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Infierno o paraíso, pero genial

Hyde | 19 de abril de 2012 a las 18:11

En su página web oficial, el condado de Harlan, en Kentucky, parece un paraíso natural. Bosques y valles presididos por la Montaña Negra. Apenas se dice nada, salvo los museos al respecto, sobre su industria minera, ni sobre sus violentas huelgas por mejorar unas condiciones de vida precarias, tercermundistas, que sirvieron de argumento a un documental en 1976 que llegó a ganar el oscar. “Donde la aventura comienza”, es la leyenda que intenta captar visitantes atraídos por los deportes de riesgo y que deben saber que se trata de un condado ‘húmedo’ en el que sólo se permite beber alcohol en unos pocos lugares.

Para miles de seriófilos, Harlan, efectivamente, es un lugar donde sobra la adrenalina. Pero también el bourbon. Es el hogar –cuesta llamar hogar a un sitio tan inhóspito y violento- de ‘Justified’ una de las mejores, si no la mejor, series que se emiten actualmente en EEUU. El Harlan imaginado –con mucho realismo- por el escritor Elmore Leonard y el gran Graham Yost no tiene nada de paraíso pero bastante de infernal. De allí es natural, de sus pozos de cochambre consiguió salir, el US marshal Raylan Givens, aunque el resto de sus conocidos de infancia son delincuentes. Los creadores de ‘Justified’ han conseguido construir un lugar que no tiene nada que envidiar a aquellos pueblos de los grandes clásicos del Oeste, porque estamos ante un excepcional western moderno. Que comparte protagonista, el cada vez más brillante Timothy Olyphant, con la otra gran serie del género en televisión, ‘Deadwood’.

Como ocurre con muchas de las grandes series, hay varias barreras de entrada que criban al espectador. La primera temporada fue bastante decente, pero nada que ver con las extraordinarias segunda y tercera que la han seguido. Y si hay una serie que sufre en la traducción es ésta. Una gran parte de su encanto radica en el acento redneckiano de sus personajes, en sus diálogos afilados, breves e intensos como un intercambio de balas. Siendo una serie violenta, policial, también es una obra maestra de la ironía. Y cuenta sin duda con uno de los mejores casting de la televisión. Tras su sensacional segunda temporada, no hubo crítico que no se preguntara qué ocurriría sin la enorme presencia de Mags Bennet, la memorable mala que construyó Margo Martindale. La respuesta llegó como la caballería: un regimiento de malos como nunca antes se ha visto en televisión para oponerse al duro Givens, encabezado por supuesto por ese genio llamado Walton Goggins y este año con las incorporaciones de Neal McDonough y Mykelti Williamson. Sus Quarles y Limehouse son de los personajes recientes en televisión más inquietantes. Y Jeremy Davies y Jere Burns (Dickie Bennet y Wynn Duffy) no se quedan cortos.

En su página web oficial, el condado de Harlan, en Kentucky, parece un paraíso natural. Bosques y valles presididos por la Montaña Negra. Apenas se dice nada, salvo los museos al respecto, sobre su industria minera, ni sobre sus violentas huelgas por mejorar unas condiciones de vida precarias, tercermundistas, que sirvieron de argumento a un documental en 1976 que llegó a ganar el oscar. “Donde la aventura comienza”, es la leyenda que intenta captar visitantes atraídos por los deportes de riesgo y que deben saber que se trata de un condado ‘húmedo’ en el que sólo se permite beber alcohol en unos pocos lugares. Para miles de seriófilos, Harlan, efectivamente, es un lugar donde sobra la adrenalina. Pero también el bourbon. Es el hogar –cuesta llamar hogar a un sitio tan inhóspito y violento- de ‘Justified’ una de las mejores, si no la mejor, series que se emiten actualmente en EEUU. El Harlan imaginado –con mucho realismo- por el escritor Elmore Leonard y el gran Graham Yost no tiene nada de paraíso pero bastante de infernal. De allí es natural, de sus pozos de cochambre consiguió salir, el US marshal Raylan Givens, aunque el resto de sus conocidos de infancia son delincuentes. Los creadores de ‘Justified’ han conseguido construir un lugar que no tiene nada que envidiar a aquellos pueblos de los grandes clásicos del Oeste, porque estamos ante un excepcional western moderno. Que comparte protagonista, el cada vez más brillante Timothy Olyphant, con la otra gran serie del género en televisión, ‘Deadwood’. Como ocurre con muchas de las grandes series, hay varias barreras de entrada que criban al espectador. La primera temporada fue bastante decente, pero nada que ver con las extraordinarias segunda y tercera que la han seguido. Y si hay una serie que sufre en la traducción es ésta. Una gran parte de su encanto radica en el acento redneckiano de sus personajes, en sus diálogos afilados, breves e intensos como un intercambio de balas. Siendo una serie violenta, policial, también es una obra maestra de la ironía. Y cuenta sin duda con uno de los mejores casting de la televisión. Tras su sensacional segunda temporada, no hubo crítico que no se preguntara qué ocurriría sin la enorme presencia de Mags Bennet, la memorable mala que construyó Margo Martindale. La respuesta llegó como la caballería: un regimiento de malos como nunca antes se ha visto en televisión para oponerse al duro Givens, encabezado por supuesto por ese genio llamado Walton Goggins y este año con las incorporaciones de Neal McDonough y Mykelti Williamson. Sus Quarles y Limehouse son de los personajes recientes en televisión más inquietantes. Y Jeremy Davies y Jere Burns (Dickie Bennet y Wynn Duffy) no se quedan cortos.

El Oeste ya estaba conquistado

Hyde | 10 de noviembre de 2011 a las 13:31

Cualquier nueva serie del siempre moribundo pero siempre por resucitar género western se encontrará de frente, esperándola con el colt a punto de desenfundar, con ‘Deadwood’. Las comparaciones con la venerada creación de David Milch en la HBO son inevitables, por tanto, con la recién estrenada criatura de la AMC, ‘Hell on wheels’ (Infierno sobre ruedas), que el pasado domingo debutó tras meses de espera. El duelo resulta tan injusto como desigual, como si enfrentáramos a Wyatt Earp con la pequeña Mattie Ross de ‘Valor de Ley’, como cuando pretendemos que ‘Boardwalk Empire’ emule a ‘Los Soprano’. Es, simplemente, demasiado pedir.

De su piloto deducimos que ‘Hell on Wheels’ será una buena serie, sin más, no una joya. Si en ‘Deadwood’ vivíamos en un pueblo en desarrollo devorado por la fiebre del oro y la ambición de sus protagonistas, la nueva serie nos lleva a la Norteamérica inmediatamente posterior a la Guerra Civil, a la construcción del ferrocarril de la Union Pacific, aderezada con la típica trama del héroe atormentado que busca venganza por la muerte de su esposa. Su protagonista es Anson Mount, un tipo de mirada intensa, que nos recuerda tanto al Bullock de Olyphant como al Blueberry que dibujó Giraud, aunque ya querría la serie parecerse a la saga del cómic. Si, con diferencia, en ‘Deadwood’ lo mejor era su capo-tabernero Al Swearengen que interpretaba deliciosamente Ian McShane en el papel de su carrera, en ‘Hell on Wheels’ nos quedamos de momento con el también ambicioso y sin escrúpulos presidente de la compañía ferroviaria, Thomas ‘Doc’ Durant, a cargo del irlandés Colm Meaney, un tipo solvente pero algo encasillado. Se parece demasiado a su malo de la película ‘Un horizonte muy lejano’, también sobre la conquista del Oeste.

Sin acercarse a ‘Homeland’, que se mantiene como sorprendente mejor estreno de la temporada tras los batacazos de las flojas ‘Terra Nova’ o ‘Person of interest’, ‘Hell on wheels’ bien puede disputarle, a tiros o sustos, el segundo puesto a ‘American Horror Story’. Lo veremos, forastero.

Ten cuidado, Johnny Depp

Hyde | 23 de febrero de 2010 a las 20:56

al-swearengenÁndate con ojo, Johnny Depp. Te vas a enfrentar a uno de los mejores actores de la televisión. A una de sus voces más poderosas. A un malo entre los malos. Desde el abrupto final de ‘Deadwood’ y ‘Kings’, hemos echado mucho de menos al gran Ian McShane, uno de los intépretes venerados en este altar de las series. McShane, que interpretará a Barbanegra en la nueva edición de la franquicia ‘Piratas del Caribe’, está en el grupo de Gandolfini, M.C. Hall, Piven y Chiklis. Sólo tenemos ojos para ellos.

El Rey es él

Hyde | 8 de septiembre de 2009 a las 18:52

http://www.youtube.com/watch?v=zAREc1UU9ww Por mucho que nos duela, todo tiene un fin. Y saberlo es lo que nos convierte en humanos, nuestro castigo divino, lo que nos diferencia de los animales. No pretendo que éste sea un post místico, pero dentro de nosotros hay algo que intenta retrasar ese momento por todos los medios, que quiere creer que nunca se acabarán las cosas que amamos o con las que disfrutamos. Tengo un amigo que se resistía a escuchar todos los discos de The Beatles, pues sabía que después llegaría el vacío. Yo mismo estuve meses evitando ver la última temporada de ‘Los Soprano’, o he retrasado hasta estos días finales de verano -aunque la comparación es odiosa- la lectura del último tomo de Millenium. Me gustara o no su trilogía, el pobre Stieg Larsson no iba a escribir más.

Las series, ya lo hemos comentado por aquí, se resisten casi siempre a morir, incluso cuando en más de un caso sería deseable. No insistiremos en el horror que supuso la continuación de ‘Prison Break’ o de ‘Héroes’, pero la audiencia manda y ningún directivo de cadena está dispuesto a enterrar con todos los honores un producto que vivo le genera cuantiosos ingresos publicitarios. Lo mismo ocurrre con guionistas, actores y creadores, y así se estiran tramas más allá de lo razonable.

Pero también hay casos contrarios. Buenos productos que fenecen por falta de una audiencia masiva, porque no son rentables. Aunque la HBO ha sabido mantener contra viento y marea, hasta que necesariamente triunfaron, porque eran buenas, algunas de sus series, desde aquí le reprocharemos siempre el fin de la magnífica ‘Roma’. Y si eso lo hizo la HBO, qué no será capaz de hacer una cadena generalista que pugna por cada décima de share. Es lo que ha ocurrido con la NBC y ‘Kings’, su gran apuesta del año pasado, y que este bloguero está terminando de ver ahora (lo reconozco, con bastante retraso). Duele saber que sólo hay una temporada, que la serie fue cancelada por falta de audiencia. Porque es original -imaginen una monarquía en un país ficticio pero que es EEUU-, porque es una adaptación muy atrevida del mito bíblico de David y Goliat y, sobre todo, porque la protagoniza una de las debilidades de este blog: Ian Mcshane. Su sola presencia es motivo para tragarse ‘Kings’. Maldita sea la NBC!!!

Hace unos días, Alberto Rey en su blog ‘Asesino en serie’, ponía la enorme, majestuosa y seductora voz de Mcshane como ejemplo del horror de los doblajes. En efecto, los aficionados/adictos a las series sentimos la necesidad de verlas en versión original, no por esnobismo, sino porque cualquier otra cosa es una mutilación, un sucedáneo. Mcshane, al que veneramos desde ‘Deadwood’, es uno de esos grandes actores que da sentido al título de este blog. Podría retar a cualquier de sus compañeros de la gran pantalla y seguramente saldría airoso. Lástima que le haya dado por volver al cine (en el que empezó en los sesenta y con más de treinta cintas) para hacer películas basura (una de carreras de coches en una cárcel o algo así) o para poner su mayor tesoro al servicio de los dibujos animados (pone voz al malvado tigre de ‘Kung Fu Panda’).

También es una pena que los ejecutivos de la NBC no fueran más pacientes. También que las series no tengan la posibilidad de ‘traspasarse’ y fichar por cadenas con más confianza en los buenos productos.