El lenguaje político

Jesús Cabrera | 16 de agosto de 2011 a las 7:00

La separación cada vez más evidente entre la clase política y la sociedad, algo que las encuestas confirman con contundencia, comienza a tener consecuencias prácticas. Uno de los reproches que se les hacen a los representantes públicos es que no hablan el lenguaje de la calle, que viven en un mundo que está desconectado de sus votantes. En Uruguay han dado la voz de alerta. Resulta que allí se han dado cuenta que lo que escriben lo legisladores no tiene nada que ver con lo que hablan las personas normales y corrientes. Diversos estudios coinciden en señalar que el número de palabras que debe contener una frase no debería superar las dos decenas, para que el mensaje sea más directo y concreto. Descartes llegó a 74 y Proust, 39, lo que en la actualidad se consideraría farragoso. Estos record no son nada para los legisladores uruguayos, porque en sus textos las frases son cada vez más largas y han llegado a detectar una con nada menos que 127 palabras, como para no perder el hilo. ¿Qué solución han propuesto? Pues el establecimiento de un manual de estilo que regule esta circunstancia para evitar que los tribunales se vuelvan locos después buscando la interpretación más correcta de una frase interminable. Ahora sólo queda esperar a que sean disciplinados, que esta tendencia no se extienda por otros países, porque a la vista de cómo se legisla en España de aquí a pocos años se puede llegar a alcanzar este record de palabras por frase.

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