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Casquería y no muy fina

Hyde | 25 de febrero de 2010 a las 17:51

http://www.youtube.com/watch?v=fl0UCuSw6YQ&feature=SeriesPlayList&p=D19BD66D1DE81B74

¿Le gustan ‘300’, ‘Kill Bill’, las películas ‘gore’ en general? ¿Lo primero que hace cuando entra en una carnicería es ir a la sección de casquería y vísceras? ¿Es usted de esos que siempre se quedan obnubilados con escotes, culos, tetas o bíceps, con la carne al peso en general? Si las respuestas a las tres preguntas anteriores son afirmativas, su serie, no cabe duda, es ‘Espartaco: sangre y arena’.

La cadena Starz empezó a emitir en enero esta brutal versión del algo trilladito mundo de los gladiadores, desde luego nada que ver con la joya de Kubrick. En ‘Spartacus’ apenas hay moral, política, ni siquiera guión. Sólo sangre salpicando al espectador a raudales, sexo explícito en buenas dosis y por capítulos, escenas salvajes como nunca habíamos visto en televisión y pocas veces en el cine. A los que llegamos a casa algo saturados del trabajo, los 40 minutos largos de cada capítulo pueden suponer un desahogo para evitar montar la pajarraca en la oficina, es cierto, pero no ensalzaremos desde aquí la calidad de esta nueva serie. Es un subproducto para pasar el rato si uno no padece de ardores de estómago o hemofobia. Con decir que uno de sus productores es Sam Raimi, culpable de las tres primeras Spiderman -a mi juicio sólo vale la segunda- aunque con la divertida ‘El ejército de las tinieblas’ a sus espaldas, basta para hacerse una idea.

Apenas hay algunas caras conocidas en Espartaco. La neozelandesa Lucy Lawless, anteriormente Xena, la guerrera, y después uno los cylons fundadores de Battlestar Galactica, tiene aquí un papel bien diferente. De una amazona y fría máquina se convierte en la ardiente, sensual y ligera de ropa y cascos esposa del amo de los gladiadores. Éste lo interpreta el veterano actor escocés John Hannah, un rostro familiar como secundario. Peter Mensah, a quien vimos por cierto en 300 y también en Avatar, siempre en papeles inquietantes, es el maestro de gladiadores. Y Espartaco lo encarna Andy Whitfield, un rostro bonito, duro y bastante desconocido. El creador de la serie es Steven S. Deknight, responsable entre otros proyectos de ‘Buffy’, su spin-off ‘Angel’ y de ‘Smallville’. Ha pasado tanto tiempo entre vampiros que ahora está sediento de sangre.

Galactica

Hyde | 4 de junio de 2009 a las 23:59

Se acerca el final -bueno, en EEUU llegó hace semanas- de Battlestar Galactica. Atrás quedan miles de años luz recorridos, cientos de escaramuzas con los Cylon, y uno de los mejores pilotos que se han hecho jamás para televisión. Cierto, dura casi tres horas. ¡Pero qué tres horas! El piloto de la revisión del siglo XXI de esta serie que a muchos nos marcó de niños, en esa nebulosa que son los finales de los setenta y principios de los ochenta, es mejor que la gran mayoría de películas de ciencia ficción que se hacen hoy día.

Los creadores de la nueva Galactica decidieron dar un montón de vueltas de tuerca al original. El más atrevido, sin duda, que Starbuck fuera una mujer. Aguerrida pero guapa, masculina, pero muy femenina. Pero hay otros muchos, que acaban convirtiendo una serie sobre buenos y malos, humanos y androides, en una versión televisiva de Blade Runner. De hecho, diría que los guionistas se pasan al final y la gran Galactica se convierte en una serie menor, en una especie de culebrón, con tanta metafísica de Cylon queriendo ser humano, de sentimientos a través de los chips. Sin embargo, nunca iré tan lejos como el Starbuck original, el actor Dirk Benedict (el Phoenix del Equipo A), que en su blog puso a caer de un burro la nueva versión de su serie. “Starbuck perdido en la castración”, tituló un post lleno de rencor -y con razón- hacia los ejecutivos que cancelaron la original después de recortar presupuesto en una segunda temporada infame. Pero a Benedict se le va la mano y se le ve la vena machista y ahora carca que tan bien reflejó en la pantalla.

En la nueva Galactica sí aparece Richard Hatch, el anterior Apolo. Hatch escribió unas cuantas novelas sobre el universo de la serie y en 1999 rodó un episodio que convenció a las productoras para volver a lanzar el show, lo que no ocurriría hasta 2003. Un año y poco después del 11-S, de la lógica paranoia en EEUU ante los ataques inesperados, ante las brechas en la seguridad, ante los infiltrados. Todo el mundo es vulnerable, y Cáprica parece Nueva York.

Para el papel fundamental, o por lo menos él lo convierte en el principal, escogieron a Edward James Olmos, actor siempre encasillado en papeles latinos y quien, por cierto, tiene un personaje destacado en Blade Runner. Es el almirante Adama que interpretó anteriormente Lorne Greene, el padre de Bonanza. Y la presidenta es otra actriz de cierto prestigio, Mary Mcdonnell, la protagonista junto con Kevin Costner de ‘Bailando con Lobos’, y que en los 90 tuvo su momento en el cine.

En Galactica hay sexo (de humanos con humanos, de humanos con cylons, de cylons con cylons…), acción, suspense. Incluso miedo a la desaparición de la raza humana. Y ahora que la serie ha acabado después de cuatro temporadas y algunos webisodios, me apena que el éxodo llegue a su fin. Por muy pesada que se me hiciera la tercera temporada, por muy liosos que acabaran los guiones. Por eso atesoro los últimos capítulos en el disco duro de mi ordenador como si fueran las claves de navegación para llegar a la Tierra.