El negocio de las tapas

Jesús Cabrera | 5 de julio de 2011 a las 7:07

Hasta ahora las tapas eran delicias gastronómicas que se degustaban de modo informal acompañadas de una cerveza o un buen vino. Su característica principal es la brevedad, para así poder compartir otras especialidades. La tapa es el escalón inferior del servicio gastronómico, sin tener nada que ver con sus hermanas mayores, como la media ración, la ración, el plato o la bandeja, que son volúmenes inmensos que ahogan la delicadeza de la tapa. Pues la tapa es mucho más que todo esto, como ha dicho la voz autorizada de Celia Jiménez, la directora técnica de la Escuela de Hostelería Bodegas Campos. En una conferencia en una de los cursos de verano que aún persisten a la crisis afirmó ayer que la tapa es un modelo de negocio exportable a nivel internacional; es decir, que se preparen en Tailandia para las tapas de carne con tomate, que se ajusten los machos en Brighton cuando lleguen las banderillas con su pepinillo y su guindilla o que se rindan los de Riga ante el exotismo de las uvas con queso. Con toda lógica, Jiménez afirma que la tapa en Andalucía “es una forma de vivir la gastronomía”. Si ahora, encima, la convertimos en un objeto de negocio que gracias a la crisis se encuentra en un momento de auge, pues garantizamos la pervivencia de una seña de identidad que no ha sucumbido a los encantos de la nueva cocina porque tiene una autenticidad que nadie ha sido capaz de superar.

Los comentarios están cerrados.