Halcones y palomas

Jesús Cabrera | 24 de julio de 2012 a las 7:00

A nadie se le ocultaba que la población de palomas en la capital se había convertido en un problema que había trascendido lo estético para entrar en terrenos de salubridad e higiene. Las medidas públicas adoptadas hasta ahora, inspiradas todas ellas por criterios animalistas, no pasaban más allá del pincho en el alero o del inofensivo calambrazo para espantarlas. Ahora, un grupo de expertos propone una solución que pasa por ser la más respetuosa con la cadena trófica y con los criterios ecologistas imperantes. Si hay suerte y se consigue introducir en la capital determinados nidos para el establecimiento de una colonia de halcones peregrinos se habrá dado un importante paso para la solución de este problema. Se reducirá la suciedad en la tan visitada plaza de Capuchinos, menguarán los churretes impresentables que luce la estatua del Gran Capitán en Las Tendillas, se podrá ir por determinadas aceras sin riesgo de que algo extraño manche nuestro pelo o nuestra ropa y los padres estarán algo más tranquilos con sus hijos en los jardines. Aparte de este beneficio colectivo, los halcones sobrevolando la ciudad aportarán una estampa de gran belleza que se sumará a la de los cernícalos primilla que anidan desde antiguo en un buen puñado de veteranos edificios. Así, poco a poco, se reducirá la presencia de especies invasoras y dañinas, como las palomas, y veremos en nuestro cielo a aves que siempre nos miraron desde lo alto.

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