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Los galones de Terry O’Quinn

Hyde | 4 de octubre de 2012 a las 10:01

Hasta hace relativamente poco, al veterano actor Terry O’Quinn lo tenían encasillado siempre en el mismo papel: oficial militar, habitualmente de alta graduación, o jefe tocanarices del FBI, la CIA o cualquiera de esas agencias estatales ultrasecretas americanas. Basta un rápido repaso por la amplia filmografía del intérprete, que recién cumplidos los 60 acumula 102 títulos, para comprobar que, salvo soldado raso, ha ocupado prácticamente todos los puestos en el escalafón. Puede que sea su calva o su peculiar rostro que transmite confianza y seguridad. Porque tiene cara de mandar. Ha sido varias veces general (‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’ y ‘Harsh Realm’) y almirante (‘JAG. Alerta Roja’, ‘Star Trek la nueva generación’ y en el telefilme ‘Visiones de un asesinato). Pero también coronel (‘Navy: Investigación Criminal’ y ‘Espías sin fronteras’), comandante ((Hawaii 5.0′), capitán, mayor, teniente (‘Expediente X’) y sargento. Fuera del ejército, ha encarnado a varios sheriffs, a un director adjunto del FBI (‘Alias’) e incluso a un fugaz comandante en jefe, como presidente de Estados Unidos en la resistencia a los alienígenas en ‘Falling skies’.

 

 

Pero aunque ha seguido encarnando esos papeles, ahora mucho mejor pagados y como estrella invitada, todo cambió en la carrera de O’Quinn con ‘Perdidos’. Su John Locke, uno de los personajes más poderosos, conflictivos e inquietantes de la exitosa serie, era tan protagonista como el que más. El domingo, la ABC volvió a darle ‘galones’ al actor, con una serie en la que constituye el principal reclamo: encarna al mismísimo demonio en ‘666 Park Avenue’. Y aunque de momento sólo se ha emitido el piloto, con una audiencia no muy llamativa, podemos confesar que el papel le sienta como anillo al dedo. O’Quinn interpreta al diablo en la piel de un empresario inmobiliario neoyorquino, dueño de un gran y viejo edificio de la calle más cara de la Gran Manzana, donde alquila apartamentos y desde donde va concediendo deseos, comprando almas.

 

 

Aunque hay que tener cuidado con los primeros juicios de valor, un piloto suele dar pistas de lo que vendrá en el futuro. Y de momento apostamos que ‘666 Park Avenue’ no será una gran serie por lo previsible de su guión, pero se adivina una buena factura y unas dosis de entretenimiento suficientes como para seguir viéndola. Recuerda algo a ‘El abogado del diablo’, esa película que tampoco fue gran cosa de Al Pacino y Keanu Reeves, y se antoja una competencia ‘light’ a la más extrema ‘American Horror Story’. Puede que estos argumentos no tienten demasiado. Lo suyo es que vean a O’Quinn de demonio y comprueben si les seduce su oferta.

Sin luz ni chispa

Hyde | 27 de septiembre de 2012 a las 11:26

El halago debilita. Y el éxito tiene, desde luego, su reverso tenebroso. Puede ser mucho más destructivo que el fracaso. En los últimos años a todos se nos han llenado las bocas y los textos comparando al inquieto J.J. Abrams con Spielberg, llamándolo el nuevo rey Midas de la era dorada de la televisión. De ‘Alias’ a ‘Fringe’, pero sobre todo con ‘Perdidos’, el sello Abrams implicaba una garantía de calidad y entretenimiento, un buen manejo de la tensión narrativa y una gran capacidad para sorprender al espectador. En el cine, al que ahora parece dedicar su talento, también, con la estupenda ‘Monstruoso’ -que produjo pero no dirigió-, la revisión de ‘Star Trek’ y la ochentera ‘Super 8′.

Pero a fuerza de darle vueltas a la manivela, la productora de Abrams, Bad Robot, se ha acabado convirtiendo en una churrería. Bueno, en algo peor, en una franquicia de churros. Últimamente no hay nueva temporada televisiva en la que no aparezca el dichoso apellido en una o dos series de nueva creación pero, como ocurre con Spielberg (‘Falling skies’, ‘Terra nova’), da la sensación de que Abrams solo aparece por allí para que le den el cheque, para cobrar los royalties por la promoción que supone poner su nombre junto al producto. Y, como ocurre con una de esas franquicias de hamburguesas en las que lo que nos sirven no se parece en nada a lo de las fotos, las nuevas series apadrinadas por Abrams no tienen nada que ver con las originales. Son una mala copia de sus primeros éxitos. Ocurrió hace unos meses con ‘Alcatraz’, un burdo plagio de ‘Fringe’, como antes pasó con ‘Undercovers’ y posiblemente pase ahora con ‘Revolution’, el supuesto gran estreno de la NBC este otoño.

La trama nos lleva a un mundo apocalíptico tras desaparecer repentinamente la electricidad y, con ella, prácticamente todo lo que nos ha sacado de vivir en la selva. Firmados por Eric Kripke, creador de ‘Supernatural’, a los guiones, al menos de los dos primeros capítulos, les falta la tensión necesaria, como si en la serie, con la luz, también se fuera la chispa. Y como en los churrerías, ya hemos visto uno de los ingredientes que empieza a resultar cansino en Abrams. Ya sea en ‘Alias’, en ‘Perdidos’ o en ‘Fringe’, siempre sale el recurso facilón de poner a un personaje a contactar con otro misterioso a través de un ordenador. Y luego ni el casting ni los personajes emocionan. Ni siquiera destaca la presencia de Giancarlo Esposito, que tras componer a uno de los mejores malos de la historia de la ficción audiovisual -así de grande es su Gus Fring de ‘Breaking Bad’ y así de injusto es que se vaya de vacío de los Emmy-, ahora debe conformarse con un papel menor y previsible. De momento, como suele ocurrir con los paquetes que firma Abrams, ‘Revolution’ ha registrado buenas audiencias en su estreno. Pero sin la pasión e implicación necesarias, el público volverá a quedar desencantado si la serie sigue por este camino.

La cárcel de Abrams

Hyde | 19 de enero de 2012 a las 13:10

Las malas noticias, cuanto antes, mejor. Así que ahí va una: la esperadísima ‘Alcatraz’ es y será otro de los grandes fiascos de esta temporada televisiva que empezó tan grandilocuente y de la que de momento tan solo se salvan -por todo lo alto, eso sí- la excelente ‘Homeland’, la especialísima ‘Black Mirror’ y la murphyniana ‘American Horror Story’. La nueva criatura de J.J. Abrams, que a sus 45 años sigue empeñado en imitar a su admirado Spielberg, incluso a la hora de poner su nombre como productor a prácticamente cualquier cosa, simplemente no funciona. Y aun a riesgo de caer en el pecado de la ‘pilotitis’, de juzgar una serie anticipadamente por sus dos únicos episodios emitidos, será difícil que remonte el vuelo.

Llevamos casi un año oyendo hablar de una serie en la que iba a ocurrir algo muy gordo, y paranormal, en la legendaria isla carcelaria. Y cuando una historia así viene también vendida porque detrás está la productora responsable de ‘Perdidos’, uno se espera cualquier cosa extraordinaria, pero no un refrito barato, una versión pobretona de ‘Fringe’ que indignará a sus pocos pero militantes seguidores. ‘Alcatraz’ intenta copiar el estilo e incluso la música de la otra serie de la Fox , abandonada a su suerte por Abrams, pero con mucho peor guión, por no decir del casting (el repetitivo Sam Neill no le llega a la altura de la suela de los zapatos a John Noble, es difícil soportar a Jorge García mucho tiempo y la guapa Sarah Jones, por muy prometedora que resulte, no es ni de lejos Anna Torv). Todo huele a usado, todo suena a visto -sí, también hay reminiscencias de ‘Alias’-, y a pesar de los esfuerzos de sus creadores por impresionar al espectador en los primeros 45 minutos condensando toda la historia y forzando las relaciones de los personajes, ‘Alcatraz’, de momento, provoca más bostezos que asombro.

El listón está altísimo en la televisión contemporánea. Tanto en la narrativa (los tiempos y las pausas son vitales, no se puede ir con prisas) como en la puesta en escena. Y a los tipos que la revolucionaron con ‘Perdidos’, atreviéndose a estrellar un 747 en una isla misteriosa, creando una mitología propia, hay que exigirles en consecuencia. Pero puede que Abrams, tras ver que a Spielberg no le quita el sueño poner su firma en hiperpromocionados bodrios televisivos como ‘Terra Nova’ o ‘Falling Skies’, haya perdido la vergüenza de plagiarse, mal, a sí mismo.

Dexter y Sloane, familia en la gran pantalla

Hyde | 7 de febrero de 2011 a las 20:00

Llevamos años clamando por una oportunidad seria (ni ‘Gamer’ ni ‘Paycheck’ lo fueron) para Michael C. Hall en la gran pantalla.  Uno de los mejores actores de la televisión, como lo demuestra cada año con ‘Dexter’ y como pudimos comprobar anteriormente con su David Fisher en ‘A dos metros bajo tierra’, próximamente estrena ‘Peep world’, una comedia coral de enredos familiares en la que no será, ni mucho menos, el único rostro familiar para los amantes de las series.

También aparecen Ron Rifkin, que para servidor siempre será el pérfido y magnético Arvin Sloane de ‘Alias’, Rainn Wilson, conocido por ‘The Office’ pero con una larga carrera en cine y TV (también salió en ‘A dos metros bajo tierra’ como funerario-becario), o Judy Greer, una secundaria habitual a la que hemos visto en ‘House’, ‘Como conocí a vuestra madre’, ‘Mad Love’, ‘The Big Bang Theory’, ‘Modern Family’, ‘Urgencias’ y ‘Californication’, donde su prostituta Trixie tenía un papel fantástico tentando a Hank Moody.

Le deseamos todo el éxito del mundo a Michael C. Hall. Su talento lo merece.

Que no se acabe

Hyde | 15 de abril de 2010 a las 12:36

Este artículo es un artículo de arrepentimiento. Un ejercicio de contrición. Una petición pública de perdón. Ahora que se va acercando el final, admito que hemos sido demasiado duros y exigentes con ‘Perdidos’. Es lo que ocurre con la familia, con los amigos, con las personas a las que queremos y admiramos. No les perdonamos el mínimo fallo y tendemos a olvidar los buenos momentos que hemos pasado. Dice Punset que una ofensa requiere de cinco actos de conciliación para que el cerebro la olvide. Puede que ‘Lost’ nos haya ofendido en unas cuantas ocasiones, que los giros de la trama, los primeros capítulos de esta temporada, nos decepcionaran después de tanta expectación. Pero esta serie nos ha dado infinidad de compensaciones por ello. Basta escuchar la monumental banda sonora de Michael Giacchino para darse cuenta de la variedad de emociones que nos han brindado la isla y sus personajes. Giacchino es el nuevo John Williams, y con esa facilona comparación puede que nos quedemos cortos. Este joven compositor de Nueva Jersey, de 42 años, empezó haciendo sus pinitos poniendo la música en videojuegos y acaba de conquistar el Oscar por ‘Up’. Ha compuesto las bandas sonoras de otras joyas de Pixar, como ‘Los increíbles’ y ‘Ratatouille’, y desde que lo conoció el rey Midas de la televisión, J.J. Abrams, no se ha separado de él. ‘Alias’, ‘Fringe’, la última versión de ‘Star Trek’, ‘Misión Imposible III’, ‘Monstruoso’, llevan su firma.
Pero quizás la banda sonora de ‘Lost’ sea su mejor trabajo hasta ahora. La música es una de las grandes claves del éxito de esta serie. Hay temas que provocan un miedo terrible a lo desconocido, mientras otras piezas nos descubren el enorme cariño que le tenemos a la mayoría de los personajes. Incluso malvados como el Ben Linus de Michael Emerson tienen un hueco en nuestro corazón. Es doloroso pensar que nos queda poco por disfrutar de ‘Perdidos’, del puñado de estupendos personajes que son Desmond, Locke, Sayid, Jack, Charlie, Sun, Kate, Jin… Pese a todos los defectos que le queramos encontrar, se trata de una extraordinaria obra coral. Y su música es sublime.