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Dos formas de entender la violencia

Hyde | 27 de enero de 2011 a las 11:11

sunil

Termina ‘En terapia’ y comienza la precuela de ‘Spartacus’, ‘Dioses de la arena’. A priori, esta asociación puede parecer fruto de un trastorno mental grave. La primera, una serie exquisita, producto de la HBO, santo y seña de la calidad, creada por el hijo de García Márquez y protagonizada por otro Gabriel, el grandísimo Byrne, ha llevado la televisión a lugares donde nunca antes había estado: la consulta de un psicoterapeuta.

La segunda es un producto zafio, una mezcla de peplum con la estética de ‘300’, en el que el principal divertimento es contar la cantidad de litros de sangre, cabezas cortadas, culos y tetas que saldrán en cada capítulo. Salida de la factoría Starz, una cadena joven con series ambiciosas pero francamente mejorables (como esos ‘Pilares de la Tierra’ de visión reciente en España), está supuestamente protagonizada por el británico Andy Whitfield. Digo lo de supuestamente porque tras serle detectado un cáncer al intérprete, ha tenido que abandonar la serie tras su exitosa primera temporada. Aunque los productores intentaron ganar tiempo filmando esta precuela con los acontecimientos previos a la llegada del gladiador tracia al ludus y la escabechina posterior, lo cierto es que lamentablemente Whitfield recayó de la enfermedad y los productores le han buscado un sustituto definitivo, el joven Liam McIntyre.

Son ya varios los críticos, como nuestro querido Alberto Nahum en sus diamantes en serie, a los que he leído la comparación de ‘In treatment’ con un western. Es un símil afortunado, porque aunque apenas sale de la consulta y la mayor parte del tiempo sus protagonistas (el doctor Weston y el paciente de turno) permanecen sentados, hay pocas series en la que se pueda palpar más la tensión. Es una serie agotadora y violenta, por cuanto nos enfrentamos en ella a la mayoría de grandes problemas y sentimientos que nos persiguen y traumatizan a todos, por cuanto es una intrusión en territorios poco transitados de nuestra mente y memoria. Es una joya con unos actores excepcionales, y en la que los mejores capítulos casi siempre están dirigidos por Paris Barclay, ese estupendo artesano de la televisión que domina como pocos el alma que debe tener una serie.

En esta temporada, sin alcanzar el nivel de las anteriores, hemos contado en el diván con una Debra Winger espléndida en su madurez, pero que podía haber dado más. Ha brillado especialmente el indio Irrfan Khan, como el inquietante Sunil. Todavía no está claro si esta ha sido la última temporada de ‘En terapia’. La HBO aún no lo ha confirmado, pero todo apunta a que sí. Y no es mal tratamiento para la melancolía en que nos deja un empacho de violencia explícita (las vísceras, miembros cercenados y sangre salpican la pantalla) y sexo como el que ofrece la tramposa y repetitiva ‘Spartacus’, con la siempre sensual Lucy Lawless -quién iba a decir que veríamos así a Xena la Guerrera-, pero con los mismos argumentos de siempre. Es además una buena forma de poner la mente en blanco. ¿Acaso no estamos acostumbrados a ello los telespectadores españoles?

Malévolo añadido con ocurrencia posterior: Todo cambia si, tras echar un vistazo por la parrilla televisiva, ponemos ‘Spartacus’ y nos imaginamos, lanzados a esa arena, a cualquiera de los personajillos que la invaden. Pienso especialmente en Telecinco… Entonces seguro que nos parecerá una maravilla.

Acción mental

Hyde | 4 de noviembre de 2010 a las 2:09

paul-weston-photo_432x324El doctor Paul Weston se pasa la mayor parte del día sentado en un sillón que tiene pinta de ser muy confortable. Pero su trabajo es agotador. Una sesión me cansa a mí, que soy espectador, y deja exhausto cada temporada al actor que interpreta al personaje, el excelente Gabriel Byrne. El mejor terapeuta de ficción -lo lamento por la sopraniana doctora Melfi-, acaba de regresar en la tercera temporada de ‘En terapia’, una exhibición interpretativa en la que nos metemos en una consulta sin diván que parece un cuadrilátero. Porque aunque se trate de una serie de diálogos de dos personajes sentados y sin apenas moverse, ‘En terapia’ es un combate mental permanente entre el doctor Weston y sus pacientes, una obra policiaca en la que intentamos adivinar qué trauma oculta cada uno de sus protagonistas, incluido el propio psiquiatra, al que también acompañamos cuando él se sienta en el sillón de enfrente.

Son apenas veinte minutos por capítulo, dos dosis diarias, dos veces a la semana, pero a pesar de no tratarse de una serie de acción, hay momentos de extrema tensión en estos viajes al subconsciente, esas exploraciones a la mente de sus pacientes que hace, a pecho descubierto, el sufrido doctor Weston. Su vida personal no es además el mejor ejemplo. Divorciado, irascible, separado de sus hijos y con dificultad para establecer relaciones. Una cosa es el Weston doctor, un tipo cercano, amable, tolerante hasta casi el extremo, sensible, y otra Paul, malhumorado, amargado, solo e infeliz. Y posiblemente enfermo.

Gabriel Byrne tuvo que aceptar seguir encarnando este exigente papel (la cámara está casi permanente sobre él) después de una campaña de cartas de admiradores enviada al New York Times. El irlandés tiene sus propios traumas. A principios de este año confesó haber sido víctima de abusos sexuales en el seminario, cuando tenía 11 años, por parte de dos curas. También fue maltratado, y más adelante, ya adulto, cayó en el alcoholismo y la depresión. Puede que toda esa experiencia vital tan terrible lo haga perfecto para este papel, aunque por lo general Byrne borda todo lo que hace.

‘En terapia’ es una obra casi más de teatro que de televisión, con un casting de lujo y unas intervenciones para el recuerdo, como la de Glynn Turman, que le valió el Emmy. Dianne Wiest, Blair Underwood, Mia Wasikowska (aquí debió conquistar a Tim Burton para su ‘Alicia’), Michelle Forbes, Hope Davis y John Mahoney han pasado por el sofá del doctor Weston en las dos temporadas anteriores, y este año tenemos un plato fortísimo, Debra Winger haciendo prácticamente de sí misma: una estrella de cine ya madura que sabe que sus mejores años han pasado ya.

Se trata de un producto típico de la factoría HBO, creado por Rodrigo García -me niego a volver a decir de quién es hijo, búsquenlo ustedes- a semejanza de una serie televisiva israelí, y en el que está presente ese astuto productor que huele el éxito y la calidad, el actor Mark Walhberg, también detrás de ‘Entourage’ y de ‘Boardwalk Empire’.

Nuestras diez series de la década

Hyde | 30 de noviembre de 2009 a las 19:02

six-feet-underLos anglosajones gustan mucho de los rankings y no sé muy bien por qué no los hacemos más por aquí. Así que aprovechando que The Hollywood Reporter ha hecho su lista de las mejores diez series de la década (con ausencias ominosas), que el Pisuerga pasa por Valladolid, haremos otra lista rápida por aquí. Pueden mandar sus aportaciones, que seguro que las hay. Aunque hablamos de series como un conjunto, porque si analizáramos sólo una temporada, tendríamos que incluir productos que comenzaron en el cielo (‘Prison Break’, ‘Damages’, incluso ‘Heroes’) y acabaron totalmente estrellados.  Ahí va nuestra lista:

1.- ‘Los Soprano’. Si alguien duda de ello, le mando un pescado envuelto en papel con Paulie de mensajero. David Chase revolucionó el género televisivo y James Gandolfini creó el mejor personaje mafioso de la historia. Sí, incluidos Vito y Michael Corleone. Echamos de menos a la familia, los suburbios de Nueva Jersey y a la terapeuta.

2.- ‘A dos metros bajo tierra’. Podría haber ganado el oro de no ser por la caída del nivel en las dos últimas temporadas. Los Fischer y su funeraria, o cómo divagar sobre la muerte en televisión sin poder quitarte la sonrisa de la boca y a veces las lágrimas de los ojos. Alan Ball, guionista de ‘American Beauty’, dejó una obra duradera que resistirá el tiempo, y nos descubrió a todos un actor formidable, Michael C. Hall. Tras ‘Six Feet Under’, la muerte tiene otra pinta.

3.- ‘Breaking Bad’. No vamos a rellenar la lista sólo con series de la HBO. Así que, a pesar de que sólo lleva dos temporadas, resulta justo reconocer la originalidad, atrevimiento y calidad de esta ácida -nunca mejor dicho- serie, en la que brilla Bryan Cranston, ganador de dos Emmy. Un perdedor, un profesor de química de instituto de un pueblo de Nuevo Méjico, con un hijo con parálisis cerebral y otro en camino, descubre que tiene un cáncer terminal. Así que decide empezar a sacarle provecho económico a sus conocimientos con el quimicefa para que su familia no tenga problemas en su ausencia. La metamorfosis del profesor Walter White es una de las cosas más impresionantes que hemos visto en televisión.

4.- ‘Entourage’.- Ya iba siendo hora de meter una comedia, aunque ‘El séquito’ sea mucho más que eso. Es una serie sobre el implacable negocio del entretenimiento, sobre la amistad, sobre el éxito y el fracaso. Con cameos de lujo y uno de los mejores secundarios ever, el Ari Gold de Jeremy Piven.

5.- ‘Lost’.- J.J. Abrams es a la televisión lo que Spielberg al cine. Todo lo que toca se convierte en oro. Aunque con ‘Fringe’ no acaba de despegar, ‘Perdidos’ supuso un cataclismo en la narrativa televisiva, especialmente por su uso de los flashbacks. La corporación Dharma, los otros, la isla… aunque ha tenido altibajos, esta isla misteriosa es posiblemente la serie que más engancha. Si tienes varios capítulos, es imposible ver sólo uno. Pero empieza a hacerse pesadita. Y como al final nos digan que todo ha sido un sueño, prometo ir a la isla y prenderle fuego (con Abrams dentro, claro está).

6.- ‘Dexter’.- ¿Una serie protagonizada por un asesino psicópata que no puede pasar unas semanas sin descuartizar a alguien pero que se busca un sistema para hacer el bien?  La idea parece descabellada pero es genial. Cambio radical de papel para Michael C. Hall, que lo borda como este enfermo asocial al que tenemos que querer. Y aunque parezca increíble, los creadores de la serie se las han apañado para que no baje mucho el nivel en sus cuatro temporadas. Mención especial merece el fiscal Prado que encarna Jimmy Smits.

7.- ‘The shield’.- Shawn Ryan hace lo imposible: ser absolutamente original con una serie sobre policias en Los Ángeles. Cámara al hombro seguimos las aventuras, corruptelas y desgracias de Vic Mackey, otro de los personajes antológicos de esta década, por cortesía de Michael Chiklis, a través de los barrios más degradados por la droga y la delincuencia. Es una serie brutal, que impacta desde el episodio piloto, con secundarios de absoluto lujo, en especial Forest Whitaker, que lo borda. Además, en su nómina de guionistas y productores aparece en lugar destacado Kurt Sutter, creador de ‘Sons of anarchy’, actual reina motera de la parrilla.

8.- ‘In treatment’.- ¿Qué clase de bloguero y crítico sería si no recompensara el esfuerzo mental  y físico de Gabriel Byrne para interpretar al terapeuta Paul Weston? Basada en una serie israelí, Rodrigo García (no, no diré de nuevo de quien es hijo, que ya suficiente carga tiene el hombre) nos demuestra que se puede crear una tensión extrema con una charla en una habitación. Seis personas en terapia, con sus distintas sesiones, bastan para darnos cuenta del principio fundacional de la psicología: la culpa de todo es de los padres. Genial.  

9- ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’. Aaron Sorkin, uno de los mejores guionistas de Hollywood, nos enseñó lo que no vemos del edificio en el que se toman las decisiones que rigen el mundo. En lo que iba a ser una serie sobre el gabinete del presidente, Martin Sheen se tomó tan en serio a su presidente Bartlet que acabó protagonizando los momentos más intensos. Este show un líder demócrata idealista, honrado, culto y profundamente comprometido con sus principios, se emitió paradójicamente durante los tenebrosos años de la era Bush. Pero nos gusta pensar que preparó el terreno para la llegada de Obama. ‘The west wing’ nos devuelve la fe en la política tan rápido como la perdemos en cuanto termina la serie y vemos las noticias…

10.- ‘The wire’. Aunque se me quedan fuera series como ‘Curb your enthusiasm’, ‘Damages’, ‘Mad men’,  ‘How I met your mother’, ‘True Blood’ o incluso ‘Friday Night Lights’, resulta imposible no incluir en una lista de diez series de la década a ‘The wire’, de una factura con una calidad indiscutible. Como ‘The shield’, nos aporta una visión diferente, en este caso de la terrible Baltimore, y nos enseña lo que nunca antes habíamos visto: cómo se desmonta una banda con las escuchas telefónicas.

La reina y su séquito

Hyde | 8 de octubre de 2009 a las 10:58

Desde ‘Los Soprano’ y ‘A dos metros bajo tierra’, la cadena de pago norteamericana HBO es la reina indiscutible de la producción televisiva. Y aunque últimamente le han salido fieros aspirantes al trono con sus mismas armas de creatividad e incorrección política -Showtime con ‘Dexter’ y ‘Californication’, AMC con ‘Breaking Bad’ y ‘Mad men’-, todavía hoy sigue ofreciendo ‘delicatessens’ semanales. El domingo se emitió en Estados Unidos -disculpen si no me molesto en buscar dónde y por dónde se está maltratando a esta serie en España- el último capítulo de la sexta temporada de ‘Entourage’ (El séquito), la serie favorita del hombre más poderoso del planeta, Barack Obama.

Aparentemente, ‘Entourage’ es superficial: las aventuras en Hollywood de un joven y exitoso actor salido de Queens y de sus amigos, a quienes se lleva allí a modo de guardia de corps. Pero la HBO ha sabido aliñar la trama con ingredientes que hacen de sus capítulos los mejores 25 minutos que se pueden disfrutar de televisión. Como confirma la colección de premios Emmy que acumula, cuenta con uno de los mejores personajes secundarios de la historia televisiva, el agente Ari Gold, que encarna Jeremy Piven. Un ejecutivo deslenguado, ambicioso y sin escrúpulos pero con su pequeño corazoncito, cuyas soeces diatribas triunfan en Youtube. En el capítulo emitido el domingo les aseguro que nos ofrece uno de los expedientes de regulación de empleo más desternillantes y salvajes vistos en televisión -ya quisieran Donald Trump o Lluis Bassat despedir así-.’Entourage’ está basada en la vida real de uno de sus productores, el actor, rapero y modelo Mark Walhberg, un intérprete mediocre pero un ejecutivo exquisito, pues también produce otra de las maravillas de la HBO: el ‘En terapia’ de Gabriel Byrne y Rodrigo García.

Como se trata de mostrar las tripas de Hollywood, en la serie no faltan los ‘cameos’. Hasta el punto de que hay bofetadas para salir en ella. Por dar unos pocos nombres, aparece gente como Martin Scorsese, Matt Damon, Bono, Lebron James, Scarlett Johansson, Tom Brady o el maestro Aaron Sorkin, creador de ‘El ala oeste de la Casa Blanca’. ‘Entourage’ no es una serie profunda, emotiva o un la típica sitcom hilarante de risa enlatada. Es un canto a la amistad, al viaje de la vida, al sexo, la ambición y la juventud. En cada capítulo consigue que nos olvidemos de la realidad y nos sintamos estrellas de Hollywood. Y eso no es mala cosa.

Matar al padre

Hyde | 9 de abril de 2009 a las 12:28

No tengo claro si ser hijo de García Márquez es una suerte o una bendición. Desde luego tiene que abrir muchas puertas que tu padre tenga el Nobel, que todo dios haya leído con devoción ‘Cien años de Soledad’. Pero después llegan las comparaciones, los complejos, el afán freudiano por ‘matar’ al padre. Y en el caso de ‘Gabo’ eso es imposible, por mucho que podamos criticarle su amistad con el dictador Castro, sus incoherencias y sus últimas pedofilias literarias. Sería un deicidio.

Rodrigo García se ha labrado una sólida carrera en Hollywood como guionista y director. Cierto que ya no es un chaval (cumple 50 años en agosto), pero ha dirigido capítulos de ‘Los Soprano’ y ‘A dos metros bajo tierra’, un par de convincentes películas, y es el creador, director y guionista principal de ‘In treatment’. ‘En terapia’ es la serie más simple y más compleja que he podido ver últimamente. Un terapeuta y sus pacientes, uno por capítulo, en su consulta. Planos cortos, el cerebro y las emociones humanas a examen, duelos dialécticos, desafíos, toda la tensión que es posible en una habitación. El siempre excelente Gabriel Byrne -aquí lo queremos desde ‘Muerte de las flores’- es el protagonista, un psiquiatra que empatiza con sus clientes, que tiene sus propios problemas y frustraciones, obligado a aguantar carros y carretas en cada sesión. El propio actor, que hace una extraordinaria y agotadora interpretación, estuvo a punto de dejarlo, aunque finalmente cientos de cartas de ‘enganchados‘ fans lo obligaron a renovar por una segunda temporada.

Sé que este post llega con mucho retraso (el trabajo se le acumula a este bloguero con lo último de ‘lost’, ‘damages’, ‘breaking bad’, ‘supernatural’, ‘battlestar’, ‘how I met your mother’ y otras series), pero merece la pena ver ‘in treatment’. Es sano. Aunque todavía no haya visto a ningún paciente empeñado en matar a su padre.