Archivos para el tag ‘James Poniewozik’

Teoría y caminos de ‘Perdidos’

Hyde | 24 de mayo de 2010 a las 13:19

jack

INSISTO DE NUEVO, SI NO HAN VISTO LOS DOS ÚLTIMOS CAPÍTULOS DE ‘PERDIDOS’, NO SIGAN LEYENDO.

ESPOILER, ESPOILER, ESPOILER

Con el corazón en la mano, que no con la cabeza porque entre otras cosas estoy falto de sueño, diría que el último capítulo de ‘Perdidos’ es gran televisión. Siempre que olvidemos los fallos técnicos de Cuatro, con minutos hurtados y subtítulos desfasados, lo cual ha añadido más incertidumbre a la ya de por sí compleja trama.

Sí, hay muchos motivos para enfadarse con los guionistas. Pero elijan no hacerlo. Se sentirán mejor. Sí, es un final relativamente abierto, que nos devuelve a todos los personajes principales, con momentos de enorme emotividad, con una gran carga de espiritualidad, con muchísimos guiños a las seis temporadas de esta obra colosal, al camino recorrido. “Vivir juntos o morir solos”, ¿recuerdan?. Cierto, como preveíamos se trata de un final buffet libre, con cientos de preguntas en el aire, pero bello. Pastel para algunos, seguramente no para el público americano, entre el que podría incluirme. Ahora surgirán las críticas, las dudas, las discusiones de café, en el centro de trabajo, en el recreo, en la cama. Eso es lo que ha hecho espléndida, histórica, a ‘Lost’. Nunca teníamos, y seguimos sin tenerlo, nada claro.

Y si repasamos otras obras cumbre de la televisión actual, como Los Soprano, o A dos metros bajo tierra, las dos series de cabecera de servidor, ninguno de sus finales recibió una aclamación unánime. Es dificilísimo, casi imposible, estar a la altura de las expectivas generadas durante 120 horas de disfrute televisivo. Darle cierre a tanto cabo suelto, a tantas emociones, es utópico. Teorías varias que van circulando por ahí.
– Lo que vemos al final del capítulo es lo que realmente ocurrió. Jack muere al estrellarse el avión y todo ha sido un delirio. Un final a ‘los Serrano’ indigno de cualquier guionista, cadena de televisión seria y de los millones de fans que llevamos años dándole vueltas a la cabeza. Me niego a considerarlo.

– Hugo es el nuevo Jacob, pero mejor, como le dice Ben Linus, convertido en su segundo. Así que Hugo, junto con Desmond, deciden reunir a toda la pandilla en la realidad alternativa. Aquí tenemos varios problemas o senderos que se bifurcan, que diría Cortázar. ¿Esa realidad alternativa es un universo paralelo? ¿Creado por la explosión de la quinta temporada? ¿Es un limbo en el que están todos los personajes tras morir en el accidente? ¿Tras morir después? ¿Es lo que ocurre en realidad porque el accidente del vuelo Oceanic 815 es un sueño, no ocurrió? NPI.
-James Poniewozik, el crítico de series de ‘Time’, al que seguimos, dice en su excelente post post Lost (ha sonado lioso, sí) que aunque a todos nos asaltan muchas preguntas, y muchas nuevas seguirán surgiendo, lo más importante ahora mismo es que el perro, Vincent, le hizo llorar. A mí también. Alguno llamará emotividad barata a la desplegada por el último episodio, con esa música de Giacchino conquistando el corazón del espectador. Efectivamente, Jimmy, ver a Jack agonizando entre el cañaveral, con el perro acompañándolo para que no muera solo, y su sonrisa de felicidad porque ve el avión saliendo de la isla con sus amigos a bordo, es uno de los momentos más emocionantes que recuerdo en televisión. Y Matthew Fox está genial, por fin el protagonista que merece la serie.
-Poniewozik, por cierto, recuerda que Juliet dijo antes de morir que la bomba había funcionado. También se pregunta, como todos lo hacemos, cómo muere Hurley, Hugo Reyes, cómo Locke vuelve a ser mortal. El crítico de Time da por hecho que la realidad alternativa es el limbo, algo que hay después de la vida, y que la realidad ocurre de facto en la isla misteriosa.
-En ‘The show tracker’, de Los Ángeles Times, la crítica Mary McNamara no lo ve tan claro. El título de su artículo lo dice todo: ‘Podía haber sido peor’. Ella cree que el final no estuvo a la altura de la serie y apuesta claramente por la idea de que todos la palmaron al estrellarse el Oceanic 815.Para eso se apoya en las imágenes de los créditos finales, con el fuselaje del avión. Lo siento Mary, pero esta vez estoy mucho más con James.
-Okr, de críticasenserie, es de la cuerda de Poniewozik. Tiene “bastante claro que la realidad alternativa que pensábamos era eso, una realidad creada a partir del bombazo del final de la temporada pasada. Es simplemente un limbo entre la vida y la muerte (muerte definitiva) al que todo el mundo llega cuando muere. Los protagonistas de ‘Lost’ mueren cuando les toca: unos hace años, otros, como Jack, al final de la serie, otros en el futuro, los que se salvan, pero acaban todos pasando por ese limbo que no tiene tiempo (como dice el padre de Jack), todos vuelven a estar con la gente con la que vivieron la parte más importante de su vida, para irse juntitos de la mano al más allá”. Bien por Okr, al que le ha gustado el final.

-Rita también se niega a que sea un sueño, “sino que el encuentro en la realidad paralela (y toda ella en sí misma) es lo que hay después de la muerte, una suerte de paraíso en el que acabas encontrándote con todos aquellos que compartieron tu vida o al menos la parte fundamental de ella. La realidad es que el avión se estrelló, los seis del Oceanic sobrevivieron y luego decidieron volver a la isla y de ahí sólo sobreviven finalmente Kate, Sawyer, Miles, Richard y Lapidus. Y suponemos que Desmond sale de la isla en el ‘Elisabeth’ tal como llegó. Jack muere y Hugo es el nuevo Jacob. No están todas las respuestas, pero tampoco creo que es necesario, es a lo que nos tenían acostumbrados”.

Se admiten nuevas teorías. Seguiremos en ello. Y por favor, que deje de sonar en mi cabeza la música de Giacchino, que deje de ver a Jack tumbado.

Nadie te pide que te quedes

Hyde | 29 de abril de 2010 a las 9:09

Cualquiera diría que David Simon, en lugar de ser uno de los nombres clave para entender la televisión en el siglo XXI, sigue siendo periodista de sucesos. Ya sea entre los sórdidos y durísimos barrios de Baltimore con ‘The Wire’, enclaustrado con una división de marines en Iraq con ‘Generation Kill’, o en la Nueva Orleans herida de muerte por el Katrina con su nueva ‘Treme’, las series de Simon parecen más un documental que una obra de ficción. No por aburridas, sino por su realismo absoluto. Con Simon siempre parece que nos infiltramos entre sus personajes. Como dice James Poniewozik en Time, hay que abordar Treme como un documental de ficción. Y aunque hay una docena de personajes que nos contarán su historia de supervivencia y superación -¿acaso hay una historia mejor que la del que lucha por volverse a poner en pie?-, los verdaderos protagonistas de la serie son la música de Nueva Orleans –y en el piloto ahí tenemos a Elvis Costello haciendo un bonito cameo de espectador en un bar- y su viejo barrio.

El primer episodio de ‘Treme’, de noventa minutos de duración, bien podría pasar por una película de Clint Eastwood. No en vano se encargó su dirección a la veterana Agnieszka Holland. A pesar de los escombros, los tejados desaparecidos, las manchas de humedad, el barro en el suelo, el desastre absoluto, es de una belleza impactante. Las escenas más emotivas nos las brindan dos viejos conocidos de ‘The Wire’. El personaje del veterano Clarke Peters empeñado en limpiar en un bar que ni siquiera en suyo, para lo que no duda de disfrazarse de carnaval para conseguir ayuda, y el siempre convincente Wendell Pierce, un trompetista buscavidas que vive día a día y no tiene ni para pagarse los taxis. Su irrupción en la primera actuación de una banda callejera tras el Katrina, momentos iniciales de la serie, es antológica. Como ocurre en toda la obra reciente de David Simon, en ‘Treme’ no hay trampas. No hay cliffhangers al final de los episodios ni forzados giros de tuerca a la trama. En lo que quizás sólo sea aún posible en la HBO, su propuesta es sumergirnos entre los habitantes de una de las ciudades más singulares del mundo y su lucha por seguir a flote tres meses después de la catástrofe. Cuando ya se han ido las cámaras, cuando ya no es noticia. Y si no te gusta, nadie te ha pedido que te quedes.