Reflexión juvenil

Jesús Cabrera | 27 de junio de 2012 a las 7:00

Lo ocurrido en la Fundación Antonio Gala reproduce al milímetros más de una y más de dos películas que todos tenemos en la memoria. Un internado en el que los jóvenes se revelan y montan un número ante la reacción enérgica de la dirección, puede ser la línea argumental a la que se le pueden añadir distintas variantes. En el caso real ocurrido en el antiguo convento del Corpus Christi hay un elemento diferenciador respecto a esos largometrajes, mayoritariamente norteamericanos, y es que los jóvenes que pasan dentro un año no lo hacen forzados por un sistema educativo obligatorio ni presionados por la voluntad de sus padres; son ellos solos quienes libre y voluntariamente han optado y peleado por ser seleccionados para formar parte de ese selecto grupo que dará lustre a sus respectivos currículum. Otro aspecto a tener en cuenta es la mayor o menor dureza del régimen interno de la fundación, necesario para mantener un mínimo orden que garantice un óptimo funcionamiento de la casa y que no se convierta en un cotolengo decimonónico. Si se demuestra que la rigidez del mismo ha traspasado determinados límites hay que depurar la situación, pero sin que se impongan las pautas de comportamiento de un reality show, porque la Fundación Antonio Gala debe ser un lugar en el que aprovechar el tiempo debe ser el fin primordial antes que repetir los esquemas de funcionamiento de cualquier programa de la telebasura.

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