El sótano del Prado

Jesús Cabrera | 3 de febrero de 2012 a las 7:00

En el Museo del Prado deben estar que trinan, mientras los novelistas dan botes de alegría. Las noticias conocidas el miércoles sobre la Gioconda de la pinacoteca madrileña han tenido unos barnices que poco o nada benefician a la institución mientras que han puesto sobre la mesa una serie de argumentos que dan para escribir un montón de libros. La historia de este óleo, fascinante de por sí, no necesitaba para nada ser envuelta en unos matices tenebrosos para enriquecerla. En todo lo que se ha podido leer y escuchar en estos días sobran las referencias al “descubrimiento” de una obra perfectamente conocida e identificada desde el siglo XVII y al lúgubre sótano. Parece como si esta Gioconda hubiese sido desempolvada entre viejos braseros abandonados y baúles con colecciones de revistas encuadernadas. No, no es así. Es verdad que el Museo del Prado tiene sótano, pero es uno de los recintos de investigación más importantes de España. Allí están perfectamente custodiados y en las mejores condiciones los fondos pictóricos, que pueden cuadruplicar la obra expuesta. También están los talleres, con la asepsia propia de un laboratorio, donde unos equipos, que perfectamente pueden ser los más cualificados de Europa, se encargan de mantener en las mejores condiciones el más importante tesoro pictórico español. En este ambiente es donde se ha analizado la Gioconda española y no entre las telarañas propias de las páginas de un libro de Dan Brown.

Los comentarios están cerrados.