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El final no es el todo

Hyde | 23 de mayo de 2010 a las 21:30

Ten cuidado con lo que pides no sea que se te conceda. Seis años y casi 120 horas después, ‘Perdidos’ acaba hoy. La colosal, enciclopédica obra de Lindelof, Cuse y Abrams llega a su largo capítulo final con muchas respuestas aún por responder. Aunque la mayoría de sus millones de fans en todo el mundo estemos con el hacha en la mano pendientes de si los guionistas son o no capaces de resolver los cientos de interrogantes aún abiertos, los misterios pendientes, que levante la mano quien no haya disfrutado como un niño con esta historia coral protagonizada por una isla. Algunos todavía no se han dado cuenta de que lo importante es el camino. Y qué diablos, qué impresionante aventura nos ha brindado esta serie, que ha venido a ser a la televisión lo que en su día pudieron ser al cine películas como ‘Ben Hur’ o ‘La Guerra de las Galaxias’. Un hito irrepetible. Conocedores de que habrá muchos seguidores descontentos, Lindelof y Cuse, que se han currado el show mientras el ‘pequeño Midas’ Abrams seguía lanzando proyectos en cine y televisión, concedían la semana pasada una larga entrevista al New York Times. Se agarraban al argumento de David Chase, creador de ‘Los Soprano’ y un dios de la tele: la vida es ambigua y no siempre nos da respuestas a todo, esa es precisamente parte de la gracia. Aunque la siguiente declaración de intenciones con respecto al final de ‘Lost’ era preocupante: no habrá respuestas claras porque no quieren imponer toda su visión de la historia a los espectadores, así que el desenlace será una especie de buffet libre que posiblemente desate las iras de muchos.

Aunque lo mejor de ‘Perdidos’, precisamente, ha sido la incertidumbre permanente como eje argumental. En la primera temporada, que desde su minuto uno ponía toda la carne en el asador estrellando un avión en Hawaii (eso es apostar por la tele y lo demás tonterías), no teníamos claro si se trataba de una serie de terror, suspense o de ciencia ficción. Su tremendo éxito motivó su renovación, una lógica caída de la tensión narrativa pero también el inicio de la vasta mitología de ‘Lost’. Tenemos por supuesto a Los Otros, los falsos y los verdaderos; a osos polares corriendo en mitad de una isla tropical, un furioso humo negro que surge de entre la selva; apariciones de muertos; un tipo encerrado en una escotilla tecleando la misma serie de números cada 108 minutos porque si no lo hace, el mundo se acaba; viajes en el tiempo; universos paralelos, un templo perdido, un galeón cargado de esclavos pudriéndose en el bosque, una avioneta de narcos africanos que se estrelló con su cargamento de vírgenes-mulas, un millonario malvado que quiere matar a todo el mundo… Y tenemos, sobre todo, a la Corporación Dharma, una iniciativa científica pseudo hippie que va construyendo estaciones por la isla pero que a día de hoy sigo sin explicarme muy bien.

Todo este berenjenal, del que se quedan mil otros factores en el tintero, no es sin embargo la clave del éxito de la serie. Como dicen sus creadores, al final todo se reduce a un buen desarrollo de los personajes y su interacción, a lo que los guionistas han dedicado el 85 por ciento de su tiempo. Nadie es lo que parece en ‘Perdidos’. Todos buscan la redención, según Lindelof y Cuse, y a lo largo de estos seis años los conocemos mejor que a la mayoría de nuestros amigos y familiares. Sabemos que Sawyer podía parecer un cabronazo egoísta al principio, pero que en el fondo es un niño traumatizado por la muerte de sus padres, necesitado de cariño, y un gran lector. Jack es el héroe indiscutible, el líder que no quiere serlo pero tampoco evitarlo. Aunque se trata de un tipo tremendamente inseguro, obsesionado con la figura paterna. ¿Y qué decir de Locke? Lo mismo un alfeñique que un titán, un hombre maltratado por la vida, al que su padre le roba un riñón y lo tira por una ventana, que se empeña en ir de excursión a Australia en silla de ruedas y que acaba encarnando al Mal Supremo.

Pero el realmente malvado de la serie es Benjamin Linus, uno de esos malos antológicos que cumple el requisito de todo buen pérfido: queremos creer que, en el fondo, no es tan malo. Algunos lo han comparado a Darth Vader, y su aparición fue casi por casualidad. El azar, y los errores cometidos a lo largo del camino -que han sido unos cuantos, y los creadores de la serie los admiten sin tapujos- han enriquecido ‘Perdidos’. Muchos nos preguntamos por qué desapareció el inquietante Mr. Eko de la segunda temporada. Pues simplemente porque el gran actor británico que lo interpretaba no quería pasarse tanto tiempo rodando en Hawaii, lejos de su familia. Así que llamaron a Michael Emerson, un secundario poco conocido por el público. La idea inicial era convertirlo en un ‘otro’ rehén. Pero acabó siendo el líder de los malos, ganando un Emmy, creando un villano histórico.

Luego están Jacob y su hermano, a mi juicio introducidos con calzador en la trama. No hay quien se crea la historia de las dos piedrecitas y la tumba, por muy justificados que se sientan los guionistas al introducirla para convencernos de que todo estaba pensado. ¡Pero si precisamente la improvisación, el hecho de encerrar durante un mes a un montón de escritores y guionistas para ver cómo seguían, es una de las claves de Perdidos!

No sé ustedes, pero me niego a juzgar por un solo capítulo esta superproducción televisiva, en la que han trabajado 425 personas, en la que se han empleado los mejores medios técnicos, que cuenta con la excelente banda sonora del gran Michael Giacchino y un casting excepcional. Sería como forjar una idea definitiva de alguien muy querido en base sólo a nuestro último encuentro. Es humano hacerlo. Pero también un error.

Que no se acabe

Hyde | 15 de abril de 2010 a las 12:36

Este artículo es un artículo de arrepentimiento. Un ejercicio de contrición. Una petición pública de perdón. Ahora que se va acercando el final, admito que hemos sido demasiado duros y exigentes con ‘Perdidos’. Es lo que ocurre con la familia, con los amigos, con las personas a las que queremos y admiramos. No les perdonamos el mínimo fallo y tendemos a olvidar los buenos momentos que hemos pasado. Dice Punset que una ofensa requiere de cinco actos de conciliación para que el cerebro la olvide. Puede que ‘Lost’ nos haya ofendido en unas cuantas ocasiones, que los giros de la trama, los primeros capítulos de esta temporada, nos decepcionaran después de tanta expectación. Pero esta serie nos ha dado infinidad de compensaciones por ello. Basta escuchar la monumental banda sonora de Michael Giacchino para darse cuenta de la variedad de emociones que nos han brindado la isla y sus personajes. Giacchino es el nuevo John Williams, y con esa facilona comparación puede que nos quedemos cortos. Este joven compositor de Nueva Jersey, de 42 años, empezó haciendo sus pinitos poniendo la música en videojuegos y acaba de conquistar el Oscar por ‘Up’. Ha compuesto las bandas sonoras de otras joyas de Pixar, como ‘Los increíbles’ y ‘Ratatouille’, y desde que lo conoció el rey Midas de la televisión, J.J. Abrams, no se ha separado de él. ‘Alias’, ‘Fringe’, la última versión de ‘Star Trek’, ‘Misión Imposible III’, ‘Monstruoso’, llevan su firma.
Pero quizás la banda sonora de ‘Lost’ sea su mejor trabajo hasta ahora. La música es una de las grandes claves del éxito de esta serie. Hay temas que provocan un miedo terrible a lo desconocido, mientras otras piezas nos descubren el enorme cariño que le tenemos a la mayoría de los personajes. Incluso malvados como el Ben Linus de Michael Emerson tienen un hueco en nuestro corazón. Es doloroso pensar que nos queda poco por disfrutar de ‘Perdidos’, del puñado de estupendos personajes que son Desmond, Locke, Sayid, Jack, Charlie, Sun, Kate, Jin… Pese a todos los defectos que le queramos encontrar, se trata de una extraordinaria obra coral. Y su música es sublime.