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La Semana Santa se adapta

El Fiscal | 4 de abril de 2016 a las 5:00

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Cambiar los hábitos del personal es una tarea muy compleja y que suele llevar mucho tiempo. Por salirnos de la Semana Santa, ¿cómo se podrían recuperar las mañanas de Feria? ¿Hay alguna fórmula para que el público adelante varias horas la llegada al real de los Remedios? Otro ejemplo:la gente prefiere hace unos años vivir ya en las en las casetas el fin de semana previo a la fiesta, lo que obliga al Ayuntamiento a tener activados los servicios municipales tres días antes del alumbrao. El Ayuntamiento lleva varios años adaptándose a los gustos de la mayoría hasta tal punto que se anuncia una consulta popular para inaugurar la Feria directamente en la noche del viernes al sábado. Tendríamos una Feria de una duración similar a la de Málaga. Si la modificación de los usos y costumbres cuesta un mundo, la reeducación de ciertos sectores de la población es sencillamente imposible. Se demuestra –con cierta perspectiva ya– en el caso de la Semana Santa tras los serios avisos de 2000, 2008 y 2015. La principal conclusión de los tres primeros lustros del siglo XXI es que la Semana Santa de Sevilla está herida. Necesitada de tratamiento. En el actual gobierno de la ciudad hay quien prefiere decir que la Semana Santa ha estado “cogida con alfileres”. Las vallas en una veintena de puntos de la ciudad han sido parte de ese tratamiento, de esas medidas correctoras, para organizar a un público que mayoritariamente ha perdido el don del saber estar, esa capacidad para organizar dos corrientes en una bulla de tal forma que se podía elegir entre quedarse en la bulla o avanzar en una u otra dirección. Sí, también ha habido muchos más agentes de los cuerpos policiales. Lo vivido este año ha parecido más un plan de choque que un plan de seguridad. A la Semana Santa, a efectos de logística, le han aplicado el desfibrilador. Yestá viva. Una Semana Santa segura es posible, aun a costa de las vallas que han incomodado a muchos particulares, pero que han recibido el plácet de todos los estamentos oficiales. La Semana Santa se ha adaptado a los tiempos actuales. Como siempre ha hecho. El concejal socialista Juan Carlos Cabrera, por cierto, ha dicho una gran verdad: “La seguridad contribuye a enaltecer el sentido religioso de la Semana Santa”. Un socialista ha tenido que ser el que, desprovisto de complejos, ha proclamado una de las grandes claves, sino la más importante. Sin seguridad no hay nada. Sin seguridad no hay celebración. Y el sentido original y fundamental de la Semana Santa es el que es por mucho que tenga también impactos y beneficios desde el punto de vista económico y desde otros puntos de vista. No ha faltado quien ha denunciado que ha habido cofradías sin público por algunas calles. El plan deberá ir flexibilizando algunas medidas de cara a 2017, deberá mirar caso por caso para no alejar en exceso a las personas de los cortejos, ni permitir calles directamente desérticas. Los críticos en algunos casos, también hay que anotarlo, se han dejado llevar por las siglas políticas. Se entiende, pues el PP fracasó en la Semana Santa de 2015. Yeso dolió. Yel primer gran triunfo del gobierno socialista ha sido en la Semana Santa de 2016. Las cofradías no son ajenas a nada de lo que ocurra en su tiempo. Yeso incluye la coyuntura política. El resultado ha sido un éxito rotundo que deja un sabor agridulce por cuanto la conclusión es que los sevillanos necesitan las vallas en Semana Santa y muchos policías en las calles para saber hacer sin incidentes lo que siempre hacían. Aforadas algunas calles y reducidas las sillitas plegables, quedaría enseñarle al sevillano cómo debe moverse por las calles, pues eso de permanecer estático (y rumiando pipas) lo hace divinamente. Pero como decíamos al principio, la reeducación es imposible por mucho que seamos una ciudad de Esperanza, que lo somos. Mientras tanto, vallas.