No me cuentes películas

Hyde | 11 de agosto de 2011 a las 10:56

Como si todavía no tuviéramos clara la primacía de las series de televisión como formato narrativo de ficción frente al cine, todavía hay productores que insisten en arrodillarla, en convertir la pequeña pantalla en un accidente económico y en darle al cine la última palabra. A menudo, casi siempre, esa última palabra es un sacrilegio. Las series, lo hemos escrito muchas veces aquí, llegan a donde no llega el cine por la sencilla razón de su duración, su división en episodios, el feed-back que se produce con la audiencia y la menor dependencia que tiene de la taquilla. El riesgo económico es menor y la libertad creativa, inversamente proporcional, mucho mayor. Una serie, repetimos, te permite conocer a sus protagonistas y secundarios mejor que a tus amigos. Sabes de qué pie cojean, cuál fue su amor adolescente, la relación que tienen con su familia, sus secretas ambiciones. Los vemos reaccionar en todo tipo de circunstancias, favorables o adversas, sufrimos, lloramos y reímos con ellos. Pero si algo distingue al formato televisivo frente al cinematográfico, es que en las diez, doce o veinte horas que dura una temporada, asistimos a la evolución de los personajes, algo que difícilmente apreciaremos en el cine. Padrinos sólo hay tres.

Por todo ello resulta terriblemente irritante para cualquier seriófilo que se precie oír las intenciones de algunos estudios de producir películas a modo de series finale, epílogos innecesarios que pueden arruinar el buen sabor de boca que nos quedó tras años de fidelidad a una obra. Porque claro, iríamos a ver la maldita película aunque sólo sea para después despotricar de ella. El crimen está en marcha con ‘Friday Night Lights’, por ejemplo, con el agravante de que Peter Berg, su creador, decidió hacer la serie tras dirigir años atrás la película protagonizada por Billy Bob Thorton. Ni que decir tiene que el producto televisivo superó con creces al cinematográfico. Y no tendría ningún sentido seguir a la familia Taylor en Philadelphia, ver cómo Tim Riggins construye la casa de sus sueños o a los jóvenes Saracen compartiendo otro desayuno. El riesgo de pifia es enorme.

También hace un año que Doug Ellin, responsable de ‘Entourage’, anunció que habrá un largometraje tras esta última octava temporada, que se ha estrenado hace tres semanas en EEUU. Si la deriva de ‘El séquito’ ha sido algo errática en los últimos años, hora y media o dos horas seguidas pueden ser insoportables, por muchos buenos momentos que nos hayan dado y nos sigan dando Ari Gold, Drama, Turtle, E, Vinnie y sobre todo los cameos de esta serie inclasificable.

  • St. James

    Estimado Doc:

    Añado uno de los episodios más conocidos de estos epílogos cinematográficos. Todavía hay miles de fans esperando ver la película que pondrá fin a las andanzas de los Bluth en “Arrested Development”, proyecto que en los últimos meses parece haberse reactivado, pero cuyos continuos retrasos nos hacen augurar lo peor. Suerte que, al menos, la haría Ron Howard, que puede gustar más o menos, pero es un hombre “de la casa” y va cuidar al máximo un producto y un final dignos.

    Y en cuanto a la polémica general cine-tv, doy la razón en una cosa a mis amigos cinéfilos hardcore: la tv nunca ha tenido el nivel visual del cine, aunque ver la fotografía de John Toll en el piloto de “Breaking Bad” le hace a uno pensar que podría ser cuestión de tiempo, al menos para productos selectos.

    Por supuesto, no puedo concluir sin añadir un sentido “Dios, pero que buena es “Breaking Bad”. Y ya me valía a mi, ya…

    Un abrazo,
    St. James

  • Hyde

    Querido amigo, si hace un año me dio cierto reparo al finalizar la tercera temporada exclamarlo a pulmón abierto y a los cuatro vientos, ahora no me da ninguno: Breaking Bad no es la mejor serie de las que ahora se emiten ni una de las mejores de la historia. Es simplemente la mejor serie de televisión que nunca se haya grabado. Punto. Lo siento por mis Sopranos y mis Fishers, pero después de cuatro temporadas sublimes (esta cuarta también está en lo más alto), creo que es justo reconocer este hecho objetivo. Qué maravilla, qué jodido monstruo, dios, es Vince Gilligan. Y vaya cast

  • St. James

    Amigo Hyde, no hay mejor símbolo visual de la crisis de modelos vitales post 11-S que Cranston en calzoncillos, con una pistola en la mano.