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Cobardía en la parrilla

Hyde | 21 de noviembre de 2012 a las 19:11

¿Qué hace que una serie mala sea un éxito y una de calidad no consiga enganchar a la audiencia? ¿Qué pasa por las cabezas de un guionista, de un productor y de un ejecutivo de televisión cuando desarrollan una trama como, por ejemplo, la de ‘Señoras que…’? ¿Se puede ser honesto intelectual y artísticamente y a la vez mantener sentados a los espectadores una hora a la semana delante de la tele? El caso de Shawn Ryan, uno de los grandes de la tele, empieza a ser digno de estudio. Tras la excelente ‘The Shield’ encadena dos fracasos consecutivos. Ambos frustrantes porque eran buenas series. Tras el sofoco de ‘Terriers’ -él siempre ha achacado su bajo seguimiento por el terrible nombre-, el viernes se llevó el palo de la cancelación, por parte de la ABC, de la que hasta ahora era mejor nueva serie este año, el thriller político-militar ‘Last Resort’.

De acuerdo, podemos todos coincidir en que no ha habido ningún capítulo a la altura del piloto, pero también hay que reconocer que éste era simplemente uno de los mejores comienzos de los últimos años. Y hay que tener valor para juntar en una historia un submarino nuclear, una especie de golpe de Estado en EEUU, Pakistán y una isla perdida en mitad del océano. Si hay que poner algún reparo en una serie aplaudida de forma casi unánime por la crítica, han sido los malos. ¡Qué importantes son para una buena historia! Sahr Ngaujah y su Julian Serrat -vaya nombre para un malvado- no daban mucho de sí. Una completa lástima y un gran disgusto.

En cambio, mientras, uno ve que muchas medianías vistas mil veces se mantienen en la parrilla. Como ‘Chicago Fire’, la serie de bomberos de la NBC que acaba de ser renovada. No me malinterpreten, se deja ver y tiene un casting relativamente aceptable, con Jesse Spencer (‘House’), Eamonn Walker (‘Lighst Out’) y Taylor Kinney (‘Crónicas vampíricas’) a la cabeza. Pero los personajes son una ristra de clichés tópicos y tampoco hay tanta acción y fuego como cabría esperar. A primera vista, uno diría que los bomberos son mucho más aburridos que los polis, los médicos o los abogados. Eso debe saberlo bien su productor Dick Wolf, de ‘Ley y Orden’. Hasta ahora, en ‘Chicago Fire’ lo más interesante ha sido la aparición de un policía corrupto. Pero todo es demasiado pulcro, demasiado convencional, demasiado “hagamos un ‘Anatomía de Grey’ entre mangueras”. Una serie cobarde pero que recibe el premio de sobrevivir.

 

El estreno del otoño

Hyde | 11 de octubre de 2012 a las 13:55

Juntemos a uno de los mejores creadores televisivos de la última década, una cadena potente como la ABC, un buen casting, un gran guión con diálogos brillantes. Y añadamos una crisis con un submarino nuclear con 18 cabezas atómicas a bordo. Tendremos el que por el momento es con diferencia el mejor estreno del año, ‘Last Resort’, un thriller político-militar que llega con la firma de Shawn Ryan, el responsable de ‘The Shield’, posiblemente la mejor serie que no has visto.

A mucha distancia de ‘Revolution’ o de ‘Vegas’, ‘Last Resort’ constituye un gran ejemplo de la premisa fundacional de este artículo: la televisión puede mirar cara a cara al cine y muchas veces ganarle la partida, porque cuenta con grandes ventajas, principalmente el tiempo y la capacidad para desarrollar los personajes y las tramas. A priori, esta serie podría ser una buena película, una nueva versión de la ‘Marea Roja’ del recientemente desaparecido Tony Scott. Y corre el grave riesgo del síndrome del piloto perfecto: tan bueno e intenso que la serie tiende a desinflarse y hundirse progresivamente porque nunca volverá a estar a la altura de su primer episodio. Le ha ocurrido a varias, entre ellas a ‘Flashforward’, aunque los responsables de ‘Last Resort’ aseguran haber aprendido de las malas experiencias anteriores. Al respecto le preguntaban a Ryan en una entrevista reciente, y también sobre cómo planeaban extender la trama en formato de serie lo que parecía una película conclusiva. Y en su respuesta Ryan demostró que sabe bien lo que se trae entre manos: “Es una cita clásica de Mike Tyson, todo el mundo tiene un plan hasta que recibe un puñetazo en la cara. Y producir una serie es recibir constantemente puñetazos en la cara y levantarte. A diferencia de otras series, nuestro show no es tanto sobre un misterio como sobre una situación y un conflicto que creemos podemos desarrollar. No se trata de retener un gran secreto a la audiencia y hacerla esperar. De momento hemos escrito siete episodios y no nos hemos quedado sin historia. Lo mejor es que tenemos un enorme lienzo internacional al que literalmente puedes traer jugadores. Podemos ir a Washington, a Rhode Island, podemos estar dentro del submarino. Ir a Hong Kong… Podemos hacer cualquier cosa”.

 

Visto el segundo episodio, tanto la acción como la trama mantienen el nivel alto y, como dice Ryan, la paleta de colores de esta serie se antoja infinita: Navy Seals, Deltas, Spetnatz, batallas submarinas…

 

Elecciones

Hyde | 19 de mayo de 2011 a las 12:56

Hace unos días un grupo de productores, ‘showrunners’ y expertos en series de televisión discutían en Estados Unidos sobre la conveniencia o no de poner resúmenes de la trama (ya saben, el “previamente en” o “en capítulos anteriores”) al principio de cada episodio. No hubo acuerdo: hay quien lo considera necesario y quien cree que tienen el efecto contrario al perseguido: espantan a los nuevos espectadores y a quienes no se engancharon desde el principio.

En esta jungla televisiva afortunadamente repleta de series de calidad no siempre sobreviven los mejores, sino quienes tienen más suerte, dan con todas las teclas en el momento adecuado y, sobre todo, no meten la pata con los pilotos. Porque hay primeros capítulos que no hacen en absoluto justicia a las series y otros que desnudan el producto y nos quitan las ganas de sufrir más. Ocurría, por ejemplo, con el interminable piloto doble de ‘Los Borgia’, un manual de cómo algunos cineastas se niega a adaptarse a los nuevos lenguajes televisivos. En mi caso, acabé tan empachado que me niego a ver el tercer episodio ni aunque me torture la guardia suiza del Vaticano.

En el otro extremo está ‘The Chicago Code’, probablemente el mejor de los muchos policiacos estrenados este año. Acaba de ser cancelada y todo porque en sus primeros episodios presentó una trama de fondo, la lucha contra la corrupción política y policial en la ciudad del viento, que parecía exigir estar al día. Shawn Ryan, uno de los ‘popes’ de la nueva tele, beatificado por la cofradía de los seriófagos como responsable de esa obra maestra que es ‘The Shield’, no ha tenido demasiada suerte últimamente. El año pasado le cancelaron ‘Terriers’, aplaudida de forma unánime por la crítica, y ahora recibe este palo injusto.

Los personajes y el casting, aunque al principio hubiera dudas, funcionan. No sólo Jennifer Beals (sí, la bailarina de ‘Flashdance’) empieza a ser creíble como dura comisaria jefe. También el tierno Matt Lauria, a quien tenemos cariño por su papel en ‘Friday Night Lights’. Y el poco conocido Jason Clarke demuestra que puede llevar de sobras el peso del papel protagonista, componiendo un estupendo Jared Wysocki. Hasta el malo, el concejal Gibbons (Delroy Lindo), es clavado. Es un malnacido, pero hay que ver cómo tiene de limpio su distrito.

Más polis que series

Hyde | 24 de febrero de 2011 a las 9:17

*Apr 07 - 00:03*

Si hay una temática explotada en la televisión son las series de policías. Eso no es obstáculo para que cada año la parrilla se llene de ellas, en una pelea a tiros por la audiencia de la que sobreviven muy pocas. Y no, no pienso hablarles hoy de la franquicia CSI, la churrería de forenses de Bruckheimer que hace bastantes años nos empachó. Seguramente el día que sufrimos la indigestión fue el mismo que empezamos a ver la obra maestra policiaca de la década, ‘The Shield’. Se pueden contar con una mano las series mejores que ‘Al margen de la ley’ (su ‘traducción’ española), que pese a lo trillado del género fue revolucionaria por su perfecta mezcla de realismo, acción y drama grabados cámara al hombro, con un grupo de personajes redondos, de esos que no sabemos si son buenos, malos o regulares. Los polis del ficticio distrito angelino de Farmington podían ser corruptos, ambiciosos, amorales, justicieros, preocupados padres de familia, héroes o todo eso a la vez. Pero cuando terminaba un episodio el espectador tenía la sensación de haberse metido con ellos hasta la cintura en las cloacas de la miseria humana.

Su creador, Shawn Ryan, no ha tenido la suerte de su discípulo y guionista Kurt Sutter (‘Sons of Anarchy’). Hace poco le cancelaron la aplaudida ‘Terriers’ y estos días su nueva criatura policial, ‘The Chicago Code’, no está teniendo la acogida esperada. Es un poco chocante ver a Jennifer Beals, que se conserva sin arrugas pese a que han pasado casi 30 años desde ‘Flashdance’ como dura comisaria jefe embarcada en una guerra contra la corrupción. También al joven Matt Lauria, quien en nuestro subconsciente acaba de salir del instituto de Dillon de ‘Friday Night Lights’, como detective. Pero sí que nos está convenciendo la interpretación de Jason Clarke como protagonista. Otra cosa es la historia central. Le daremos unos episodios más de crédito por tratarse de Ryan, pero de momento es una serie de polis como cualquier otra, y no esperábamos eso. ‘Blue Bloods’, la serie sobre una saga familiar de policías neoyorquinos, los Reagan, es otro tópico andante, empezando por los créditos de inicio más insulsos de los últimos años. De acuerdo, salen Tom Selleck y Donnie Walhberg, el hermano feucho pero talentoso de Mark, aunque de momento no es suficiente. Estos días también ha vuelto una de las sorpresas de la temporada pasada, ‘Justified’. Seguimos con el peculiar US marshal Raylan Givens en el condado de Harlan, en pleno corazón ‘redneck’ de Kentucky. Solo por las calmadas pero estremecedoras charlas con las que Timothy Olyphant reduce a los delincuentes (el tío los tiene de acero) merece la pena esta serie. También por las apariciones de Walton Coggins, el pérfido Shane de ‘The Shield’ y de Natalie Zea. Más que policiaca, es un western.

Pero si hay una serie que este año empieza a ganarse el respeto de los seguidores de ‘The Shield’ es ‘Southland’. No lo ha tenido fácil esta cruda obra coral, en la que seguimos a patrulleros y detectives por Los Ángeles, esa ciudad infernal que rodea Hollywood llena de pandilleros, narcotraficantes y todo tipo de escoria. Con problemas de audiencia, en su tercer año han dado con la clave. Y han usado un truco que siempre funciona para ganarse el respeto: se han cargado a uno de los protagonistas.

Nuestras diez series de la década

Hyde | 30 de noviembre de 2009 a las 19:02

six-feet-underLos anglosajones gustan mucho de los rankings y no sé muy bien por qué no los hacemos más por aquí. Así que aprovechando que The Hollywood Reporter ha hecho su lista de las mejores diez series de la década (con ausencias ominosas), que el Pisuerga pasa por Valladolid, haremos otra lista rápida por aquí. Pueden mandar sus aportaciones, que seguro que las hay. Aunque hablamos de series como un conjunto, porque si analizáramos sólo una temporada, tendríamos que incluir productos que comenzaron en el cielo (‘Prison Break’, ‘Damages’, incluso ‘Heroes’) y acabaron totalmente estrellados.  Ahí va nuestra lista:

1.- ‘Los Soprano’. Si alguien duda de ello, le mando un pescado envuelto en papel con Paulie de mensajero. David Chase revolucionó el género televisivo y James Gandolfini creó el mejor personaje mafioso de la historia. Sí, incluidos Vito y Michael Corleone. Echamos de menos a la familia, los suburbios de Nueva Jersey y a la terapeuta.

2.- ‘A dos metros bajo tierra’. Podría haber ganado el oro de no ser por la caída del nivel en las dos últimas temporadas. Los Fischer y su funeraria, o cómo divagar sobre la muerte en televisión sin poder quitarte la sonrisa de la boca y a veces las lágrimas de los ojos. Alan Ball, guionista de ‘American Beauty’, dejó una obra duradera que resistirá el tiempo, y nos descubrió a todos un actor formidable, Michael C. Hall. Tras ‘Six Feet Under’, la muerte tiene otra pinta.

3.- ‘Breaking Bad’. No vamos a rellenar la lista sólo con series de la HBO. Así que, a pesar de que sólo lleva dos temporadas, resulta justo reconocer la originalidad, atrevimiento y calidad de esta ácida -nunca mejor dicho- serie, en la que brilla Bryan Cranston, ganador de dos Emmy. Un perdedor, un profesor de química de instituto de un pueblo de Nuevo Méjico, con un hijo con parálisis cerebral y otro en camino, descubre que tiene un cáncer terminal. Así que decide empezar a sacarle provecho económico a sus conocimientos con el quimicefa para que su familia no tenga problemas en su ausencia. La metamorfosis del profesor Walter White es una de las cosas más impresionantes que hemos visto en televisión.

4.- ‘Entourage’.- Ya iba siendo hora de meter una comedia, aunque ‘El séquito’ sea mucho más que eso. Es una serie sobre el implacable negocio del entretenimiento, sobre la amistad, sobre el éxito y el fracaso. Con cameos de lujo y uno de los mejores secundarios ever, el Ari Gold de Jeremy Piven.

5.- ‘Lost’.- J.J. Abrams es a la televisión lo que Spielberg al cine. Todo lo que toca se convierte en oro. Aunque con ‘Fringe’ no acaba de despegar, ‘Perdidos’ supuso un cataclismo en la narrativa televisiva, especialmente por su uso de los flashbacks. La corporación Dharma, los otros, la isla… aunque ha tenido altibajos, esta isla misteriosa es posiblemente la serie que más engancha. Si tienes varios capítulos, es imposible ver sólo uno. Pero empieza a hacerse pesadita. Y como al final nos digan que todo ha sido un sueño, prometo ir a la isla y prenderle fuego (con Abrams dentro, claro está).

6.- ‘Dexter’.- ¿Una serie protagonizada por un asesino psicópata que no puede pasar unas semanas sin descuartizar a alguien pero que se busca un sistema para hacer el bien?  La idea parece descabellada pero es genial. Cambio radical de papel para Michael C. Hall, que lo borda como este enfermo asocial al que tenemos que querer. Y aunque parezca increíble, los creadores de la serie se las han apañado para que no baje mucho el nivel en sus cuatro temporadas. Mención especial merece el fiscal Prado que encarna Jimmy Smits.

7.- ‘The shield’.- Shawn Ryan hace lo imposible: ser absolutamente original con una serie sobre policias en Los Ángeles. Cámara al hombro seguimos las aventuras, corruptelas y desgracias de Vic Mackey, otro de los personajes antológicos de esta década, por cortesía de Michael Chiklis, a través de los barrios más degradados por la droga y la delincuencia. Es una serie brutal, que impacta desde el episodio piloto, con secundarios de absoluto lujo, en especial Forest Whitaker, que lo borda. Además, en su nómina de guionistas y productores aparece en lugar destacado Kurt Sutter, creador de ‘Sons of anarchy’, actual reina motera de la parrilla.

8.- ‘In treatment’.- ¿Qué clase de bloguero y crítico sería si no recompensara el esfuerzo mental  y físico de Gabriel Byrne para interpretar al terapeuta Paul Weston? Basada en una serie israelí, Rodrigo García (no, no diré de nuevo de quien es hijo, que ya suficiente carga tiene el hombre) nos demuestra que se puede crear una tensión extrema con una charla en una habitación. Seis personas en terapia, con sus distintas sesiones, bastan para darnos cuenta del principio fundacional de la psicología: la culpa de todo es de los padres. Genial.  

9- ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’. Aaron Sorkin, uno de los mejores guionistas de Hollywood, nos enseñó lo que no vemos del edificio en el que se toman las decisiones que rigen el mundo. En lo que iba a ser una serie sobre el gabinete del presidente, Martin Sheen se tomó tan en serio a su presidente Bartlet que acabó protagonizando los momentos más intensos. Este show un líder demócrata idealista, honrado, culto y profundamente comprometido con sus principios, se emitió paradójicamente durante los tenebrosos años de la era Bush. Pero nos gusta pensar que preparó el terreno para la llegada de Obama. ‘The west wing’ nos devuelve la fe en la política tan rápido como la perdemos en cuanto termina la serie y vemos las noticias…

10.- ‘The wire’. Aunque se me quedan fuera series como ‘Curb your enthusiasm’, ‘Damages’, ‘Mad men’,  ‘How I met your mother’, ‘True Blood’ o incluso ‘Friday Night Lights’, resulta imposible no incluir en una lista de diez series de la década a ‘The wire’, de una factura con una calidad indiscutible. Como ‘The shield’, nos aporta una visión diferente, en este caso de la terrible Baltimore, y nos enseña lo que nunca antes habíamos visto: cómo se desmonta una banda con las escuchas telefónicas.