Por aquí resopla

Javier Gómez | 14 de marzo de 2010 a las 10:39

Puede que la página web oficial de Wilmington proclame con grandes letras que la mayor ciudad de Delaware, apenas un pueblo grande con sus 72.000 habitantes, sea “A place to be somebody” (Un lugar para ser alguien). Pero precisamente lo contrario buscaba Fernando del Valle cuando constituyó allí más de cien sociedades instrumentales. El abogado chileno establecido en Marbella, al que la Fiscalía señala como el presunto cerebro de la mayor trama de blanqueo de capitales descubierta en España, vendía justamente anonimato a sus muchos clientes, algunos viejos conocidos de las policías francesa, finlandesa o rusa. Y el pequeño estado del Este de EEUU está considerado una especie de paraíso fiscal, aunque no entra en los listados oficiales de la OCDE y además queda muy bien en la tarjeta de cualquier inversor: desde luego no levanta las sospechas de Antigua, Gibraltar, Belice, la Isla de Man, Bahamas o Barbados.

A través de una extensa red de sociedades, el dinero llegaba a Wilmington, antiguo puerto ballenero, pero la Ballena Blanca acababa resoplando por la Costa del Sol en forma de inversiones inmobiliarias. El litoral malagueño sí que era ‘un lugar para ser alguien’, cuesta creer que ninguno de los extravagantes alcaldes y alcaldesas que padecimos y padecemos haya tenido la ocurrencia de colocar el letrero en la entrada a su pueblo.

Todo ello se juzga a partir de mañana, con otros dieciocho acusados, si la inaudita entrevista radiofónica concedida el viernes por el juez que presidirá la sala no motiva su recusación por las defensas y paraliza el primero de los macrojuicios que se avecinan en Málaga. Tras un invierno de temporales, primavera de ciclogénesis judicial.

Delaware es uno de esos pequeños estados que pasan absolutamente desapercibidos en EEUU. Aunque se mueve mucha, mucha pasta y hay una sociedad constituida cada cuatro habitantes. De hecho, si se teclea en google, los primeros resultados de la búsqueda están patrocinado por una asesoría experta en constituir allí empresas offshore allí. No, no es DVA Finance, la firma de Del Valle.

Muy cerca de Wilmington, el pueblo favorito del ostentoso letrado para crear una gran parte de sus 523 sociedades –a este hombre antes de enchironarlo, quizás deberían haberle dado un premio por emprendedor– está Baltimore. Es la ciudad donde se desarrolla una de las mejores series de televisión de la historia, The wire, creada por el periodista David Simon. Trata, a grandes trazos, sobre un grupo policial que desmonta tramas delictivas a base de escuchas telefónicas. En la primera temporada, una red de tráfico de drogas en los deprimidísimos barrios negros de la ciudad. En la segunda, una organización que se compinchaba con los sindicatos portuarios para introducir a través de los contenedores del puerto a mujeres del Este, drogas y coches robados. En la tercera, los mismos delincuentes de la primera temporada se relacionan con concejales y cargos públicos para blanquear su dinero con licencias y obras municipales. Todo resulta muy familiar por estas latitudes, aunque los miembros de bandas callejeras de Baltimore tenían más cuidado en sus conversaciones telefónicas que algunos de los personajes que desfilarán por la Ciudad de la Justicia los próximos meses.

Como la realidad supera a la ficción, el ingrediente que le falta a The wire es quizás un juez como Miguel Ángel Torres, que en poco tiempo armó la marimorena y desmanteló el chiringuito en que se había convertido la Costa del Sol. Sí hay una correosa fiscal, a la que se presumen muchos más medios que a Juan Carlos López Caballero, un capitán Ahab a la fuerza. La Fiscalía Anticorrupción le ha dejado prácticamente solo a la caza de la ballena, la malaya y las minutas. Y ya sabemos qué ocurrió con el Pequod.

  • Sara

    Un libro que ando leyendo “la fuerza del anonimato” del 2009, seguramente lo leyó, lo adivino, o lo pensó y uso, este abogado chileno, sino de cuando o como sus más de cien sociedades instrumentales?