La epidemia

Javier Gómez | 1 de marzo de 2009 a las 17:10

Marbella, Estepona, Manilva, Alhaurín el Grande, Gaucín, Ojén, Tolox, Viñuela, Cómpeta y ahora Alcaucín. La corrupción urbanística salpica ya a diez de los cien municipios de Málaga, un porcentaje que, de tratarse de cualquier enfermedad, nos llevaría a diagnosticar una grave epidemia. El virus no entiende de filiaciones políticas, por mucho que se enfrasquen en acaloradas discusiones los partidos, y de momento no se ha encontrado una vacuna eficaz: todos los ensayos que se han hecho para afrontar el mal han culminado en fracaso en medio de las críticas de los alcaldes, los promotores e incluso de los vecinos.

La Axarquía no tiene el glamour algo cutre de la Costa del Sol occidental. Sus alcaldes no ligan con tonadilleras, los famosos que acuden a la comarca se esconden de las cámaras en lugar de buscarlas y no hay franquicia de Dolce&Gabbana. Tampoco se pasean en sus mercedes jeques árabes soltando billetes de 500 euros a cualquiera que se cruce en su camino, ni hay miles de restaurantes, tiendas u obras en las que trabajar. No. La Axarquía era hasta hace pocos años la aldea de Astérix del litoral malagueño, la última zona que conservaba su sabor añejo y una economía agraria compatible con un turismo más doméstico y menos de masas. Pero eso, lógicamente, se acabó hace tiempo.

Cada vez se ha hecho más duro vivir del campo, especialmente con la competencia brutal de productos cultivados en países en los que ni el suelo, ni el agua ni los trabajadores ni sus derechos cuestan un duro. Y cada vez se ha hecho más difícil soportarlo viendo los pelotazos que pegaban impunes los vecinos de poniente. Y terreno, lo que se dice terreno, hay. Aunque sea empinado. Así que al amparo de una legislación cambiante y laxa, de un urbanismo jamás ordenado y de unas casas de aperos convertidas en bonitas residencias de veraneo con piscina (algo que hizo hasta algún subdelegado del Gobierno), surgieron de la nada miles de viviendas ilegales o irregulares, según se quiera. Entre las originales de los paisanos y las nuevas, las churras y las merinas, se cifran entre un mínimo de 4.000 y un máximo que ronda las 20.000 casas. Y como no hay forma de discernir el grano de la paja, como todo se mete en el saco de lo que “hay que regularizar”, cada vez son más los listos que hacen caja alentados por las propias instituciones que supuestamente debían impedir lo ocurrido y que de vez en cuando se reúnen para ver cómo se maquilla el problema.

Y cada vez más la bella estampa de las sierras de Alhama, Almijara y Tejeda, como en su momento ocurrió con la de las playas y colinas de Rincón de la Victoria, Vélez, Torrox, Algarrobo o Nerja, se parece más a la de su envidiada y deshonrada hermana occidental.

el fichaje

A pesar de la crisis, el ya ex director de Comunicación del Ayuntamiento de Málaga Isidro Cuberos no ha tardado en encontrar trabajo. Y no ha tenido que ser en el Consistorio malagueño, rechazando las ofertas de recolocación. La alcaldesa de Marbella, la también popular Ángeles Muñoz, ha fichado al curtido periodista sevillano para dirigir la televisión municipal. Casualmente, sustituirá en el cargo a otra de las víctimas del canibalismo comunicativo de De la Torre y a otro protegido de Javier Arenas: Juan Carlos Jiménez Laz.

Por cierto, desde que hizo pagar el pato de la berza a Cuberos, al alcalde parece que le ha mirado un tuerto. A pesar de tanto sueldo millonario, últimamente en la Casona del Parque no se gana para disgustos.

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