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Centrifugado narrativo

Hyde | 4 de marzo de 2010 a las 12:44

El esquema narrativo de partida de ‘Damages’ (Daños y Perjuicios), parece extremadamente complejo, pero en realidad es bastante sencillo. Se coge al espectador, se le mete en la lavadora y se le centrifuga. El tambor gira hacia delante y hacia atrás, y desde el primer capítulo sabemos que algo terrible va a pasar, ha pasado y está pasando. Pero se nos hurtan los pasos intermedios y sabiendo lo que sabemos, en realidad estamos a dos velas. Si a eso se le añade el detergente más potente del mercado, un elemento casi explosivo como es su personaje principal, la abogada Patty Hewes que compone de forma magistral Glenn Close, y una amplia gama de excelentes secundarios, tenemos una de las mejores primeras temporadas de una serie de la historia.

Porque el problema principal de ‘Damages’ es su espectacular arranque. No es una estrella fugaz, como Prison Break y Heroes, pero la trama de los Kessler y Zelman sufrió mucho en la segunda temporada, porque los guionistas habían agotado la capacidad de sorpresa del espectador en la primera, absolutamente adictiva. Damages sentó cátedra en el uso del flashback, pero sus creadores han abusado del recurso, incluso más que los de ‘Lost’. Si en la primera temporada el personaje de Close, una letrada que hace llorar al más fiero de los tiburones de Wall Street, se obsesiona con un millonario por estafar a sus trabajadores y accionistas, en la algo decepcionante segunda lo hace contra una gigantesca multinacional que está contaminando un condado y alterando las reglas del mercado eléctrico. En la tercera temporada, que empezó hace semanas, los oportunistas guionistas han copiado el escándalo de Maddof, y se adentran en los esquemas de una estafa Ponzi. La nómina de estrellas invitadas y secundarios de Damages es impresionante. Desde el magnífico Ted Danson y su Arthur Frobisher, hasta John Doman, nuestro jefe favorito de ‘The wire’. Pasando por el siempre estupendo Zeljko Ivanek, el algo apagado William Hurt, Marcia Gay Harden o Timothy Olyphant. Este año tiene en nómina a Martin Short, Campbell Scott y Limli Tomlin, por lo que parece que el listón ha bajado algo en esta serie de trucos narrativos que está renovada por varias temporadas, pero que se enfrenta al casi imposible reto de mantener enganchado a su público, algo saturado de tanto artificio.

Nuestras diez series de la década

Hyde | 30 de noviembre de 2009 a las 19:02

six-feet-underLos anglosajones gustan mucho de los rankings y no sé muy bien por qué no los hacemos más por aquí. Así que aprovechando que The Hollywood Reporter ha hecho su lista de las mejores diez series de la década (con ausencias ominosas), que el Pisuerga pasa por Valladolid, haremos otra lista rápida por aquí. Pueden mandar sus aportaciones, que seguro que las hay. Aunque hablamos de series como un conjunto, porque si analizáramos sólo una temporada, tendríamos que incluir productos que comenzaron en el cielo (‘Prison Break’, ‘Damages’, incluso ‘Heroes’) y acabaron totalmente estrellados.  Ahí va nuestra lista:

1.- ‘Los Soprano’. Si alguien duda de ello, le mando un pescado envuelto en papel con Paulie de mensajero. David Chase revolucionó el género televisivo y James Gandolfini creó el mejor personaje mafioso de la historia. Sí, incluidos Vito y Michael Corleone. Echamos de menos a la familia, los suburbios de Nueva Jersey y a la terapeuta.

2.- ‘A dos metros bajo tierra’. Podría haber ganado el oro de no ser por la caída del nivel en las dos últimas temporadas. Los Fischer y su funeraria, o cómo divagar sobre la muerte en televisión sin poder quitarte la sonrisa de la boca y a veces las lágrimas de los ojos. Alan Ball, guionista de ‘American Beauty’, dejó una obra duradera que resistirá el tiempo, y nos descubrió a todos un actor formidable, Michael C. Hall. Tras ‘Six Feet Under’, la muerte tiene otra pinta.

3.- ‘Breaking Bad’. No vamos a rellenar la lista sólo con series de la HBO. Así que, a pesar de que sólo lleva dos temporadas, resulta justo reconocer la originalidad, atrevimiento y calidad de esta ácida -nunca mejor dicho- serie, en la que brilla Bryan Cranston, ganador de dos Emmy. Un perdedor, un profesor de química de instituto de un pueblo de Nuevo Méjico, con un hijo con parálisis cerebral y otro en camino, descubre que tiene un cáncer terminal. Así que decide empezar a sacarle provecho económico a sus conocimientos con el quimicefa para que su familia no tenga problemas en su ausencia. La metamorfosis del profesor Walter White es una de las cosas más impresionantes que hemos visto en televisión.

4.- ‘Entourage’.- Ya iba siendo hora de meter una comedia, aunque ‘El séquito’ sea mucho más que eso. Es una serie sobre el implacable negocio del entretenimiento, sobre la amistad, sobre el éxito y el fracaso. Con cameos de lujo y uno de los mejores secundarios ever, el Ari Gold de Jeremy Piven.

5.- ‘Lost’.- J.J. Abrams es a la televisión lo que Spielberg al cine. Todo lo que toca se convierte en oro. Aunque con ‘Fringe’ no acaba de despegar, ‘Perdidos’ supuso un cataclismo en la narrativa televisiva, especialmente por su uso de los flashbacks. La corporación Dharma, los otros, la isla… aunque ha tenido altibajos, esta isla misteriosa es posiblemente la serie que más engancha. Si tienes varios capítulos, es imposible ver sólo uno. Pero empieza a hacerse pesadita. Y como al final nos digan que todo ha sido un sueño, prometo ir a la isla y prenderle fuego (con Abrams dentro, claro está).

6.- ‘Dexter’.- ¿Una serie protagonizada por un asesino psicópata que no puede pasar unas semanas sin descuartizar a alguien pero que se busca un sistema para hacer el bien?  La idea parece descabellada pero es genial. Cambio radical de papel para Michael C. Hall, que lo borda como este enfermo asocial al que tenemos que querer. Y aunque parezca increíble, los creadores de la serie se las han apañado para que no baje mucho el nivel en sus cuatro temporadas. Mención especial merece el fiscal Prado que encarna Jimmy Smits.

7.- ‘The shield’.- Shawn Ryan hace lo imposible: ser absolutamente original con una serie sobre policias en Los Ángeles. Cámara al hombro seguimos las aventuras, corruptelas y desgracias de Vic Mackey, otro de los personajes antológicos de esta década, por cortesía de Michael Chiklis, a través de los barrios más degradados por la droga y la delincuencia. Es una serie brutal, que impacta desde el episodio piloto, con secundarios de absoluto lujo, en especial Forest Whitaker, que lo borda. Además, en su nómina de guionistas y productores aparece en lugar destacado Kurt Sutter, creador de ‘Sons of anarchy’, actual reina motera de la parrilla.

8.- ‘In treatment’.- ¿Qué clase de bloguero y crítico sería si no recompensara el esfuerzo mental  y físico de Gabriel Byrne para interpretar al terapeuta Paul Weston? Basada en una serie israelí, Rodrigo García (no, no diré de nuevo de quien es hijo, que ya suficiente carga tiene el hombre) nos demuestra que se puede crear una tensión extrema con una charla en una habitación. Seis personas en terapia, con sus distintas sesiones, bastan para darnos cuenta del principio fundacional de la psicología: la culpa de todo es de los padres. Genial.  

9- ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’. Aaron Sorkin, uno de los mejores guionistas de Hollywood, nos enseñó lo que no vemos del edificio en el que se toman las decisiones que rigen el mundo. En lo que iba a ser una serie sobre el gabinete del presidente, Martin Sheen se tomó tan en serio a su presidente Bartlet que acabó protagonizando los momentos más intensos. Este show un líder demócrata idealista, honrado, culto y profundamente comprometido con sus principios, se emitió paradójicamente durante los tenebrosos años de la era Bush. Pero nos gusta pensar que preparó el terreno para la llegada de Obama. ‘The west wing’ nos devuelve la fe en la política tan rápido como la perdemos en cuanto termina la serie y vemos las noticias…

10.- ‘The wire’. Aunque se me quedan fuera series como ‘Curb your enthusiasm’, ‘Damages’, ‘Mad men’,  ‘How I met your mother’, ‘True Blood’ o incluso ‘Friday Night Lights’, resulta imposible no incluir en una lista de diez series de la década a ‘The wire’, de una factura con una calidad indiscutible. Como ‘The shield’, nos aporta una visión diferente, en este caso de la terrible Baltimore, y nos enseña lo que nunca antes habíamos visto: cómo se desmonta una banda con las escuchas telefónicas.

El Rey es él

Hyde | 8 de septiembre de 2009 a las 18:52

http://www.youtube.com/watch?v=zAREc1UU9ww Por mucho que nos duela, todo tiene un fin. Y saberlo es lo que nos convierte en humanos, nuestro castigo divino, lo que nos diferencia de los animales. No pretendo que éste sea un post místico, pero dentro de nosotros hay algo que intenta retrasar ese momento por todos los medios, que quiere creer que nunca se acabarán las cosas que amamos o con las que disfrutamos. Tengo un amigo que se resistía a escuchar todos los discos de The Beatles, pues sabía que después llegaría el vacío. Yo mismo estuve meses evitando ver la última temporada de ‘Los Soprano’, o he retrasado hasta estos días finales de verano -aunque la comparación es odiosa- la lectura del último tomo de Millenium. Me gustara o no su trilogía, el pobre Stieg Larsson no iba a escribir más.

Las series, ya lo hemos comentado por aquí, se resisten casi siempre a morir, incluso cuando en más de un caso sería deseable. No insistiremos en el horror que supuso la continuación de ‘Prison Break’ o de ‘Héroes’, pero la audiencia manda y ningún directivo de cadena está dispuesto a enterrar con todos los honores un producto que vivo le genera cuantiosos ingresos publicitarios. Lo mismo ocurrre con guionistas, actores y creadores, y así se estiran tramas más allá de lo razonable.

Pero también hay casos contrarios. Buenos productos que fenecen por falta de una audiencia masiva, porque no son rentables. Aunque la HBO ha sabido mantener contra viento y marea, hasta que necesariamente triunfaron, porque eran buenas, algunas de sus series, desde aquí le reprocharemos siempre el fin de la magnífica ‘Roma’. Y si eso lo hizo la HBO, qué no será capaz de hacer una cadena generalista que pugna por cada décima de share. Es lo que ha ocurrido con la NBC y ‘Kings’, su gran apuesta del año pasado, y que este bloguero está terminando de ver ahora (lo reconozco, con bastante retraso). Duele saber que sólo hay una temporada, que la serie fue cancelada por falta de audiencia. Porque es original -imaginen una monarquía en un país ficticio pero que es EEUU-, porque es una adaptación muy atrevida del mito bíblico de David y Goliat y, sobre todo, porque la protagoniza una de las debilidades de este blog: Ian Mcshane. Su sola presencia es motivo para tragarse ‘Kings’. Maldita sea la NBC!!!

Hace unos días, Alberto Rey en su blog ‘Asesino en serie’, ponía la enorme, majestuosa y seductora voz de Mcshane como ejemplo del horror de los doblajes. En efecto, los aficionados/adictos a las series sentimos la necesidad de verlas en versión original, no por esnobismo, sino porque cualquier otra cosa es una mutilación, un sucedáneo. Mcshane, al que veneramos desde ‘Deadwood’, es uno de esos grandes actores que da sentido al título de este blog. Podría retar a cualquier de sus compañeros de la gran pantalla y seguramente saldría airoso. Lástima que le haya dado por volver al cine (en el que empezó en los sesenta y con más de treinta cintas) para hacer películas basura (una de carreras de coches en una cárcel o algo así) o para poner su mayor tesoro al servicio de los dibujos animados (pone voz al malvado tigre de ‘Kung Fu Panda’).

También es una pena que los ejecutivos de la NBC no fueran más pacientes. También que las series no tengan la posibilidad de ‘traspasarse’ y fichar por cadenas con más confianza en los buenos productos.

Vuelve una de las grandes

Hyde | 5 de febrero de 2009 a las 14:18

http://www.youtube.com/watch?v=sjJC7c-qyfw&feature=related En capítulos anteriores/”previously, on el cine ha muerto”, hemos comentado la facilidad con que las series mueren de éxito. Es decir, se alargan artificialmente magníficas tramas que se habían agotado en la primera temporada. Es el caso de ‘Prison Break’ y de ‘Héroes’. Está por ver si le ocurre lo mismo a la sensación de 2007, ‘Damages’. Sí, es otra serie de abogados y de suspense. Pero no tiene absolutamente nada que ver con las anteriores, es algo completamente diferente, un alarde de guión, ritmo narrativo, uso de los flashbacks y, sobre todo, interpretación. Quien haya visto un capítulo de esta serie y no haya seguido viendo todos los demás que levante la mano… ‘Damages’, en España ‘Daños y perjuicios’, es obra de los hermanos Kessler, Glenn y Todd. Uno de ellos es actor e incluso ha participado como agente del FBI en esta serie y en ‘Los Sopranos’. El otro también ha sido guionista y productor de los añorados mafiosos de Nueva Jersey. Es decir, que los dos tienen el certificado ISO 9000 en series de calidad y saben lo que se traen entre manos.

Tampoco son novatos exactamente los actores de la serie. En la primera temporada, y ganó un Emmy por ello, descubrimos a una Glenn Close como nunca, y eso es mucho decir. Su Patty Hewes es ya uno de esos personajes históricos de la televisión, homologable a Tony Soprano, Vic Mackey. La inicialmente mosquita muerta Rose Byrne está muy bien, pero sobre todo nos sorprende Ted Danson, sí, el de Cheers.  Es uno de los secundarios de absoluto lujo de esta serie imprescindible, como Zeljko Ivanek, un pequeño grande (por cierto, es básico ver esta serie en versión original). En la segunda temporada se incorporan otros tres pesos pesados de la pantalla: William Hurt, Marcia Gay Harden (impresionante su papel en ‘La niebla’, by the way) y el más joven Timothy Olyphant.

Aunque la segunda temporada no tiene (es imposible) el elemento de sorpresa absoluta de la primera, los tres primeros capítulos no han sido una gran decepción. Y eso ya es algo, porque las expectativas estaban demasiado altas.

Maltrato público

Hyde | 16 de diciembre de 2008 a las 9:51

El lunes de madrugada, en Canal Sur 2, descubrí un capítulo de ‘The shield’. Y las andanzas de Vic, Dutch y el resto de polis me animaron a denunciar, si no en la comisaría de Farmington, sí en este blog, el habitual maltrato de las televisiones públicas a las buenas series. 

Hay casos cuasi delictivos, de presunta malversación de caudales públicos, como el de La 2. En la última década, la supuesta cadena de la calidad se ha gastado una pasta en adquirir derechos y después ha marginado en horarios de madrugada, con continuos cambios de día, repeticiones de episodios y saltos elípticos que obviaban varios capítulos, joyas como ‘El Ala oeste de la Casa Blanca’ y ‘A dos metros bajo tierra’. Así que a los forofos nos obligaban a ‘bajarnos’ los capítulos por internet y ambas series jamás cosecharon aquí un éxito similar al de EEUU. Era imposible con tanta parrilla veleta, como le ha ocurrido también a los hermanos Winchester de la entretenida ‘Sobrenatural’. La RTVE sólo ha cuidado y promocionado, que recordemos, ‘Mujeres desesperadas’, que ni con tacones le llega a la altura de la suela a las dos series anteriores.

Canal Sur, además del último caso de ‘The Shield’, aquí conocida como ‘Al margen de la ley’, también ha obligado a hacer guardias nocturnas a los cirujanos plásticos de ‘Nip&Tuck’. Y la televisión andaluza tampoco aprovechó el filón de la primera temporada de ‘Héroes’. Debe de ser que la copla, el flamenco, las bulerías, el fandango, los verdiales y las distintas ferias de la comunidad han derretido las neuronas de más de uno de sus programadores.

Todo lo contrario que las privadas. Si Telecinco, la cadena amiga de los vertederos, ha mimado y exprimido ‘CSI’ y sus franquicias hasta la extenuación, Cuatro se enganchó a ‘House’ para lograr sus mejores cuotas de audiencia y también cuidó la añorada ‘Roma’. La Sexta hizo lo propio con ‘Prison Break’. Las buenas series son buen negocio. Siempre que no las envíen a las galeras de la madrugada itinerante.