Cajones desastre

Javier Gómez | 14 de enero de 2010 a las 10:57

En los tiempos que corren, cuando todos nos hemos familiarizado con palabros como ERE y eufemismos terribles como “racionalización de costes”, resulta gratificante oírlos salir de la boca de un ministro para referirse a una empresa pública. Si además ese ministro es el número dos del PSOE, puede que no todo esté perdido. José Blanco ha hecho algo a lo que últimamente no estamos acostumbrados, algo que debería ser el día a día de un político profesional: coger el toro por los cuernos. El toro, en esta ocasión, son los controladores y sus aéreos sueldos, aunque la reflexión del ministro de Fomento sobre Aena debiera extenderse a todas las empresas públicas: “Con estos costes y esta productividad, es imposible mantener la viabilidad y rentabilidad del sistema”. En mi memoria, el afán por crear empresas públicas de gestión privada llega a los tiempos de Jesús Gil. El fue el gran pionero local a la hora de descapitalizar una institución de contenidos y fondos (especialmente lo último). Pero luego el resto de administraciones se lanzaron de cabeza al modelo con la excusa de que la burocracia sería más ágil, aunque lo que realmente era fácil era fijar unos salarios altísimos para unos pocos y luego contratar a ETT para prestar el servicio. Una empresa pública tiene menos controles que una institución pública. No tienes todo el día a la oposición pidiéndote datos, los procesos de contratación, al no tratarse oficialmente de funcionarios aunque en la práctica muchos sí lo sean, son mucho más laxos, y luego están los sueldos. Se fijan a priori mirando la parte alta del mercado privado, pero con la tranquilidad de que tienes cliente seguro (los contribuyentes) y de que de allí no te echan ni Dios ni la crisis. Y así en las empresas públicas se da la fusión perfecta de lo peor de la empresa privada y la institución pública.

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