El concejal pirómano

Jesús Cabrera | 12 de agosto de 2011 a las 7:00

Hoy que los flamencos le guardan luto a Moraíto Chico, el único cante que se escucha en España es el que ha pegado ese ayuntamiento cántabro que ha nombrado a un pirómano convicto y confenso como concejal de Medio Ambiente. En este caso, como en tantos otros, vemos que la política además de las leyes debería regirse por normas éticas. “Es que es legal”, argumentan siempre los que han comentido acciones de taparse la nariz cuanto menos. Sí, será legal pero no es ético ni estético, se le debería responder. Este concejal del PP podrá haber purgado su pena, cumplido con rigor su condena y estar socialmente rehabilitado, pero siempre estará estigmatizado por lo que hizo. El edil de Las Rozas de Valdearroyo fue condenado en 2006 a seis meses de cárcel y a 1.800 euros de multa, que a buen seguro habrá satisfecho, pero aunque quede limpio para la sociedad no lo está para la política. Esto no lo pone en ninguna ley pero nos lo han enseñado los paises que llevan una trayectoria democrática más dilatada que España. Como siempre ocurre aquí, a la vista de la que se ha formado, el PP le pide la dimisión y el acta de concejal, pero ya es tarde. El propio concejal tenía que haber sido conciente en el momento en que le ofrecieron el sillón que él provocó cuatro incendios el 4 de noviembre de 2001 y que ahora deberá combatirlos. Pero un sillón siempre es algo muy tentador que cuesta mucho trabajo rechazar.

  • de piel

    Reinserción social y no cadena perpetua. No se puede condenar a nadie de por vida. No es justo