Los bancos buenos

Jesús Cabrera | 30 de noviembre de 2011 a las 7:00

La imagen que en la sociedad de prácticamente todo el mundo tienen los bancos de toda la vida se ha deteriorado de forma tan grave que parece irreversible. Ellos se lo han buscado. Estas entidades financieras han incrementado su voracidad en tiempos difíciles en los que la sociedad no sólo se ha apretado el cinturón sino que muestra una solidaridad que tiene ribetes heroicos. Además, han contado con la complicidad de los gobiernos que les han inyectados los fondos necesarios para su supervivencia mientras no han tenido el más mínimo gesto de benevolencia hacia sus modestos clientes. Por tanto, su desprestigio social está más que justificado. Mientras su imagen caía, a la vez subía las de otras entidades, muchísimo más modestas y tremendamente más benefactoras de la sociedad necesitada que tienen la desgracia de compartir el nombre, pues también se llaman bancos. Son los bancos de alimentos, unos colectivos que han acentuado su actividad desde que la crisis comenzó a enseñar sus garras. Ellos, junto a Cáritas, sí que saben la realidad de los estragos que la situación económica está causando en personas concretas que tienen nombres y apellidos, más allá de las macrocifras frías e impersonales. Los bancos de alimentos, entre ellos el de Córdoba, incrementan en estos días su actividad para aliviar, gracias a la solidaridad de los cordobeses, unas carencias en las que no están exentos de culpa los otros bancos, los malos.

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