El ‘berzagate’

Javier Gómez | 8 de febrero de 2009 a las 3:17

El viernes se estrenó en España El desafío: Frost contra Nixon, que recrea el único juicio al que fue sometido el caído presidente republicano. Richard Nixon fue indultado por su sucesor, Gerald Ford, pero acabó sentado en el banquillo popular de la televisión por un periodista británico, que consiguió arrancarle algo parecido a una confesión. David Frost se convirtió entonces en leyenda del periodismo, y es la única persona que ha entrevistado a los seis últimos presidentes estadounidenses, a otros tantos primeros ministros británicos, al Sha de Persia, a Golda Meir… Puede que empezara como periodista satírico a lo Gran Wyoming, pero acabó distinguido como sir del Imperio Británico.

Mucho más icónicos del deber sagrado del periodismo de buscar la verdad, aunque en demasiadas ocasiones esa búsqueda acabe en el barro y ese deber sagrado totalmente mancillado, son Woodward y Bernstein. Los periodistas que destaparon el Watergate, el caso de las escuchas ilegales, espionaje y robos al rival demócrata, el escándalo que acabó por desalojar a Nixon de la Casa Blanca. Encarnados en la gran pantalla por Robert Redford y Dustin Hoffman, son los héroes de un oficio romántico y sucio, de una actividad que aspira a ser un contrapoder independiente pero con la paradoja de depender de su cuenta de resultados.

Desde entonces no ha habido escándalo periodístico de magnitud al que se le añadiera el gate como sufijo. Del Irán-Contragate pasamos al Whitewatergate e incluso al Monicagate. Así hasta llegar a este momento, a esta ciudad, para descubrir el berzagate.

La historia, propia de un tebeo de Ibáñez, es difícil de resumir: Una peña organiza unas berzas como antesala del Carnaval, el domingo 25 de enero. El Ayuntamiento las patrocina con un gasto de unos 15.000 euros. Los peñistas le piden a la Diputación unas camisetas o delantales para la cocina. Una concejala, Teresa Porras, se entera por el presidente de la peña de que va a haber personas exhibiendo el logo de la Corporación provincial, socialista, y se lo reprocha. El alcalde va a la comida, con horas de retraso, y se hace una foto con los peñistas ante las ollas y con algunos de los mandiles. En la fotografía, que manda a los medios el gabinete de prensa del Ayuntamiento, aparece borrado el logo de la Diputación. Los responsables de ese organismo se dan cuenta y lo filtran. Sale la historia. Francisco de la Torre la lee, pone el grito en el cielo porque él también fue borrado de otra foto, dice que ha sido un error por una “práctica informática” del fotógrafo y que él nunca amparará esas artimañas. El viernes 30 le dimite, forzado, su director de Comunicación. El martes, la alcaldesa, Rosa Francia, desvela en una tertulia en Onda Cero que la “espontánea” concejal Porras trasladó al presidente de la peña que no le parecían oportunos los delantales, pero no ordenó a nadie que se los quitara, qué barbaridad. Sobre las prácticas informáticas a las que aludía su marido, cuenta que casi le dio un “soponcio” al leerlo.

El miércoles, en Onda Azul, Porras admite que habló con el presidente de la peña y le trasladó su malestar, cuestiona a los periodistas que vinculan sus palabras con el borrado de la fotografía y viene a decir que todo es una campaña en su contra. Por la tarde, el alcalde considera “anecdótico” que una de sus concejalas expresara su disgusto por el logo, repite el mensaje de la edil de que “es como si en un acto del Sur apareciera con una camiseta del Málaga Hoy”, y despacha el brete en que lo ha metido su mujer diciendo que ella sólo habla sobre lo que lee, oye o ve en los medios.

El jueves, el secretario provincial del PSOE pide la dimisión de Porras, y ésta no se lo toma demasiado bien en una entrevista en la Cadena Ser, donde además recrimina a la Diputación por “no poner ni un duro” en la berza carnavalesca y pretender plantar allí su imagen. El viernes el alcalde y su concejala dan una rueda de prensa. Porras aprovecha para espetar a los periodistas que “vaya verbena habéis montado” y el regidor se suma a las lecciones de periodismo que lleva días impartiendo la edil: “Hay muchos otros temas más importantes por los que preocuparse, como el paro y los efectos del tornado”.

¿Qué le preguntarían Frost, Woodward, Bernstein, a De la Torre, a Teresa Porras, al presidente de la peña que se ha visto inmerso en esta polémica absurda? Supongo que le preguntarían qué demonios hace el Ayuntamiento de Málaga pagando 15.000 euros por unas berzas cuando la propia área de Bienestar Social está corta de presupuesto ante la crisis y Cáritas hace tiempo que agotó sus fondos. Qué narices pinta el alcalde haciéndose fotos con los peñistas y sus delantales ante un potaje ya frío a las seis de la tarde. ¿No tiene cosas mejor que hacer el regidor? ¿No tiene cosas más importantes de las que ocuparse que muchas, muchas, de las que saturan su agenda oficial? ¿Qué clase de ciudad es Málaga para merecer esto?

  • Agustín Rivera

    Ya sólo hace falta que De la Torre deje de ser alcalde por este Berzagate. Se descubra que fue él quien manipuló la foto, que le hagas una entrevista televisiva en 2012 a De la Torre y, moviendo mucho los ojos, el ingeniero edil reconozca, sí señor Gómez, fui yo, pero me presionó Rosa. “¿Qué Rosa?”. “Rosa Francia, mi mujer”. La entrevista daría la vuelta en Youtube.