Un espabilado

Jesús Cabrera | 9 de marzo de 2012 a las 7:00

Un catalán de Caldes de Montbui llamado Pere Barrios acaba de abrir una vía que los cursis pueden bautizar con toda propiedad como un excelente yacimiento de empleo. A este empresario se le ha ocurrido patentar el pan con tomate para su fabricación de modo industrial. El secreto no es otro que introducir el tomate en la masa del pan y “el resultado es un pan rojizo con gusto a tomate”. Habrá que probarlo. Los catalanes más integristas de esta receta defienden que el tomate hay que restregarlo sobre el pan tostado y se les ponen los pelos de punta cada vez que ven en las cafeterías el recipiente con la hortaliza triturada y la cucharilla lista para extenderla. El objetivo es introducirlo en el mercado antes del verano y Barrios espera que tenga una buena aceptación, ya que el precio sobre el pan normal sólo se encarecerá en uno o dos céntimos en una barra, por ejemplo. Lo que este industrial de Caldas de Montbui ha hecho es abrir la puerta a que se patenten las recetas tradicionales y se pierdan los sabores genuinos que han dado justa fama a estos manjares. La industrialización rompe la magia de todo aquello que se elabora a mano, como el flamenquín o el salmorejo. ¿Alguien se imagina un paquete de gajorros subbéticos hechos por una máquina? ¿Cómo se empaquetaría una tarta de alegrías de Lucena? ¿Puede saber igual un hoyo de aceite prefabricado? Sinceramente creo que no.

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