Radiadores

Jesús Cabrera | 10 de febrero de 2012 a las 7:00

La iniciativa del Ayuntamiento de sustituir viejos braseros por radiadores de aceite es algo más que un gesto. Las instituciones, tan frías y distantes en la mayoría de las ocasiones, ofrecen otro rostro cuando tienen estos gestos cercanos con una parte de la población. En estos días gélidos del invierno no dejan de estremecernos las noticias que, además, se repiten con casi los mismos datos: un anciano que fallece en su domicilio a causa de un incendio provocado por un brasero, siempre los braseros. A este colectivo social no se le puede exigir un uso moderado de estos aparatos ni que se encuentren en perfecto estado de funcionamientos. Sus disponibilidades físicas, psíquicas y económicas hacen que sea la administración más cercana, en este caso el Ayuntamiento, la que salga en su ayuda. Estas cuestiones son en las que el gobierno municipal no tiene que escatimar lo más mínimos ni aplicar recortes de ningún tipo; al contrario, no debe bajar la guardia y ampliar su radio de acción ante cualquier necesidad de este colectivo. Desde Capitulares se ha anunciado que este año se repartirán 200 radiadores en sustitución de los peligrosos braseros. No sé si son muchos o son pocos. Si se cubre la demanda existente, bienvenidos sean, y si no se cubre no hay que perder un sólo día en hacer que no haya un anciano en la capital que duerma junto a un brasero que en el momento más inesperado le puede costar la vida.

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