El toro de Osborne

Jesús Cabrera | 4 de mayo de 2011 a las 13:01

La declaración como monumento del toro de Osborne de la cuesta del Espino por parte de la Junta de Andalucía hace justicia a estos elementos que llevan décadas enriqueciendo el paisaje de España y que quienes padecen graves lagunas formativas han desmontado de sus regiones con un escrúpulo que no da más que risa. Lo más valioso del toro de Osborne es el amplio repertorio de interpretaciones que ofrece al espectador. En su origen, hace poco más de medio siglo, no era más que el reclamo para vender una determinada bebida alcohólica. La exquisitez del diseño de Manuel Prieto, lo acertado de su ubicación en parajes singulares y la polisemia de su mensaje ha hecho que se convirtiera en algo más, que es lo que ha protegido la Junta al inscribir estos soportes publicitarios en el Catálogo General del Patrimonio Histórico. A partir de ahora su permanencia en nuestro horizonte está garantizada, lo mismo que estará penada cualquier acción vandálica en los mismos. Lo mejor de todo está por ver en estas fechas próximas, porque quienes padecen de resquemor no se van a poder aguantar las ganas y saltarán como un haba tostada. Será divertido ver la argumentación que utilicen para arremeter pobremente contra algo de una calidad incuestionable. La finalidad de la soflama será relacionar estos soportes publicitarios con la tauromaquia, algo que finalmente engrandecerá tanto a la propia fiesta como a los toros de Osborne. Al tiempo.

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