Los manifiestos surrealistas

Javier Gómez | 22 de julio de 2010 a las 1:46

Como un cansado Michael Corleone en ‘El Padrino III’, este articulista intenta, una y otra vez, dejar el tema del plan especial del Puerto. Pero le vuelven a arrastrar hacia él. Hay que seguir ajustando cuentas, y más ante tanto disparate como se escucha y lee cada día. En dos semanas, el alcalde de Málaga ha pasado de liderar la construcción en la ‘esquina de oro’ de un gran mamotreto cultural, con un supermercado –él puede llamar a la mona como quiera, pero aunque la vista de seda, supermercado se queda-, a convertirse en el principal opositor del Puerto. A Francisco de la Torre sólo le falta encabezar una manifestación contra sí mismo.

Ayer el PP presentaba una cínica y oportunista campaña contra la verja portuaria –curioso que sus dirigentes negaran hace unos días que todo este asunto fuera digno de abrir un debate en la ciudad-, una suerte de manifiesto alternativo al de los notables, que el alcalde firmará mañana en calle Larios. Los populares, que al fin y al cabo gobiernan, o lo intentan, en el Ayuntamiento desde hace quince años, quieren ahora que desaparezca la verja “que separa al puerto de la ciudad”. Son ellos los que han proyectado no ya suavizar el tráfico, sino añadir un sexto carril en el paseo de los Curas, por lo que, con valla o sin ella, el Parque seguirá separado del muelle 2.

Cuesta trabajo creer –es imposible hacerlo- al alcalde haciéndose el sorprendido ante la elevación del Palmeral de las Sorpresas. Como si de repente hubiera pasado por allí esta semana y la hubiera descubierto. Hablamos de un regidor que tiene a gala conocerse al dedillo todo el callejero de la ciudad, que se ha ganado la fama de ser el concejal de Urbanismo en la sombra. Si De la Torre ha ignorado, durante los cuatro años que ha durado la fatídica obra del muelle 2, que la plataforma portuaria se iba a subir de cota creando otra barrera, dan ganas de salir corriendo de esta ciudad y no mirar nunca atrás. O de aplaudirle por su teatral esfuerzo. Pero que no se canse. Esta vez no le toma el pelo a nadie. Por mucho manifiesto que firme.

  • estupefacto

    La verdad es que el Alcalde es como un péndulo estropeado que pasa del “no” al “no se” de forma autómata y constante. Así no se puede gobernar.

  • Calamar

    Tiene usted fijación con el alcalde. Hagáselo mirar, hombre. No digo que el alcalde no sea una persona cambiante, pero de egregios ejemplos de políticos regulares está esta ciudad llena.