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Cosas del verano

Hyde | 5 de julio de 2012 a las 13:42

En plena sequía veraniega de series nos aproximamos al oasis, pero qué oasis, de la quinta temporada de ‘Breaking Bad’. El 15 de julio se estrenan los primeros ocho episodios y hasta el verano de 2013 no veremos los ocho últimos, que cerrarán una serie histórica a la altura, si no por encima, de las otras grandes del Olimpo, como ‘Los Soprano’, ‘Mad Men’, ‘The Wire’ o ‘A dos metros bajo tierra’. Mientras, el seriófilo adicto tiene que conformarse con los restos de la programación habitual por estas fechas. Alguna cosa decente como ‘The Newsroom’ de Sorkin -aunque por el momento, sin dejar de ser un producto de calidad, no alcanza el nivel de sus expectativas-, nuevas series que no aportan nada nuevo pero se dejan ver como ‘Longmire’, el regreso del pequeño fiasco que es ‘Falling skies’ -ya no es cuestión de que nos creamos a sus pobres extraterrestres de serie B, sino a sus personajes y sus escenas- y luego, claro está, ‘True Blood’.

Un verano más resucita uno de los grandes misterios de la televisión. ¿Cómo es posible que alguien como Alan Ball, un guionista con un oscar por ‘American Beauty’ y el padre de la extraordinaria serie sobre la funeraria Fisher que antes mencionamos, sea también el responsable de este esperpento vampírico? Y aunque Ball ya haya confirmado que esta será su última temporada como productor ejecutivo -eso no significa que la serie se acabe, porque la HBO acaba de anunciar su renovación y la de ‘The Newsroom’-, mucha pasta ha tenido que cobrar para seguir ligando su nombre a este artificio engañoso.

Puede tener los mejores créditos y canción de arranque de la tele actual. También a algunos de los protagonistas que ponen los dientes más largos al personal, aunque más ellos que ellas. Son legión las fans de Alexander Skarsgard (Eric), Ryan Kwanten (Jason), Joe Manganiello (Alcide) e incluso de Stephen Moyer (Bill), y en cambio solo Deborah Ann Woll (Jessica) suscita las mismas pasiones. Pero ‘True Blood’, que comenzó como una sátira política fantástica, ha terminado como un culebrón sobrenatural en ese Macondo de pacotilla que es Bon Temps. Si bien este año no tenemos de momento el empacho de criaturas de los anteriores y la tensión sexual -posiblemente la clave de su éxito de audiencia- entre los protagonistas ha bajado también el pistón. Para octubre se habrán pasado los calores. Aunque sea entonces cuando la televisión entre en erupción tras la calma anodina de lo que nos viene. Buen verano.

 

Una copa de sangre y un Emmy, por favor

Hyde | 21 de agosto de 2010 a las 11:56

OJO, ESPOILER!!!! Esta secuencia es del último capítulo emitido de la tercera temporada de ‘True Blood’. Así que si no sois otros adictos a la sangre, a esta serie tan chabacana, surrealista y tramposa como entretenida de Alan Ball, mejor será que lo dejéis para más adelante.

Una de las claves del éxito de True Blood son sus secundarios, mucho, mucho mejores que sus protagonistas. Ya he contado aquí que no soporto a la Sookie Stackhouse de Anna Paquin, por muchos premios que se haya llevado la niña, y el Bill Compton de su novio, Stephen Moyer, empieza a cargarme con tanto “Sookie is mine”. Tara también se merece que la maten de una vez. En cambio, el Lafayette de Nelsan Ellis fue el mejor personaje de la primera temporada y el sueco Alexander Skarsgard, el sheriff Eric Northman, lo mejor de la segunda. En esta temporada no hay ninguna duda de quién es el rey: Russell Edgington, el rey de Mississippi. La secuencia que os cuelgo, junto con la locura colectiva de Bon Temps, en el penúltimo capítulo de la segunda temporada, es a mi juicio lo mejor de esta serie montaña rusa, que a veces nos hace preguntarnos qué demonios hacemos viéndola. Otras, como esta semana, te quedas frente a la tele repitiendo una y otra vez una secuencia. Si el año que viene el actor Denis O’Hare no se lleva algún premio por ella, debería arrancarles el espinazo a más de un miembro de la academia…

Blasfemia sangrienta

Hyde | 17 de junio de 2010 a las 10:57

Parece una blasfemia dedicar este artículo al estreno de la tercera temporada de ‘True Blood’, cuando éste llegaba el domingo casi al mismo tiempo que terminaba la tercera entrega de Breaking Bad. Puestos a blasfemar, déjenme simplemente decirles que si al principio fue Los Soprano, y luego llegó A dos metros bajo tierra, en la Santísima Trinidad televisiva se ha instalado por méritos propios la serie de Bryan Cranston y Vince Gilligan, tan imprescindible, o más, que las dos anteriores. Pero ya hablaremos de las desventuras del profesor Walter White, de Jesse y de Los Pollos Hermanos la próxima semana. En esta tocan vampiros, a los que tenemos últimamente hasta en la sopa. Y como hablábamos de pecado, está claro que ‘True Blood’ es la irreverencia pura.

Cuesta creer que Alan Ball, el venerado creador de la serie funeraria de la familia Fisher, un guionista exquisito, ganador del oscar por ‘American Beauty’, esté detrás de esta historia de chupasangres sureños salidos del armario que no tiene ni pies ni cabeza. De acuerdo, es adictiva, como esa V con la que trafican, pero no resiste ningún tipo de análisis objetivo, porque en el fondo tenemos que ser conscientes de que nos estamos tragando una chorrada considerable. Volvemos a Bon Temps, en ese sur de EEUU tan castigado por el derrame de crudo, y volvemos a encontrarnos con la insoportable Sookie que (mal)interpreta Anna Paquin. También cuesta creer que a esta chica, también ganadora de un oscar, como la niña de ‘El Piano’, la consideren cada año para los Emmy. Es un insulto a la inteligencia y el buen gusto situarla en el mismo plano, escenario, mesa o auditorio que Julianna Margulies o Edie Falco.

Este año también tenemos nuevos y peludos monstruos, y se adivina un pulso al estilo ‘Crepúsculo’, así que nos tememos lo peor. Lo mejor de ‘True Blood’ son sus personajes secundarios. El inquietante sheriff vampiro, Eric, que encarna el sueco Alexander Skarsgard, el paleto de Jason Stackhouse, el mutante Sam Merlotte, la vampira novata, el siempre estupendo Chris Bauer y su no tan estúpido detective Andy Bellefleur. Y po supuesto, el histriónico Lafayette. Aunque pagaríamos por que algún vampiro acabara de una vez por todas con el sufrimiento de otros personajes, como los de Tara y su madre.

Por supuesto que veremos la tercera de ‘True Blood’, aunque a sabiendas de que es una soberana tomadura de pelo. A su lado, los guiones de ‘Perdidos’ parecen obra de Shakespeare.

Rectificamos

Hyde | 12 de agosto de 2009 a las 11:31

Tras otros seis capítulos emitidos, sirva este post a modo de rectificación. Sí, queridos lectores, la cosa ha mejorado y tras el fiasco de inicio de temporada del que hablamos hace más de un mes, True Blood ha remontado el vuelo. Ciertas de las cosas que escribimos entonces se confirman. Sí, a Alexander Skarsgard le dan más juego, y sí, Michelle Forbes se convierte en extraña e inquietante protagonista. Pero no, a Sookie siguen sin dejarla seca, y mira que lo merece.

En serio, puede que True Blood siga padeciendo los mismos problemas que en la primera temporada, o te la crees o no, o entras en un juego tramposo o no, pero dentro de este páramo de entretenimiento que es el verano, dentro de la depresión que provoca trabajar en agosto con los calores, sigue siendo de lo mejorcito en pantalla. Y en esta segunda temporada hay más acción, más vampiros, más monstruos extraños y da la impresión de que Alan Ball se ha tomado las cosas un poco más en serio. Sólo un poco.

Fiasco en Fangtasia

Hyde | 19 de junio de 2009 a las 19:07

http://www.youtube.com/watch?v=qufAFY7FL0U Hacía meses que la HBO de nuestros amores no aportaba nada nuevo a la mesa. Y el primero de los ansiados platos sabe a mil rayos, centellas y demonios, que diría el capitán Haddock. A la espera de que nuestros queridos muchachos de Entourage nos resarzan próximamente, lamento comunicarles que el primer capítulo de la segunda temporada de True Blood es malo, malo, malo. El trailer de hace semanas que les adjunta sobre estas líneas, con música de Bob Dylan, es mucho más entretenido. Pero sí, seguiremos viendo esta serie porque nos negamos a renegar tran pronto del gamberro Alan Ball.

Afortunadamente no les ha dado por cambiar los magníficos créditos y canción de entrada de Jace Everett. Pero si ya el año pasado hablábamos de que la serie se asomaba al precipicio de la ridiculez, sobre todo por la interpretación de Anna Paquin / Sookie, esta primera entrega de la segunda temporada da cierta vergüenza ajena. Parece que los productores se han currado más el marketing y la venta de camisetas y chorradas para los fans que los guiones, sólo hay que echar un vistazo a la web oficial de la serie.

Sí, el personaje de la siempre sugerente Michelle Forbes, la mujer de nuestro terapeuta favorito en In treatment, promete. No, el hermano tonto de Sookie no ha espabilado. Sí, el sueco Alexander Skarsgard, protagonista de Generation Kill, tendrá más presencia este año. No, afortunadamente no ha desaparecido uno de los mejores personajes del show.

Pero después de tanto esperar la continuación, anoche me sentí un poco estafado. A pesar de que no pagué un duro por bajarme el capítulo televisivo emitido en USA, queridos lectores amantes de la SGAE. ¡¡¡Eso es vampirismo y lo de True Blood tonterías!!!