Políticas que cada día se lleva la marea

Javier Gómez | 16 de abril de 2009 a las 11:54

SI de Fomento no podemos tener grandes quejas en los últimos años en la provincia de Málaga, la política del Ministerio de Medio Ambiente, concretamente la de Costas, es ‘arena’ de otro costal. Sea con el PSOE, con el PP y de vuelta con el PSOE, parece como si la estrategia del departamento se la llevara cada mañana la marea.

Dependiendo del grado de talibanismo de los directores generales, en la últimas dos décadas hemos asistido a anuncios apocalípticos y a muchas , muchas, promesas sin cumplir. Las 400 casas irregulares de El Palo entran y salen del rompeolas con facilidad pasmosa, para inquietud de sus propietarios y del Ayuntamiento. Igual ocurre con uno de los símbolos de la ocupación ilegal de la arena, el hotel-residencia Marymar de Benalmádena, que acabará cayéndose de viejo sin ver la piqueta. Y eso por hablar sólo de Málaga, porque tras anunciar a bombo y platillo la demolición de otro hotel ilegal en Atlanterra, Cádiz, poquito más ha hecho el pasivo-agresivo Ministerio, tolerante con una barbaridad como El Algarrobico y con disparates como los de Marbella.

Ahora son los chiringuiteros los que están en el punto de mira de Costas, un perro muy ladrador que ya nadie cree que muerda. No hay charco que no pise este organismo, capaz tanto de verter arena polvorienta y fangosa en las playas de la Costa del Sol como de intentar sacarla del último paraje submarino de valor ecológico que queda en la provincia, protegido por la Unión Europea.

El último ridículo del departamento lo ha confesado su jefe en Málaga, Francisco Javier Hermoso, otra víctima más de la ocurrencia política de turno de sus ministros o ministras. No hay dinero para comprar las fincas costeras con que se iba a “esponjar” el litoral malagueño. Ahora da igual, no hay elecciones municipales a la vista ni candidatos con los que pasar un bonito día en la playa.

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