.

Sevilla es un continuo pregón, un eterno receso de los problemas del día a día, un motivo perpetuo para hacer algo tan serio como reírse. Sí, se apreció con claridad el pasado lunes. Como se vio en toda España aquel 2002. “¿Pero no tenéis que trabajar, criaturas mías?” Siempre lo preguntan los envidiosos. “Todo el día dando pregones”. Siempre lo proclaman los resentidos. “No hay día sin fiestorro”. Siempre sueltan el dardo los que tienen gatos en la barriga. En el fondo es porque todos quieren ser Luismi, todos querrían poder escaparse del trabajo o de casa nada menos que un lunes.

Sevilla es un atril con cola de espera donde o das un pregón o te lo dan. Ni un español sin pan, ni un sevillano sin pregón. Arrepentido, el lunes por la mañana estabas arrepentido, porque Luismi dio el pregón del caracol… Y tú no habías ido. Pringao, estabas trabajando.

Pregonero
Dicen que al Consejo han llegado fuertes presiones desde los días de Feria para imponer a un pregonero en particular para 2019. Recuerden que se elige en septiembre. Incluso se refieren todopoderosos padrinos de la operación. Nanai. Los supuestos avalistas o mentores ya han dejado claro que ellos no tienen absolutamente nada que ver con la iniciativa por legítima que sea.

Hace 25 años
El martes se cumplen exactamente los 25 años de la llegada del Papa Juan Pablo II. Lo que mejor recuerdan los sevillanos es la imagen del pontífice de rodillas ante la Pura y Limpia en altar de la Statio Orbis. La fotografía se exhibe enmarcada en la capillita del Postigo. Pasar por allí estos días puede ser la mejor forma para recordar aquella visita de la que hay que hablarle a las nuevas generaciones.

El pertiguero
Primer golpe. Los Estudiantes. Se buscan donantes para costear el nuevo paso del Cristo de la Buena Muerte. Segundo golpe. Oído en San Gregorio: “Te dije que la clave era no decir tan pronto que no al intento de reforma de la carrera oficial, sino dejar que los de siempre mareen la perdiz. Y cuando tengamos en la mesa los mantecados, entonces decimos que no con rotundidad. Y en ese momento ya no da tiempo a seguir elucubrando de cara a 2019 y no hay más remedio que dejar el debate para 2020”.  Tercer golpe. Días de felicidad en el taller de los Hermanos Delgado. El encargo de la corona para la Virgen del Rocío, patrona de Almonte, sigue teniendo un gran eco. Y ciriales arriba. Verídico. Sí, me escribió Irene Gallardo cuando estaba en Jerez. Yle dije que estaba casualmente en un sitio llamado… Canela y clavo.

El lagarto de la Catedral:

“Querido Fiscal, te aseguro que a nadie le ha sorprendido la última lista de nuevos cardenales. En Sevilla se tiene muy claro que los tiempos son ahora muy distintos, que la diócesis no puede aspirar a nuevas púrpuras. Por eso no ha sido ninguna sorpresa”

 

Adiós a Eduardo Recio y Manuel Lozano, dos cofrades auténticos

El Fiscal | 3 de junio de 2018 a las 5:00

Recio

HEMOS tenido el inmenso privilegio de conocer el Silencio de Eduardo Recio, trato exquisito, saludo formal de los de antes, cuerpo enjuto, túnica añeja, formas únicas de vestir al Nazareno, señor que se ve venir de lejos y se paladea de cerca, hondo sentido del humor, y el Valle de Manuel Lozano, poeta, con tacto para todas las tareas creativas, fiel a la Anunciación, siempre con la ilusión de una mañana de Jueves Santo, un entrevistado de largas parrafadas propias de quien tenía mucho que contar. Esta semana se nos han ido dos cofrades auténticos en una Semana Santa sofisticada, dos cofrades que las nuevas generaciones deberían conocer, dos cofrades con señorío natural, lejos de imposturas, dos cofrades que hicieron de sus devociones el eje de sus vidas. Fueron católicos al sevillano modo, entendieron la sede de su hermandad como el acudidero de sus días, como el refugio cierto, como la prolongación de su casa. Yo veo hoy a Eduardo Recio levantar el esterón para entrar en San Antonio Abad, escrutar cuántas personas hay en el templo con ese gesto inicial de cierta desconfianza y sentarse, ya relajadamente, en esos bancos antiguos maravillosamente incómodos, recta la espalda y la vista al frente, a charlar en silencio con el Jesús Nazareno que siempre lo aguarda en su hornacina de oro. Lo veo llegar a San Antonio Abad en una Madrugada metida en cielos panza de burra, con el final del Jueves Santo desarbolado por el agua, y tener claro en una tertulia del patio, búcaros, cigarros y antifaces al hombro, que la cofradía del Silencio no puede permitirse hacer “ninguna tontería”. Y no se hizo. Claro que no.

Veo a Manuel Lozano escribir en la sacristía de la Anunciación, que Palomino le ha abierto a deshoras la puerta de la calle Compañía porque estaba limpiando candeleros. Lozano escribe entre cuadros de Hohenleiter, bulas papales enmarcadas, elegantes fotos de Fernand. Por allí están Lucas Maireles, Javier Mejía con la cámara de fotos, Rafael Molina fijando la fecha de la fundición de la cera, Miguel Ángel Osorno con un manojo de llaves que tintinea… Cuántas horas de hermandad y de devoción han acumulado estos dos cofrades, que nada sabrían de redes sociales, sino de vivir con coherencia su hermandad y sus devociones con la fidelidad aprendida desde niño.

Lozano se extasia mirando al Cristo de la Coronación en su último altar de cultos, cera tiniebla, clámide, faroles de plata. Va de maniguetero de la Virgen del Valle hasta el final, ayudado con un bastón. Eduardo Recio está poniéndole las potencias al Nazareno de ojos grandes, cuello erguido y mirada mansamente altiva.

Ha pasado la Semana Santa. Recio llega al cielo como un señor: trajeado y con un ramillete de azahar que asoma con gracia por el bolsillo alto de la chaqueta, símbolo de la Resurrección en la que creen los primitivos nazarenos de Sevilla, con una fe a prueba de avalanchas. Nunca tiraron a este Eduardo de figura espigada. Como el Nazareno de sus devociones. Siempre con la vista al frente.

 

Lozano

El alférez Moeckel

EN Sevilla nos hartamos de aplaudir al Ejército en la procesión del Corpus. Es una suerte de ad calorem muy necesario para la tropa en estos días que corren. Emocionante si cabe. Seguro que los soldados lo agradecen en esta nación donde tanta falta hace el fomento de la cultura de defensa. También hay otra forma de apoyar al Ejército de hoy, que es haciéndose reservista voluntario, lo que ha logrado Joaquín Moeckel, ex hermano mayor del Baratillo. Fíjense si hay vida después de ser hermano mayor, que Moeckel no ha parado desde entonces de emprender iniciativas en beneficio de la sociedad. ¿Recuerdan la restauración del Salvador, las gestiones para que los afectados de la explosión de las Letanías recuperaran su casa, o el debate sobre la normativa jurídica de las hermandades? Algunos se han sorprendido al verle de uniforme, señal de que ha superado su primer período de instrucción militar, del que saldrá con el empleo de oficial en la categoría de alférez del Ejército de Tierra, adscrito a los servicios del Cuartel General de la Fuerza Terrestre que gobierna el querido don Juan Gómez de Salazar.
Se llama compromiso. Se llama ausencia de complejos. Y se llama la fuerza del carácter, ¿verdad Félix Machuca? En tiempos de zozobra hace falta dar testimonio, ora en las hermandades, ora en el Ejército. Moeckel se aplica a sí mismo el lema de las manifestaciones: No nos mires y únete. Y se ha unido al Ejército por el que siempre ha sentido una honda emoción.
Cuando algunos se recluyen tras ser hermano mayor, otros siguen canalizando esa fuerza en la que unos ven la muestra de una sociedad civil pujante y otros la coherencia con una forma de ser. ¡Y decían que no daba el perfil para otras tareas! Menos mal, don Joaquín, porque si llega usted a darlo para otros menesteres, a lo mejor nos privamos de verle sirviendo como alférez. Y está claro que el Ejército ha salido ganando. Y la cultura de defensa.

Foto MOECKEL2

 

Impresentable
Así resulta no el número de los asistentes, sino la actitud de muchos de los que acuden a la procesión. Gafas alzadas como policías de pueblo que ponen multas, tíos de chaqué con las manos en los bolsillos, cofrades con el teléfono móvil, charletas interminables en señores ya talluditos… Oiga, que se trata de acompañar al Santísimo Sacramento. Convendría enseñar al que no sabe y corregir al desahogado.

De las novedades
Las novedades en la procesión resultaron raras. Esas lecturas con megafonía en algunos puntos del recorrido provocaron cortes en el cortejo. Y chirriaron un poco. Lo de los cánticos estuvo bien. Eso sí. Genera un ambiente propicio para una procesión eucarística.

El pertiguero
Primer golpe. Oído en la Plaza Nueva. “Lo de la calle del cardenal Amigo se ha retomado, esperemos que haya una solución satisfactoria antes del final de mandato”. Segundo golpe. Oído en el Consejo: “Qué mala cara llevaba el subdelegado del Gobierno en la procesión del Corpus. Sabría ya que la moción de censura prosperaría, ¿no? No puede haber otra explicación. Se nos va don Ricardo y perdemos el apoyo a ciertas reformas de la Semana Santa para reducir el número de nazarenos”. Él estaba muy implicado en esta iniciativa. Tercer golpe. Oído en la collación de Santa Catalina. “¿Y si nos toca el premio y tenemos un hermano ministro del Gobierno de España o delegado del Gobierno en Andalucía? Celis siguen siendo muy querido en la hermandad”. Y ciriales arriba. Oído en la Plaza del Cristo de San Agustín. “¿Sabes que uno de los hermanos más antiguos de la nómina de San Roque es ahora mismo el ex alcalde Alejandro Rojas-Marcos?”.

El lagarto de la Catedral:

“Mi querido Fiscal, ¿te fijaste  en lo nutridas que eran las representaciones de seminaristas y sacerdotes en la procesión del Corpus? Mucho hablar de los cofrades, que asisten en número insoportable, pero habría que empezar por dar ejemplo, ¿no crees?”

 

Lección sencilla de amor un Domingo de Ramos

El Fiscal | 25 de marzo de 2018 a las 5:00

Basílica de la Macarena.. La Macarena ya estará en el paso. Fotos para dar del día.

La mujer de avanzada edad tenía clavada la mirada en aquella cara con la fuerza con la que caen los cuatro zancos de un paso de misterio en la última arriá. Hundidos los zancos hasta el próximo año, fijada la mirada en su tez morena. Aquella señora comenzó a bisbisear, después elevó el tono de voz y, al final, estaba conversando con la Virgen como lo hacen dos vecinas que se tienen la una a la otra como protagonistas de su vida cotidiana, bolsas del mercado que cuelgan del antebrazo, carritos de la compra en vertical durante la parada y el rabillo del ojo centinela para evitar hurtos. A la Madre de Dios no le decía madre, la llamaba hija, cosa que sólo ocurre en esta ciudad. “Qué bonita estás, hija. Eres guapa, porque lo eres, pero hoy estás bonita, rematadamente bonita”. La cola de devotos adelantaba a la devota mientras ella seguía detenida con su locura de amor, con el ancla de sus ojos echada en la mar infinita de la Virgen. “Mañana voy a venir a verte otra vez, flor de mis días, ilusión de mis horas, ¡bonita, que estás muy bonita!”.

Esa mujer, de pronto, me miró. “Niño, ¿has visto qué guapa está?”. Yo busqué el refugio rápido de mi madre, que me tenía enseñado que no se habla con desconocidos. Mi madre fue quien atendió la amable pregunta de la señora y le ofreció una breve conversación con tacto y, con el tiempo, aprendí que lo hizo con todo el cariño. Todo ocurrió donde lo hacen las cosas grandes de la ciudad, a la vera de ese paso de palio que era el pórtico elegido durante muchos años para comenzar mis mañanas de Domingo de Ramos. Mi madre me explicó que hay personas que no tienen con quien hablar, que quizás están solas durante el día y que necesitan que alguien les ofrezca la hermosa caridad de una breve charla, el afecto de algún comentario cómplice, o una simple mirada cálida que enternezca los ojos gélidos de los que están solos porque, quizás, perdieron ya a quienes les miraban.

Yo había acudido a ese templo, como siempre, a comenzar mi Semana Santa delante de aquella Virgen, en aquella basílica por la que revolotean querubines y danzan las esmeraldas. Aprendí que aquella mujer hablaba con la Virgen porque la sociedad se había quedado sin tiempo para las personas mayores. Yo iba buscando el oro de Juan Manuel, los claveles del gozo, la candelería perfecta, los destellos del dragón. Iba buscando los ‘ochitos’ de oro de la túnica del Sentenciado, la mirada baja de Pilatos, el plumerío blanco de los rostros marciales. Yo iba buscando bordados, esplendor, belleza para comenzar a lo grande mis días grandes, la arquitectura delicada de un altar de insignias, el ambiente de júbilo de un atrio, el abrazo fraternal de las mejores horas. Y me encontré con una lección de amor inesperada. Aprendí que hay imágenes que no sólo tienen el poder de hacerte sentir vivos a los muertos por un instante, o el poder de provocar una fugaz espiritualidad en los descreídos. Hay imágenes capaces de oír, capaces de expresar ternura con la mirada. Me encontré más, mucho más de lo que yo esperaba. De aquel día sólo recuerdo que la Virgen de la Esperanza escuchó a aquella anciana, nunca dejó de mirarla, sólo tenía ojos para su rostro cuarteado, sólo tenía calor para mitigar su soledad, sólo emanaba amor para darle fuerza a sus días como una madre que amamanta a un bebé para que nunca le falte energía. Aquel Domingo de Ramos aprendí a ver a la Macarena como la Virgen que habla con quienes no tienen compañía, que regala sus ojos a quienes no reciben ni el obsequio de una mirada. Fui buscando la corona de la Esperanza, el brillo de su cruz de guía, el Niño Jesús de Nazareno, cíngulo del gracejo en su pequeña cinturita de merino y pasamanería, fui buscando la estampa de recuerdo de mi anual visita, fui buscando contar, otra vez, las esmeraldas de sus mariquillas, esos brotes verdes que alumbran el mejor regazo de Sevilla. Fui buscando la consulta curiosa a la nómina de la cofradía, quién será el más antiguo con cirio verde, por qué nunca salen bocinas. Fui buscando el abrazo de mi amigo Manolo García, el paseo por San Luis, sol de cara, adoquines y parada en alguna cafetería, pero no es hora de oloroso, no vayamos a comenzar tan pronto el día… Todo eso busqué en tu templo, en tu casa, en el calor de tu hornacina, y me di de bruces con la gran verdad escondida: tú eres quien acompaña a los que están solos en la vida, divina tertuliana de quienes cuentan ya sus días. Qué gran verdad te dijeron al nacer la Semana Santa. Qué pregón te dio aquella mujer de plaza de abasto, mercado, pescadería, qué declaración de amor, qué media verónica brotó de sus labios, filigrana de amor, requiebro oral de artesanía, qué verdades más rotundas te dice la gente sencilla, como los niños que sueltan las grandes verdades de la vida: “¡Esperanza, eres guapa, pero hoy estás bonita!”.

La palma que pide Buena Muerte

El Fiscal | 24 de marzo de 2018 a las 5:00

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HAY calles estrechas que piden pasos de palio para que sus muros besen la orfebrería de los varales, balcones que son atalayas de la emoción para lanzar saetas, plazas que se alían con la noche para acoger a una cofradía en la intimidad de su trama urbana. Hay lugares que lo tienen todo: el espacio justo, las casas, los balcones, los naranjos… Sitios hechos para cofradías preciosas. Y hasta hay palmas rizadas que piden acariciar la Buena Muerte, que parecen anunciar la llegada del Señor de los lirios morados. Hay una palma con reflejos dorados para iluminar esa tarde que se irá tornando azul, un azul Contratación. La plaza tiene la horma de la cofradía de la Universidad. Por ella pasa siempre la cofradía poblada de penitentes. Y hay una palma con fondo de colgadura de damasco rojo en una casa que es el San Onofre particular del Dios de la Universidad. Todo el año hay en ella oraciones para el Cristo de los Estudiantes.

Antonio Garrido

El Fiscal | 21 de marzo de 2018 a las 5:00

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EL humor es algo tremendamente serio. El humor es el lubricante de la vida cotidiana. El humor es fundamental en todos los ámbitos. En las cofradías, por supuesto, sobre todo porque se tiende con facilidad a un misticismo de escaparate. Los vídeos de El palermasso son la prueba evidente de que no hay tema delicado, sino enfoque desacertado. En todos los vídeos que protagoniza Antonio Garrido hay un enfoque atinado. En el último se tratan hasta las polémicas carreritas de la Madrugada de una forma que contribuye a desdramatizar los hechos, cosa que hay que agradecer. Garrido demuestra algo básico: conoce perfectamente el mundo de las cofradías. Se mete hasta la cocina. Y sale de ella triunfante. Con tanta barrila sobre la seguridad, tanta obsesión por las cámaras y tantas gaitas, los golpes de humor de Garrido son una bendición. Más golpes de palermo hacen falta.

El pregonero auténtico

El Fiscal | 18 de marzo de 2018 a las 22:00

PREGON SEMANA SANTA 2018

UNO soporta con resignación la losa de casi treinta pregones vividos en directo o con especial atención a la radio, una marca que no merece celebración alguna, más bien que se corra una discreta cortina. Por el escenario ha pasado casi de todo. De José Ignacio del Rey Tirado no diremos que es buena persona, que es casi lo peor que se puede decir de alguien en esta ciudad. Diremos cosas mejores. En cuanto supimos de su designación nos alegramos muchísimo, porque es una persona que conoce las cofradías con profundidad. Y ha contado con una enorme ventaja: su bajísimo grado de expectación. Esta circunstancia le ha beneficiado mucho. Su gran virtud es haber escrito un pregón auténtico. Y eso es de agradecer. Quien esperaba un pestiño se ha encontrado con una torrija muy dulce. El precioso pasodoble Suspiros de España sorprendió gratamente, hay que reconocerlo, pero quizás el orador anduvo excesivamente pausado en la dicción al llegar a ese pasaje. Las notas de humor fueron geniales, fundamentalmente porque así es él, y porque demostraron que se conoce al dedillo la vida interna de una hermandad y cómo una familia completa vive todo el año en torno a una cofradía. Eso sólo lo saben quienes lo han vivido, o quienes se aproximan con humildad al mundillo de las cofradías, que aquí cabemos todos, oiga. Los mensajes de actualidad, muy meritorios. Yo le agradezco personalmente la alusión a la desaparecida hamburguesería Dulio (ay, aquellos sobrecitos de patatas de los que siempre se derramaba alguna por el camino) y a la taberna El Rinconcillo. Preciosa la defensa de los monaguillos, sublime el canto a la cofradía de la Universidad y a la alianza entre la cultura y la fe. En definitiva, nada de lo oído me sorprendió conociendo la trayectoria de compromiso del orador, su afinado sentido del humor y la familia de valores en la que se ha criado.

Baltasar

El Fiscal | 8 de marzo de 2018 a las 5:00

El deseo de Baltasar 2018 se ha cumplido. Baltasar es mago de la palabra y, además del pico de oro y de otras habilidades, tiene una taberna la mar de animada en la Plaza del Salvador, en las que da gusto, mucho gusto, parar y que te invite a un dedito de oloroso (seco, por favor) con derecho a bolsa de patatas fritas. Baltasar le pidió este año un deseo al delegado de Seguridad en lo alto del escenario de entronización del Niño Jesús. Fue el pasado 3 de enero, al oído, pero con testigos: “¡Juan Carlos, por Dios! Nos vais a matar a los bares en Semana Santa con tanta orden de cierre!”. El decreto del que hoy informamos permite a Baltasar tener las mesas altas de su taberna bien desplegadas por la plaza, como los legionarios en el campo de maniobra, o replegadas junto a la pared al paso de una cofradía. Los veladores se quitan, las mesas altas como las del Salvador se quedan. El deseo de Baltasar se ha cumplido. Qué fuerza la del rey. Sevilla, blonda y mantilla.

El Penitente

El Fiscal | 2 de marzo de 2018 a las 5:00

HISTORIAS del ayer trufadas con ciertas leyendas, hechos escabrosos de la Guerra Civil, vírgenes rotas, crucificados salvados, un estilo inconfundible de mandar los pasos, una voz que persevera en la memoria de quienes aprendieron a su vera, un ramillete de cofradías que luego, así son las cosas, son mandadas por quienes fueron sus aprendices. El mítico capataz es El Penitente para quienes lo conocieron. Y simplemente “Salvadó” para los que trabajaron con él. Por supuesto que se merece una calle quien sigue estando muy presente en la vida de las cofradías, no sólo en las fotografías en sepia de Martín Cartaya. Hoy tal vez se llevaría las manos a la cabeza con tanto preparador físico, tanto nutricionista, tanto costal ceñido a los ojos y tanto reglamentismo. El Penitente mandaba. Y punto. En los años de dureza no había fisioterapeutas. Se sabía sufrir.

Así nació la Corona

El Fiscal | 11 de febrero de 2018 a las 5:00

Corona

AHORA que está a punto de arrancar la cuaresma que nos conducirá a una Semana Santa marcada por la seguridad. Ahora que estamos a punto de estrenar esas tardes en que nos fijaremos en el precio de la torrija, en la pancarta que anuncia capirotes en San Esteban y en la agenda de actos y cultos. Ahora que la sofisticación ahoga la naturalidad y la pantalla del teléfono inteligente sustituye la tertulia. Ahora, justo ahora, es cuando quizás conviene recordar cómo nació una hermandad en aquellos años noventa en que ni había internet ni correo electrónico. En la Parroquia del Sagrario se afanaban un cura comoDios manda, el recientemente fallecido José Gutiérrez Mora, y un grupo de jóvenes animosos. El fax era de papel térmico y la máquina de escribir era la única muestra de máxima tecnología que Juan, el oficinista de la parroquia, utilizaba para la expedición de certificados de matrimonio y volantes de bautismo. Don José estaba en su plenitud vital y pastoral como número tres (pro-vicario general) del arzobispo Amigo. Todavía quedaban muchos años para que fuera cardenal.  Gutiérrez Mora quería que el Sagrario fuera de verdad una parroquia y no un templo anexo o auxiliar de la Catedral, del que salieron bancos para la boda de la Infanta Elena. El bar  Gonzalo era el santuario  de los desayunos antes de ser tomado por los turistas. El Patio de los Naranjos no tenía  máquinas de agua mineral que ocultaran muros del templo catedralicio. En la cripta había huesos de cardenales antiguos. Y don Juan Castro Nocera  deambulaba feliz por su Archicofradía Sacramental en permanente organización y perfeccionamiento del Corpus. Paco Navarro organizaba la Catedral. Fernando Ysorna pastoreaba las hermandades. Antonio Ríos presidía el Consejo. Alberto Jiménez Becerril era el concejal de Hacienda… Y un grupo de jóvenes de Arenal frecuentaban la parroquia para recibir la catequesis de confirmación. Para afianzar su presencia, el párroco les ofreció dar culto a la imagen de un Cristo olvidado en una de las Capillas laterales. Estaba en mal estado pero tenía un halo de nobleza quizás venida menos… Desde su presencia en la Magna Hispalensis de 1992 había despertado interés. Los  jóvenes empezaron a reunirse tras las misa  de doce de los domingos. Llamaron a sus amigos. Fueron sumando apoyos. Como suele pasar en la cadencia de la vida, hubo hasta primeros amores.  Se consiguieron unas andas y surgió el diamante en bruto de un vía crucis por el Patio de los Naranjos en plena Cuaresma. La  fotografía que ilustra este artículo  corresponde al término de un culto dominical. Poco a poco parecía que los niños de  la Corona se hacían un hueco en el mundillo cofradiero en aquella mitad de los años noventa , sin pretensiones y generando cierta simpatía.… Don José les dejaba hacer y el arzobispo, ya se sabe, tenía las puertas abiertas a nuevas iniciativas. Fueron haciendo camino al andar. Juan Garrido Mesa ayudó a redactar las primeras reglas. Así nació la Corona. Sirvan estas líneas de homenaje al párroco que animó a aquellos jóvenes. Bien haría la cofradía en honrar la memoria de Gutiérrez Mora con algún memorial anual, una beca en el seminario o una iniciativa similar.

Otto

Casi 300 años de fidelidad baratillera

La Semana Santa es la familia. Las hermandades son apellidos, sagas, personas en el sentido más romántico y hermoso. El Baratillo es don Otto Moeckel, que el otro día cumplió 89 años. Número 3 de la cofradía de su vida, en la que fue inscrito a los ocho años. En la imagen aparece con sus hijos Enrique, Emilio, Otto y Joaquín, todos ellos con 50 o más años de antigüedad en la hermandad. Enrique, por cierto, celebrará sus bodas de oro baratilleras el próximo domingo. Sumen los años de fidelidad a una corporación que hay en la fotografía: casi 300.

Capilla del Baratillo Meditación de Alberto García Reyes ante el Cristo  Va del día en el Fiscal

La ofrenda de la palabra

La Capilla de la Piedad tiene las dimensiones perfectas para la meditación, para ese ambiente de recogimiento que se remata con ese olor a Baratillo que asciende hasta la cúpula y embriaga el gozo. Anoche olió a Baratillo, a perfume caro,  en estos días previos a la liturgia de la ceniza. Alberto García Reyes dejó a los pies del Cristo de la Misericordia la ofrenda de su sentimiento, la belleza de su oratoria. Cera azul, Virgen niña, la noche de febrero marceaba ya en el corazón del Arenal mientras el periodista rezaba en público con las oraciones cultivadas en la huerta de su palabra.