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Venganza

Hyde | 10 de diciembre de 2009 a las 11:45

Hace unos días concluyó la segunda temporada de ‘Sons of Anarchy’, y, sorprendentemente, nuestra banda de moteros forajidos se ha convertido en una de las series más vistas de la televisión no generalista de EEUU. Digo sorprendentemente no porque la serie no lo merezca con creces, sino por la rapidez con que estos delincuentes se han colado en millones de hogares norteamericanos. SOA tiene todos los ingredientes de la mejor ficción televisiva. Su creador, el guionista Kurt Sutter, va camino de convertirse en el David Chase de esta década. Como en ‘Los Soprano’, resulta difícil no encariñarse con esta pandilla que a veces puede ser brutal, pero que no deja de ser una familia. Peculiar y tatuada, pero familia. SAMCRO (Sons of Anarchy Motorcycle Club Redwood Originals) controla un pequeño pueblo del interior de California, trafica con armas, pero no permite que allí se vendan drogas o que alguien más se pase de la raya. Una pequeña mafia sobre ruedas. En esta segunda temporada, Sutter demuestra que sabe manejar a la perfección la tensión dramática. En la primera nos dejó con los dos líderes del grupo, padrastro y heredero, enfrentados por un gravísimo y trágico error. Pero algo aún más terrible ocurre ahora, algo que amenazará con romper desde dentro a toda la banda o unirla más que nunca. Estos trece episodios, con su tremendo cliffhanger final, hablan principalmente de la venganza. De cómo ese odio sólo puede crecer, de cómo no hay forma de calmar al monstruo interno que pide más y más sangre. Pero hasta el público brama con ansiedad por que llegue la hora de ajustar cuentas. En la orgía sangrienta, en la que llegan a morir en un intervalo de media hora cuatro personajes de relativa importancia en la trama, Sutter se deja en el tintero muchas emociones. Podía haberse extendido y filmar dos capítulos más, pero decide no hacerlo en una prueba de la absoluta libertad creativa de la que presume en su blog, sutterink. En SOA destacan Ron Perlman, el Hellboy de Guillermo del Toro, el británico Charlie Hunman, y por encima de todos, la mujer en la vida real de Sutter, Katey Sagal. Hay un capítulo, absolutamente desgarrador, que debe valerle el Emmy. Si no se lo dan, cogeremos las motos y arrasaremos la gala. Palabra de SAMCRO.

Nuestras diez series de la década

Hyde | 30 de noviembre de 2009 a las 19:02

six-feet-underLos anglosajones gustan mucho de los rankings y no sé muy bien por qué no los hacemos más por aquí. Así que aprovechando que The Hollywood Reporter ha hecho su lista de las mejores diez series de la década (con ausencias ominosas), que el Pisuerga pasa por Valladolid, haremos otra lista rápida por aquí. Pueden mandar sus aportaciones, que seguro que las hay. Aunque hablamos de series como un conjunto, porque si analizáramos sólo una temporada, tendríamos que incluir productos que comenzaron en el cielo (‘Prison Break’, ‘Damages’, incluso ‘Heroes’) y acabaron totalmente estrellados.  Ahí va nuestra lista:

1.- ‘Los Soprano’. Si alguien duda de ello, le mando un pescado envuelto en papel con Paulie de mensajero. David Chase revolucionó el género televisivo y James Gandolfini creó el mejor personaje mafioso de la historia. Sí, incluidos Vito y Michael Corleone. Echamos de menos a la familia, los suburbios de Nueva Jersey y a la terapeuta.

2.- ‘A dos metros bajo tierra’. Podría haber ganado el oro de no ser por la caída del nivel en las dos últimas temporadas. Los Fischer y su funeraria, o cómo divagar sobre la muerte en televisión sin poder quitarte la sonrisa de la boca y a veces las lágrimas de los ojos. Alan Ball, guionista de ‘American Beauty’, dejó una obra duradera que resistirá el tiempo, y nos descubrió a todos un actor formidable, Michael C. Hall. Tras ‘Six Feet Under’, la muerte tiene otra pinta.

3.- ‘Breaking Bad’. No vamos a rellenar la lista sólo con series de la HBO. Así que, a pesar de que sólo lleva dos temporadas, resulta justo reconocer la originalidad, atrevimiento y calidad de esta ácida -nunca mejor dicho- serie, en la que brilla Bryan Cranston, ganador de dos Emmy. Un perdedor, un profesor de química de instituto de un pueblo de Nuevo Méjico, con un hijo con parálisis cerebral y otro en camino, descubre que tiene un cáncer terminal. Así que decide empezar a sacarle provecho económico a sus conocimientos con el quimicefa para que su familia no tenga problemas en su ausencia. La metamorfosis del profesor Walter White es una de las cosas más impresionantes que hemos visto en televisión.

4.- ‘Entourage’.- Ya iba siendo hora de meter una comedia, aunque ‘El séquito’ sea mucho más que eso. Es una serie sobre el implacable negocio del entretenimiento, sobre la amistad, sobre el éxito y el fracaso. Con cameos de lujo y uno de los mejores secundarios ever, el Ari Gold de Jeremy Piven.

5.- ‘Lost’.- J.J. Abrams es a la televisión lo que Spielberg al cine. Todo lo que toca se convierte en oro. Aunque con ‘Fringe’ no acaba de despegar, ‘Perdidos’ supuso un cataclismo en la narrativa televisiva, especialmente por su uso de los flashbacks. La corporación Dharma, los otros, la isla… aunque ha tenido altibajos, esta isla misteriosa es posiblemente la serie que más engancha. Si tienes varios capítulos, es imposible ver sólo uno. Pero empieza a hacerse pesadita. Y como al final nos digan que todo ha sido un sueño, prometo ir a la isla y prenderle fuego (con Abrams dentro, claro está).

6.- ‘Dexter’.- ¿Una serie protagonizada por un asesino psicópata que no puede pasar unas semanas sin descuartizar a alguien pero que se busca un sistema para hacer el bien?  La idea parece descabellada pero es genial. Cambio radical de papel para Michael C. Hall, que lo borda como este enfermo asocial al que tenemos que querer. Y aunque parezca increíble, los creadores de la serie se las han apañado para que no baje mucho el nivel en sus cuatro temporadas. Mención especial merece el fiscal Prado que encarna Jimmy Smits.

7.- ‘The shield’.- Shawn Ryan hace lo imposible: ser absolutamente original con una serie sobre policias en Los Ángeles. Cámara al hombro seguimos las aventuras, corruptelas y desgracias de Vic Mackey, otro de los personajes antológicos de esta década, por cortesía de Michael Chiklis, a través de los barrios más degradados por la droga y la delincuencia. Es una serie brutal, que impacta desde el episodio piloto, con secundarios de absoluto lujo, en especial Forest Whitaker, que lo borda. Además, en su nómina de guionistas y productores aparece en lugar destacado Kurt Sutter, creador de ‘Sons of anarchy’, actual reina motera de la parrilla.

8.- ‘In treatment’.- ¿Qué clase de bloguero y crítico sería si no recompensara el esfuerzo mental  y físico de Gabriel Byrne para interpretar al terapeuta Paul Weston? Basada en una serie israelí, Rodrigo García (no, no diré de nuevo de quien es hijo, que ya suficiente carga tiene el hombre) nos demuestra que se puede crear una tensión extrema con una charla en una habitación. Seis personas en terapia, con sus distintas sesiones, bastan para darnos cuenta del principio fundacional de la psicología: la culpa de todo es de los padres. Genial.  

9- ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’. Aaron Sorkin, uno de los mejores guionistas de Hollywood, nos enseñó lo que no vemos del edificio en el que se toman las decisiones que rigen el mundo. En lo que iba a ser una serie sobre el gabinete del presidente, Martin Sheen se tomó tan en serio a su presidente Bartlet que acabó protagonizando los momentos más intensos. Este show un líder demócrata idealista, honrado, culto y profundamente comprometido con sus principios, se emitió paradójicamente durante los tenebrosos años de la era Bush. Pero nos gusta pensar que preparó el terreno para la llegada de Obama. ‘The west wing’ nos devuelve la fe en la política tan rápido como la perdemos en cuanto termina la serie y vemos las noticias…

10.- ‘The wire’. Aunque se me quedan fuera series como ‘Curb your enthusiasm’, ‘Damages’, ‘Mad men’,  ‘How I met your mother’, ‘True Blood’ o incluso ‘Friday Night Lights’, resulta imposible no incluir en una lista de diez series de la década a ‘The wire’, de una factura con una calidad indiscutible. Como ‘The shield’, nos aporta una visión diferente, en este caso de la terrible Baltimore, y nos enseña lo que nunca antes habíamos visto: cómo se desmonta una banda con las escuchas telefónicas.