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Raíces que lo resisten todo

Hyde | 5 de mayo de 2011 a las 13:34

¿Puede un huracán, por enorme e histórica que sea su potencia destructora, arrancar de cuajo el corazón de una ciudad? ¿No sólo tirar abajo edificios, meter el mar en las casas y matar a miles de personas, sino también aniquilar las almas de los supervivientes, su sentimiento de arraigo? Si ‘Treme’ tiene acaso una premisa conductora, es ésa. No se trata de una serie fácil ni nadie esperaba que lo fuera. Como no lo es ninguna obra de David Simon, periodista de sucesos aupado con justicia a la categoría de santo maestro de la nueva televisión, como creador de ‘The Wire’ y ‘Generation Kill’. “Que se joda el espectador medio”, es el lema de Simon, niño bonito de la HBO, tipo comprometido que se ha especializado en radiografiar a la sociedad urbana estadonunidense de su tiempo, sea en la Baltimore arrasada por las drogas y las bandas o la Nueva Orleans post Katrina, como es el caso que nos ocupa.

‘Treme’ no se parece a nada que usted haya visto antes. No está claro si es un tratado sobre la magia de la música negra, el jazz de la Luisiana francesa, si es un gran reportaje sobre el fiasco de la respuesta del Gobierno de Bush al desastre, si se trata de una nueva denuncia de Simon sobre la degeneración de la clase política o un retrato de los héroes anónimos que intentan levantarse a pesar de que todo se ha derrumbado alrededor. Seguramente es todo eso y mucho más. Por muy oscuras y terribles que nos pinte las cosas esta serie, viéndola asaltan unas ganas enormes de conocer esta ciudad, carismática y especial donde las haya.

Sentados en el sofá asistimos al Mardi Grass, a los preparativos del digno grupo de indios que intentan hacer su desfile pese a todo, a los característicos y peculiares funerales que se celebran allí, a una serie de conciertos en los bares que hacen las delicias de cualquier amante de la buena música. Pero si algo nos acerca de verdad a la vida en ‘Treme’, el barrio negro histórico de la ciudad, son las dificultades a las que se enfrentan sus protagonistas. Allí se llama Katrina. Aquí lo podríamos llamar crisis, paro. A la rabia que sienten cuando algún turista, o cuando alguien de otra ciudad cuando hacen un tour, tira de tópicos para referirse a su ciudad. “Yo puedo meterme con Nueva Orleans, ellos no”, dice un trompetista indignado en la Gran Manzana tras escuchar la piedad cargada de malicia de unos amigos. Como andaluz, sé perfectamente de qué habla.

Nadie te pide que te quedes

Hyde | 29 de abril de 2010 a las 9:09

Cualquiera diría que David Simon, en lugar de ser uno de los nombres clave para entender la televisión en el siglo XXI, sigue siendo periodista de sucesos. Ya sea entre los sórdidos y durísimos barrios de Baltimore con ‘The Wire’, enclaustrado con una división de marines en Iraq con ‘Generation Kill’, o en la Nueva Orleans herida de muerte por el Katrina con su nueva ‘Treme’, las series de Simon parecen más un documental que una obra de ficción. No por aburridas, sino por su realismo absoluto. Con Simon siempre parece que nos infiltramos entre sus personajes. Como dice James Poniewozik en Time, hay que abordar Treme como un documental de ficción. Y aunque hay una docena de personajes que nos contarán su historia de supervivencia y superación -¿acaso hay una historia mejor que la del que lucha por volverse a poner en pie?-, los verdaderos protagonistas de la serie son la música de Nueva Orleans –y en el piloto ahí tenemos a Elvis Costello haciendo un bonito cameo de espectador en un bar- y su viejo barrio.

El primer episodio de ‘Treme’, de noventa minutos de duración, bien podría pasar por una película de Clint Eastwood. No en vano se encargó su dirección a la veterana Agnieszka Holland. A pesar de los escombros, los tejados desaparecidos, las manchas de humedad, el barro en el suelo, el desastre absoluto, es de una belleza impactante. Las escenas más emotivas nos las brindan dos viejos conocidos de ‘The Wire’. El personaje del veterano Clarke Peters empeñado en limpiar en un bar que ni siquiera en suyo, para lo que no duda de disfrazarse de carnaval para conseguir ayuda, y el siempre convincente Wendell Pierce, un trompetista buscavidas que vive día a día y no tiene ni para pagarse los taxis. Su irrupción en la primera actuación de una banda callejera tras el Katrina, momentos iniciales de la serie, es antológica. Como ocurre en toda la obra reciente de David Simon, en ‘Treme’ no hay trampas. No hay cliffhangers al final de los episodios ni forzados giros de tuerca a la trama. En lo que quizás sólo sea aún posible en la HBO, su propuesta es sumergirnos entre los habitantes de una de las ciudades más singulares del mundo y su lucha por seguir a flote tres meses después de la catástrofe. Cuando ya se han ido las cámaras, cuando ya no es noticia. Y si no te gusta, nadie te ha pedido que te quedes.