Los vampiros no tienen acné

Hyde | 19 de noviembre de 2009 a las 10:10

Uno de los poderes universalmente aceptados de los vampiros y vampiresas es su seducción hipnótica. Porque hemos visto vampiros que explotan con el sol, que brillan como diamantes o que simplemente lo soportan poniéndose un anillo. También los hay que comen ajo y se reflejan en el espejo, aunque todos están educados a la antigua: deben ser invitados para poder entrar en una casa. Unos se convierten en murciélagos o ratas, otros corren que se las pelan y otros vuelan. Pero a pesar de esta heterogeneidad según la fuente, algo tienen los puñeteros chupasangres a casi todos nos atraen. Habrá que preguntarle a nuestro terapeuta de cabecera, el doctor Paul Preston, por las connotaciones sexuales de los colmillos, pero el caso es que de los no muertos nos gustan, como del cerdo, hasta los andares. En los últimos años se ha producido una revisión adolescente del mito de Bram Stoker. Si en los ochenta películas como ‘Jóvenes Ocultos’ -cómo se vengó Jason Patric del vampiro Kiefer Sutherland birlándole a Julia Roberts- o ‘Noche de miedo” frivolizaron con el asunto, en los noventa Francis Ford Coppola sentó las bases del romanticismo de la historia, con una película de una estética imponente. Paralelamente, triunfaban las novelas de Anne Rice, también llevadas al cine pero con peor fortuna. Y ahora la televisión pelea con el Hollywood por la adaptación de novelas que triunfan entre jovencitos. Si la saga ‘Crepúsculo’ de Meyer arrasa en la gran pantalla, lo propio han hecho las dos últimas temporadas de ‘True Blood’ en la pequeña y está empezando a hacer ‘Los diarios del vampiro’, de un parecido con la primera que raya en el plagio (guapo vampiro adolescente conoce a guapa humana adolescente en el instituto y se enamoran perdidamente a pesar de los peligros y de las obvias dificultades a la hora de almorzar). De todas, como corresponde a un fiel seguidor de Alan Ball desde su magistral ‘A dos metros bajo tierra’, mi favorita es ‘True Blood’. Vale, es surrealista y a veces ridícula, pero también es irreverente, política y siempre nos sorprende. Aunque es una recomendación extensible a todas las series -ya hablaremos de eso en otra ocasión- hay que verla en versión original con subtítulos. En el doblaje se pierden los cerrados acentos sureños de sus personajes, que son parte de la gracia del show. En cuanto a la más reciente ‘Los diarios del vampiro’, que la cadena CW ha enganchado a la veterana ‘Sobrenatural’ -ambas se emiten seguidas los jueves-, de momento no nos convence. Pero también debe de habernos hechizado porque la vemos cada semana.

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