El aeropuerto

Jesús Cabrera | 25 de julio de 2012 a las 7:00

Definitivamente, el aeropuerto de Córdoba está gafado. Es una realidad junto al Guadalquivir que no ha estado prácticamente nunca a pleno rendimiento. Durante su dilatada historia, de más de medio siglo, es la esperanza de los cordobeses que de forma heroicamente paciente aguardan que se convierta en un elemento que de verdad incremente las comunicaciones y el flujo turístico y económico de la ciudad, que falta hace. El gafe del aeropuerto hace que también cuente con una centuria de fieles detractores que cuando no critican la proximidad del río, cuestionan la necesidad de invertir tanto para su ampliación y acaban señalando que el de Sevilla está tan cerca que aquí no hace falta uno. Los tiempos de gloria del aeropuerto se limitan a los del periodo de Antonio Cruz Conde. Su pase al Ministerio del Aire supuso el declive de una instalación que ya nunca levantó cabeza. Cuando en 2007 se logró el convenio con AENA el sueño parecía estar más cerca. Empezaron las expropiaciones, entraron las máquinas, se gastaron los millones de euros previstos pero se olvidaron de enterrar un cable que impidió la entrada en funcionamiento de la nueva pista ampliada. Esta mutilación ha sido decisiva a la hora del hachazo aplicado por la ministra de Fomento, Ana Pastor, que no ha parpadeado a la hora de ordenar que a nuestro aeropuerto le retiren el respirador artificial. La ciudad no se merece que todo el gasto invertido y la ilusión derrochada se conviertan en una infraestructura inútil. Y gafe.

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