El cerebro del ‘homo politicus’

Javier Gómez | 8 de abril de 2010 a las 8:37

NO querer cambiar de opinión, a pesar de disponer de los requisitos mentales para hacerlo, tiene que ver con algunos de los grandes descubrimientos neurológicos recientes. Estamos apuntando al poder avasallador de las convicciones propias, frente a la percepción real de los sentidos. Muchas personas toman decisiones no en función de lo que ven, de lo que consideran bueno o malo, sino en función de lo que creen. Los cerebros muy evolucionados pueden cambiar de opinión. Los monos lo hacen y los humanos también pueden, pero odian tener que hacerlo.

Hay zonas activas de la neocorteza cerebral que, literalmente, se bloquean cuando se recibe información disonante, es decir, información que atenta contra las convicciones.

Gracias a la neurología, ahora hemos descubierto que el cerebro utiliza gran parte de su energía para elucubrar, simplemente para predecir, inventar e imaginar, configurando divisiones entre “ellos” y “nosotros”. La pregunta ahora consiste en descifrar si podemos controlar esa manía cerebral y evitar respuestas irracionales e injustas hacia los demás.

El último y excelente libro de Eduard Punset, El viaje al poder de la mente (Destino), esconde un manual político de referencia. Quizás sin pretenderlo, el sabio sienta las bases científicas del alejamiento entre la clase política y la ciudadanía. Sus argumentos son además la única explicación posible a tanto insulto a la inteligencia que reciben a diario nuestros oídos. Si muchas veces ha sido el PSOE, estos días los lanza el PP. Casi tan escandalosa como Gürtel es la reacción de la dirección del PP, el silencio cómplice de Rajoy. Aunque mejor calladito que decir las barbaridades que dijo Arenas.

Entre uno y otro nos han suministrado ingente información sobre el tipo de gobernante que llevan dentro. Aunque no está claro si el cerebro de muchos querrá procesarla. Habrá que concluir que el homo politicus no evoluciona. Y el que no evoluciona, desaparece.

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