Ganas de alertas

Jesús Cabrera | 26 de junio de 2012 a las 7:00

El verano oficial no ha hecho más que empezar y ya llevamos un par de alertas entre pecho y espalda. Cuando todavía recordamos la bonanza de esta primavera se cogen con ganas las primeras alertas que decreta la Aemet. “Que mañana hay alerta amarilla”, dicen quienes tienen ganas de la llegada del calor, algo que es muy distinto a lo que se vive en Córdoba cada verano. Las primeras alertas se jalean y se comparten hasta que colapsan el calendario y, diga la Aemet lo que diga, en Córdoba se vive en una alerta continua. Después está lo del color. ¿Alguien distingue en su piel la diferencia entre una amarilla de una naranja? ¿Existe la alerta roja? ¿Qué se siente con la alerta roja? La última paradoja de estos avisos meteorológico está en que la Aemet los implanta en la Campiña o en la Sierra. Nunca habla del valle del Guadalquivir en general ni de la capital en particular. ¿Será para no crear alarmismo en la ciudad? Cuando se avisa de una situación de este tipo, los de la capital nos la asignamos por defecto y así no hay problemas. Lo que ocurre es que las ganas con que cogemos las alertas y las comentamos con nuestro entorno más inmediato se pierden cuando el verano avanza lentamente en su pesadez y al final vemos que, salvo excepciones, todos los días son igual de pesados y el calor se mantiene con la misma insolencia tanto de día como de noche. Al final, por hartazgo, las alertas pierden popularidad y sólo se espera que el verano acabe de una puñetera vez.

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