Suciedad en el pavimento

Jesús Cabrera | 29 de agosto de 2011 a las 7:00

El Ayuntamiento de Mijas no se lo ha pensado dos veces y ha decidido multar con dureza a quien vea tirar un chicle usado al suelo. No es que Mijas sea el municipio que más chicles consume por cabeza, sino que es donde tienen una mayor sensibilidad y han decidido que el pavimento de las calles no se puede seguir ensuciando de esta manera. Hay materiales que son más resistentes a la adherencia de estas gomas de mascar, pero el granito, que se ha puesto de moda en todo Occidente, es el más absorbente de los que se pueden encontrar. Al rato de caer un chicle y con un par de pisotones ya tenemos una mancha negra circular, perfecta, sobre el pavimento que no se elimnará hasta pasadas un par de generaciones. Observen las proximidades de bares, restaurantes y comercios. A la hora de entrar en ellos es cuando se decide prescindir del chicle que ahí queda para la posteridad. Si esto ocurre sobre el granito, sobre el asfalto ocurre algo parecido, aunque con otro elemento, el papel de aluminio. En este caso, las manchas que quedan sobre el suelo no están tan generalizadas sino que se prodigan en las inmediaciones de los colegios. Cuando pasen por la puerta del López Diéguez miren las motas metalizadas que brillan incrustradas en el asfalto. Son la huella de que los alumnos cuando salen de clase tienen hambre y atacan directamente al bocata con tal fruición que no se esperan a tirar el papel en la primera papelera que encuentren en su camino.

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  • Máximo

    Tres cuartos de lo mismo ocurre tras las procesiones de Semana Santa, sumado, eso sí, al riesgo para la seguridad de los viandantes y vehículos que supone la cera (virgen, claro).
    Un saludo.