Gran Capitán, 23

Jesús Cabrera | 22 de junio de 2012 a las 7:00

La noticia del derribo de la fachada del edificio de Gran Capitán 23 ha logrado serlo por la excepcionalidad de la misma. La sensibilidad social y la protección normativa había conseguido en las últimas décadas un nivel de protección del patrimonio más que aceptable. Las tropelías cometidas en los años del desarrollismo acabaron con una parte importante del patrimonio urbanístico local. Conventos, como el de Santa María de Gracia; palacios como el de los condes de Priego, equipamientos, como el Duque de Rivas, y un sinfín de casas, grandes y pequeñas, con su patio de arriates, sus ventanas de forja, sucumbieron ante la piqueta y hoy son ya parte de la memoria de la ciudad. Esta fachada, datada en 1924, tiene los días contados y ya no hay marcha atrás. Rafa Ruiz nos contaba el otro día en estas páginas la contradicción de que aparece protegido en un plano pero desprotegido en el desarrollo de la normativa. Aunque al derribo le queden pocos días, los promotores se hayan comprometido a reproducir con fidelidad la fachada existente –que no es lo mismo que “mantener el aspecto”–, y todo cuente con las pertinentes bendiciones legales, lo cierto es que este capítulo supone una grave pérdida para la ciudad que se resiste a convertirse en Benidorm. La suerte que ha tenido esta fachada es que está situada en Gran Capitán 23, un lugar de mucho tránsito. Si llega a estar más escondida hubiera desaparecido sin que nadie la hubiese llorado.

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