El cine ha muerto » Paris Barclay

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Regresos

Hyde | 1 de noviembre de 2012 a las 10:44

Bien entrado ya el otoño y revisados casi todos los estrenos –de ‘Vegas’ y la pequeña decepción que ha supuesto la serie de Michael Chiklis y Dennis Quaid ya hablaremos-, va siendo hora de evaluar el estado de forma en que han vuelto las grandes veteranas. Si hubiera que dar un premio a la mejor progresión, al menos en lo que va de año, posiblemente se lo disputen ‘Sons of Anarchy’ y ‘Boardwalk Empire’. La serie shakesperiana de moteros-traficantes de armas de Kurt Sutter ha vuelto en su quinto año más salvaje que nunca. Y eso es mucho decir. Hay que remontarse a algún capítulo perdido de ‘The Shield’, donde Sutter se convirtió en el guionista que es de la mano de Shawn Ryan, para recordar tanta violencia en televisión. Una violencia tanto física como emocional. Hay mucha gasolina en esta temporada bien llevada de nuevo por el veterano Paris Barclay, con algunos de los cameos más espectaculares, casi extraterrestres, vistos jamás en televisión. Esperemos que no gripe como suele ocurrir casi siempre al final con Samcro.

En cuanto a Nucky Thompson y compañía, si no ha mejorado tanto es porque ya estaba en un nivel altísimo. Cada vez se parece más a ‘Los Soprano’, y ya saben el enorme halago que eso significa. Hay capítulos enormes, aunque uno se pregunta si no están desaprovechando un poco a Stephen Graham y su Capone. Cada vez que sale en pantalla saltan chispas.

‘Homeland’, no sólo la serie revelación, sino la mejor del año pasado, ha vuelto a sorprendernos. A cada capítulo parece imposible que los guionistas salgan de la ratonera en la que se han metido, que sea posible que Brody se mantenga por ahí. Recién renovada para una tercera temporada, hay que ponerle una vela a San Judas Tadeo, patrón de las causas imposibles, para que todo siga igual. Algún día debe reventar, decepcionarnos, traicionar su estilo y su trama. De momento, ese día no ha llegado.

También se han emitido ya tres episodios de ‘The Walking Dead’. Siendo de los que han evitado la lectura del cómic para no dejarse influenciar en la serie, la cárcel parece un estupendo sitio con el que aligerar los problemas de presupuesto que precipitaron la salida de Frank Darabont y la llegada de Glen Mazzara, que por otro parte sentó bien a la serie en lo que se refiere al desarrollo de los personajes y de sus conflictos. Puede que echemos de menos a Shane, aunque alguna sorpresa aguarda en el camino.

De los grandes regresos, si hay alguno ligeramente decepcionante ha sido el de ‘The Good Wife’. No se confundan: sigue siendo una serie maravillosa. Pero algo falla esta cuarta temporada. De momento no ha habido ningún capítulo redondo. Aun siendo pronto para juzgar, el rumbo parece un poquito perdido, y más con ese cambio que se le ha pretendido imprimir a Kalinda. Nathan Lane es un gran fichaje para el bufete, pero esperemos ver pronto a Michael J. Fox para ponerles más las pilas a los muchachos de Lockhart&Gardner. Tiene pinta, además, de que ha sido un gran error acabar con la tensión sexual (resuelta o no) de varios de los personajes.

Dos formas de entender la violencia

Hyde | 27 de enero de 2011 a las 11:11

sunil

Termina ‘En terapia’ y comienza la precuela de ‘Spartacus’, ‘Dioses de la arena’. A priori, esta asociación puede parecer fruto de un trastorno mental grave. La primera, una serie exquisita, producto de la HBO, santo y seña de la calidad, creada por el hijo de García Márquez y protagonizada por otro Gabriel, el grandísimo Byrne, ha llevado la televisión a lugares donde nunca antes había estado: la consulta de un psicoterapeuta.

La segunda es un producto zafio, una mezcla de peplum con la estética de ‘300’, en el que el principal divertimento es contar la cantidad de litros de sangre, cabezas cortadas, culos y tetas que saldrán en cada capítulo. Salida de la factoría Starz, una cadena joven con series ambiciosas pero francamente mejorables (como esos ‘Pilares de la Tierra’ de visión reciente en España), está supuestamente protagonizada por el británico Andy Whitfield. Digo lo de supuestamente porque tras serle detectado un cáncer al intérprete, ha tenido que abandonar la serie tras su exitosa primera temporada. Aunque los productores intentaron ganar tiempo filmando esta precuela con los acontecimientos previos a la llegada del gladiador tracia al ludus y la escabechina posterior, lo cierto es que lamentablemente Whitfield recayó de la enfermedad y los productores le han buscado un sustituto definitivo, el joven Liam McIntyre.

Son ya varios los críticos, como nuestro querido Alberto Nahum en sus diamantes en serie, a los que he leído la comparación de ‘In treatment’ con un western. Es un símil afortunado, porque aunque apenas sale de la consulta y la mayor parte del tiempo sus protagonistas (el doctor Weston y el paciente de turno) permanecen sentados, hay pocas series en la que se pueda palpar más la tensión. Es una serie agotadora y violenta, por cuanto nos enfrentamos en ella a la mayoría de grandes problemas y sentimientos que nos persiguen y traumatizan a todos, por cuanto es una intrusión en territorios poco transitados de nuestra mente y memoria. Es una joya con unos actores excepcionales, y en la que los mejores capítulos casi siempre están dirigidos por Paris Barclay, ese estupendo artesano de la televisión que domina como pocos el alma que debe tener una serie.

En esta temporada, sin alcanzar el nivel de las anteriores, hemos contado en el diván con una Debra Winger espléndida en su madurez, pero que podía haber dado más. Ha brillado especialmente el indio Irrfan Khan, como el inquietante Sunil. Todavía no está claro si esta ha sido la última temporada de ‘En terapia’. La HBO aún no lo ha confirmado, pero todo apunta a que sí. Y no es mal tratamiento para la melancolía en que nos deja un empacho de violencia explícita (las vísceras, miembros cercenados y sangre salpican la pantalla) y sexo como el que ofrece la tramposa y repetitiva ‘Spartacus’, con la siempre sensual Lucy Lawless -quién iba a decir que veríamos así a Xena la Guerrera-, pero con los mismos argumentos de siempre. Es además una buena forma de poner la mente en blanco. ¿Acaso no estamos acostumbrados a ello los telespectadores españoles?

Malévolo añadido con ocurrencia posterior: Todo cambia si, tras echar un vistazo por la parrilla televisiva, ponemos ‘Spartacus’ y nos imaginamos, lanzados a esa arena, a cualquiera de los personajillos que la invaden. Pienso especialmente en Telecinco… Entonces seguro que nos parecerá una maravilla.