Dudas

Jesús Cabrera | 12 de junio de 2012 a las 7:00

Cuando se anuncia la búsqueda de una persona desaparecida el único sentimiento que se genera de forma natural es el de esperanza. Todos desean que aparezca y todos los esfuerzos son pocos para lograr este fin. Lo extraño es cuando se informa de que se hará una búsqueda –la enésima– en un lugar más que rastreado, porque en vez de esperanza lo que se provoca es indiferencia. Cuando la finca de los Bretón en Las Quemadillas –que no es La Almoraima, ni mucho menos– ha sido rastreada, excavada, sondeada con georradar e inspeccionada por los mejores investigadores de la Policía surge la duda de qué es lo que buscan en esta ocasión. Esta pregunta tiene que responderla cada uno, de forma lejana a las especulaciones baratas e interesadas que con tanta facilidad se generan en torno al caso de los niños Ruth y José. Pero, claro, todo lo que tiene que ver con este suceso adquiere un tinte folclórico que enseguida lo echa a perder. Es normal la preocupación generalizada que existe tras ocho meses sin saber donde están estos hermanos. El hecho, en sí, es lo suficientemente escalofriante para que toda España esté interesada en él. Pero que todo esto se revista de especulaciones, filtraciones, declaraciones interesadas y silencios discriminatorios otorga otra dimensión al caso y, por esto, no me sorprendió lo más mínimo que ayer aparecieran por Las Quemadillas unas azafatas repartiendo latas de Red Bull a los periodistas. Qué nos quedará por ver.

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