Conciliación familiar

Hyde | 17 de diciembre de 2009 a las 20:26

Como unos cuantos millones de estadounidenses y de freakies del resto del mundo, no pude conciliar el sueño tras disfrutar y sufrir a partes iguales con el capítulo final de la cuarta temporada de Dexter. Así que este artículo, querido lector, está escrito pasadas las dos de la madrugada de ayer. Los productores de la serie habían avanzado que este episodio supondría un giro de timón y por todos los demonios que lo ha sido. Se la han jugado con una apuesta muy arriesgada que prometo no desvelar, aunque me muera de ganas. A priori parecía imposible, pero la trama sobre este asesino en serie que sólo mata a otros asesinos que lo ‘merecen’ ha aguantado el tipo de manera notable. A lo largo de estos cuatro años hemos visto evolucionar a nuestro psicópata favorito, abrirse a los demás, sentir emociones, fundar una familia. Todo ello, lógicamente, sin revelar su oscuro pasajero a nadie más que a sus víctimas.

Si en la tercera temporada Dexter creía encontrar un amigo, un alma gemela, en el fiscal Prado magníficamente interpretado por Jimmy Smits, en ésta la némesis del protagonista es el asesino Trinity, que ha sembrado de cadáveres el país durante décadas, siempre siguiendo el mismo patrón ritual y hasta ahora pasando desapercibido. Otro actor colosal da la réplica al fantástico Michael C. Hall: John Lithgow. Ambos son candidatos al Globo de oro por sus interpretaciones este año. Debiera serlo también, aunque no lo es, Jennifer Carpenter, la mujer de Hall en la vida real, y que en la serie interpreta a su hermana Deborah. Hay un par de capítulos en que lo borda. Pero la coestrella del show este año es Trinity, otro enfermo como Dexter, pero en el que no hay una pizca de bondad o afán de redención. En este episodio final, posiblemente el más impactante de todos los que ha visto este adicto a las series, el frágil equilibrio de Dexter entre el bien y el mal, entre sus ansias de matar y las de ser una persona normal, quedará sacudido para siempre. De nuevo. Es imposible conciliar la vida familiar cuando uno es asesino en serie.

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