Un arma de doble filo

Jesús Cabrera | 14 de marzo de 2012 a las 7:00

El Defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo, se puso ayer serio y pidió que todos los ayuntamientos permitan la grabación de los plenos municipales y la difusión de los mismos. Todo esto surge porque varias corporaciones locales se han negado a que las cámaras de las televisiones entren en las sesiones plenarias, cuando éstas son públicas. Las quejas son diversas y sobre todo en los municipios pequeños es fundamental conocer el desarrollo de los plenos por aquello de la cercanía que tiene la política municipal. En la capital cordobesa, en cambio, no tenemos ese problema; más bien al contrario. Córdoba, junto con Jerez, fue de los primeros municipios en contar con una televisión municipal y desde sus inicios, en el ecuador de los años 80, la cámara de la TVM no falta en el salón de Plenos. Esto tiene una parte buena y otra mala. La buena es que se contribuye a la higiene democrática por lo que tiene de transparente la emisión y reemisión de las sesiones en su totalidad. La parte negativa es que la cámara se convierte en el objeto del deseo de los concejales, sobre todo cuando no queda público en los asientos. Los capitulares miran al objetivo y se gustan en sus intervenciones, que hacen largas y tediosas. Dejan de ser ediles para convertirse en protagonistas de un reality show, que dura más horas de las que debiera. Así ha pasado desde hace más de 25 años y así sigue deslumbrando también a los nuevos que llegan, como es el caso de Rafael Gómez que ya que la cogido el gusto a hablarle a la cámara.

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