Archivos para el tag ‘Zach Gilford’

Padres e hijos

Hyde | 17 de noviembre de 2010 a las 3:21

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Dos chavales de instituto que crecieron sin padre. Uno estaba en Iraq, el otro en la cárcel. Uno de los niños fue criado por una abuela entrando en la senilidad y el otro en las calles, con una madre adicta al crack y amigos delincuentes. Uno es blanco, el otro negro. Los dos inseguros. Comparten algo más que su pueblo, Dillon. Ambos son, o han sido, los quaterbacks del entrenador Eric Taylor. Dos ‘underdogs’, hablando en yankee…

Los dos mejores capítulos de la extraordinaria ‘Friday Night Lights’ son ‘The son’, de la cuarta temporada, en el que acompañamos a Matt Saracen en el duelo por su padre (memorable interpretación de Zach Gilford), y ‘The right hand of the father’, emitido el pasado miércoles, en el que sufrimos con Vince Howard el regreso de su progenitor, en libertad condicional, pero eterno culpable para un hijo obligado a ser demasiado pronto el hombre de la casa.

Michael B. Jordan es el desafortunado nombre de un joven actor de gran talento que nos seguirá dando que hablar. Y en cuanto a ‘Friday Night Lights’, en su temporada de despedida, a mí se me sigue erizando el pelo cada vez que escucho la música de sus créditos de inicio, a cargo de W.G. Snuffy Walden (autor, por cierto, de la apertura de ‘The West Wing’). Esta serie no debería acabar nunca. Go Lions!

La mejor serie desconocida

Hyde | 29 de octubre de 2010 a las 11:54

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El entrenador Taylor se parece a Guardiola, aunque también puede ser un poco Mourinho. Vive por y para el fútbol (que sea americano o europeo nos es indiferente), da igual que se trate de un equipo profesional como los Dallas Cowboys o de sus Panteras o Leones de Dillon, esa pequeña ciudad imaginaria de Texas que tan bien refleja los golpes de la crisis económica, los sueños rotos y las frustraciones de los habitantes de cualquier lugar periférico, sea en Estados Unidos o aquí en Andalucía. ‘Friday Night Lights’ no es una serie sobre el deporte ni sobre adolescentes, aunque quien haya tenido la mala suerte de no verla nunca podría catalogarla así. Es quizás la ficción televisiva que más certeramente se aproxima a los problemas del día a día, que mejor sabe tejer las relaciones de sus personajes, que más profundamente nos sumerge en lo que significa la familia, sea eso lo que sea. Algunos incluso podrían confundirla con una telenovela. Si efectivamente lo es, tiene enganchados a los críticos de televisión de todo el mundo. Pocas series, quizás sólo ‘Mad Men’, te dejan como ésta el vello erizado cuando llega la música de los créditos finales.

Si el entrenador Eric Taylor es el referente moral y vital de muchos de los jóvenes de su equipo, el pilar que lo sostiene a él es su mujer, orientadora y directora del instituto. Los Taylors, el mejor matrimonio de la televisión reciente, es tan real como la vida misma: se quieren, se pelean, discuten y se apoyan frente a las adversidades. Todo sin excesos poco creíbles: si se cabrean, se acuestan en la cama refunfuñando; se levantan con cara de sueño, y sus problemas son tan reales como los nuestros. Tienen el amigo gorrón que acaba haciéndose querer, el guaperas descarriado medio adoptado, el novio de la hija, huérfano, al que protegen y exigen como a un hijo. Por algo las merecidas nominaciones a los últimos Emmy de Kyle Chandler y Connie Britton, justo reconocimiento a una serie que ha pasado muchas veces desapercibida de cara a los premios. No lo ha tenido fácil esta adaptación de la misma película de Peter Berg. La NBC se planteó cancelarla tras la segunda temporada, pero un pionero acuerdo con el canal de pago Direct TV, que la emite unos meses antes que la generalista, ha permitido mantener este producto de culto hasta ésta, su quinta y última temporada, que hoy comienza.

Friday Night Lights, ha funcionado además como cantera de otras series y de Hollywood. Los productores, con tino, han huido de explotar a los protagonistas hasta que les salieran canas en el instituto, así que los han ido graduando progresivamente. De aquí han salido las disputadas bellezas Minka Kelly y Adrianne Palicki, Taylor Kitsch, Zach Gilford y Scott Porter, ahora magnético rival de la aún más eléctrica Kalinda de Archie Panjabi, en ‘The Good wife’.

Atraco en la Academia

Hyde | 15 de julio de 2010 a las 12:35

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Entre unas cortas vacaciones desconectado de todo, incluso de las series, en un cercano y hermoso desierto, y el margen que me he impuesto para que se me pasara la irritación, han pasado unos días desde que se conocieran las candidaturas de los Emmys. Aunque hay algunas sorpresas agradables, predomina el disgusto.

Si yo me siento atracado, no me hace falta leer el blog de Kurt Sutter (aunque desde luego lo he hecho) para imaginar su digna ira. Dice que le importa un carajo que la Academia de la TV vuelva a pasar de sus ‘Sons of Anarchy’, siempre que estos sigan rodando libres en la modesta cadena FX. Pero no puede ocultar su encabronamiento (ni yo el mío) por el nuevo desaire a su esposa, la excelente actriz Katey Sagal. La matriarca de los moteros de Sam Crow, Gemma Teller, está sencillamente espectacular en la segunda temporada de esta gran serie. Su ausencia es una indecencia, dan ganas de coger la moto y plantarse en el auditorio el día de la entrega de premios, quemar la alfombra roja.

Ni siquiera el reconocimiento a Connie Britton, cuyo personaje en ‘Friday Night Lights’ tampoco lo ha tenido fácil esta cuarta temporada, y la tardía nominación de Kyle Chandler (el coach Taylor ha tenido años mucho mejores), nos pueden resarcir. Entre otras cosas porque tampoco se incluye a ‘FNL’ entre los mejores dramas (¿pero qué demonios hace ahí ‘True Blood’?), ni al joven Zach Gilford, cuya actuación en el episodio ‘The Son’ fue absolutamente memorable. ¡Qué ganas tenemos de que vuelva FNL, ahora que además de ‘Entourage’ sólo tenemos vampiros y gigolós que echarnos a la boca!

Ya hemos alabado en alguna ocasión la frescura que ha aportado ‘Glee’ este año. Pero tampoco hay que pasarse. La serie está bien, pero tiene demasiados altibajos. Un capítulo estupendo cada seis o siete petardazos, y esa frecuencia cada vez se amplía más. Así que ‘The Big Bang Theory’ debería estar nominada en su lugar.

Después del incendio del auditorio, debería llegar un huracán, y luego unas inundaciones, que se traguen a los votantes que se han olvidado de ‘Treme’. No se trata del orgullo herido de este blogger, que vaticinó que la serie de David Simon arrasaría (como adivino no tengo precio…). Se trata de ser mínimamente objetivos, de apreciar la belleza, la originalidad, la oportunidad de esta obra maestra. Cuando dentro de unos años ‘Treme’ esté en los altares, como merece, los malditos miembros de la Academia debería arrastrarse hasta la casa de Simon, de Wendell Pierce, del magnífico elenco de intérpretes que crean esta genial serie.

Por lo demás, esperamos que se premie a Aaron Paul, el estupendo actor capaz de plantar cara a Bryan Cranston en ‘Breaking Bad’. Ambos intérpretes y la serie de Vince Gilligan deben volver a arrasar. Aunque también se ha olvidado a ese estremecedor secundario que ha forjado a un malo inolvidable, Giancarlo Espósito y su Gus, gerente de Los Pollos Hermanos.

Touchdown

Hyde | 7 de diciembre de 2009 a las 14:07

Cada vez me gusta más Friday Night Lights. Cada vez esta serie aparentemente superficial se vuelve más profunda, más dramática, más rica en el desarrollo de sus personajes. En este show los placajes no los da la defensa del equipo rival, sino la vida misma. El miércoles pasado uno de los protagonistas, que dentro de poco dejará el show (Peter Berg contaba hace semanas que a todos sus jóvenes actores les avisaba de que no podían permanecer en el instituto hasta los 30 años…), dio una lección de interpretación. Incluso algún gurú televisivo como James Poniewozik, de Time, ha sugerido que merecería un Emmy por su papel en el episodio ‘El hijo’. Matt Saracen, su personaje, lo simboliza todo en esta serie. De suplente a titular por accidente, de estrella del pueblo a secundario de nuevo por la llegada de una joven estrella. De aspirante a artista a repartidor de pizza. De familia humilde, abandonado por su madre, criado por una abuela que se está volviendo senil y con un padre que huyó al ejército tras el divorcio, el pobre Matt nunca lo ha tenido fácil. Siempre ha sido el cabeza de familia, el currante, el humillado. En este episodio (ojo, spoiler) entierra a su padre, fallecido en Iraq. El ataúd trae sus restos a casa, una imagen que seguro se ha visto en miles de pueblos americanos como Dillon.

Y en una serie que en teoría iba sobre tan banal como fútbol americano experimentamos, sufrimos, todo el resentimiento del hijo abandonado hacia su padre fallecido, los conflictos internos entre el luto y el odio, cómo Matt se viene abajo al empeñarse en abrir el atáud y ver a su padre desfigurado, cómo acaba haciendo una bonita, por realista, elegía. Pocas veces en televisión se pueden sentir tantas emociones en apenas 40 minutos. FNL nos deja siempre muy tocados. FNL es grande.