Orive y los cernícalos

Jesús Cabrera | 19 de agosto de 2011 a las 7:00

Son ya demasiadas las veces que ha quedado patente en este rincón el valor que tiene para la ciudad en general y para los cordobeses en particular el jardín de la casa de Orive, elevada erróneamente a la categoría de palacio por la megalomanía de unos pocos. Este pulmón verde del casco histórico es el último reducto que nos queda de unas zonas que fueron muy frecuentes en Córdoba siglos atrás. A un paso del centro se puede ver una arboleda y un jardín junto con una buena muestra de la mejor arquitectura del renacimiento cordobés. Todo esto está vivo, tan absolutamente vivo que la fauna que ahí habita se cuida con mimo. Por esto, la Delegación de Medio Ambiente dio ayer un paso más en la potenciación de la colonia de cernícalos primilla que de vez en cuando se suelen ver revolotear sin temor alguno a las campanas de la espadaña de San Pablo o el cercano campanario de San Andrés. No es éste el único punto del casco urbano en el que viven estas aves, pero sí es el más fácil para su observación y deleite. Estos cernícalos, que no tienen ni una pluma de tontos, han escogido los edificios más selectos de la capital para plantar sus nidos. En La Compañía, Santa Victoria, la Mezquita-Catedral, el Palacio Episcopal, la Biblioteca Provincial, San Agustín o el viejo asilo de Madre de Dios dan continuidad a una riqueza faunística que a muchos pasa desapercibida por estar mezclada con una vida urbana que no entiende de estas sutilezas.

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