La celebración

Jesús Cabrera | 3 de julio de 2012 a las 7:00

Todo triunfo futbolístico debe contar con una celebración a tono. Da igual lo que se dispute que, si se consigue, debe contar con la algarabía generalizada, ruido de petardos, bocinas, y exhibición masiva de camisetas, banderas y bufandas aunque estemos en verano. La sociedad ha creado esta liturgia propia cuya única finalidad es el disfrute colectivo, compartir un gozo que llega a todos. Estas celebraciones no entienden de edades ni de clases sociales, puesto que pijos y canis se mezclan y gritan al alimón porque son partícipes de la misma alegría que a todos invade. En la noche del pasado domingo se pudo ver todo esto en la plaza de las Tendillas, a donde afluían cordobeses desde los más distantes barrios para ver la alegría de otros y para que los otros vean también la alegría propia. Esto es así y sus reglas de funcionamiento son tan básicas como conocidas, hasta que los energúmenos de siempre se encargan de reventarlo sin saber a cambio de qué beneficio. No eran más de cuatro, pero hicieron que los petardos que explotaban donde no debía, las botellas que volaban por el aire, los insultos gratuitos y la intención de gatear al monumento del Gran Capitán, reventaron en unos minutos un ambiente sano, deportivo, familiar que disfrutaba de la consecución de la Eurocopa a cargo de la Selección Española con una presencia masiva de niños que no entendieron porqué les hurtaron en unos minutos su derecho a la alegría.

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