La marca de la Junta

Javier Gómez | 26 de agosto de 2010 a las 9:53

HACE unos días, un veterano asesor de la Junta, y sin embargo novato en las lides malagueñas, me negaba que la marca autonómica estuviera mal vista en esta provincia. Todo dentro de una amistosa conversación sobre si era buena o mala idea presentar a María Gámez, la imagen del Gobierno andaluz, como candidata a la Alcaldía, cuando precisamente del agravio ha hecho el alcalde su gran chollo electoral.

Existe el claro riesgo de ponérselo a De la Torre más fácil que el pasado domingo a Kevin Durant con la defensa de Rudy Fernández, casi diez centímetros más bajo. Cada vez que Gámez presente como baza su juventud y nuevos aires para renovar la viciada atmósfera de la Casona del Parque, al popular le bastará exclamar “Sevilla” para que los caballos relinchen en el subconsciente del votante malaguita. En Málaga la marca de la Junta puede ser como la flor de lis en el hombro de Milady. Mejor ocultarla.

Puede que el argumento sea cansino y provinciano, pero basta recurrir a un ejercicio bastante objetivo para comprobar que también es cierto. Si es capaz, recite usted, lector, las últimas grandes obras de la Junta en Málaga. Yo le aporto diez promesas incumplidas: el tren de la Costa, el cinturón verde, el vial distribuidor, la carretera del Arco, el parque tecnológico de Marbella, el megahospital, la depuración de aguas residuales, el Metro en 2009, las múltiples ampliaciones de puertos deportivos que nunca llegan y el Parque de los Cuentos…

En la misma conversación, salió a relucir otro tópico más o menos cierto, igualmente matizable: la extraordinaria suerte que tuvo Málaga de contar con Magdalena Álvarez como ministra de Fomento. Cierto que la socialista aceleró casi todas las obras de esta provincia (no el tren litoral) y que ha sido una ministra para la historia. Pero ni uno sólo de esos proyectos eran regalados ni Málaga tiene que dar gracias por tener un AVE con el que debió contar hace 18 años o un aeropuerto en condiciones. En cambio, ahora sufrimos, y sufriremos durante años, la falsa etiqueta de que andamos sobrados de inversiones. Quizás por ello a Griñán se le olvidó pedirle a Zapatero que no paralice el tercer carril de la ronda este, o el soterramiento de la A-7 en San Pedro Alcántara, o la hiperronda. Y eso que el presidente andaluz nos quería tanto…

  • Uno de Alhaurin

    Totalmente de acuerdo Don Miguel, pero luego cuando protestamos los que solo nos interesa Málaga y no los partidos políticos, nos Llaman separatistas e insolidarios, cuando treinta años después siguen desviando empresas y llevándose organismos para donde siempre. Para mi como malagueño la Junta de lo que todavía se llama Andalucia solo ha traído ruina a estas tierras, hemos visto totalmente paralizado el progreso de esta Región Málaga-Costa del Sol y de sus 101 pueblos ante el despegue de la ” Capital ” y su entorno. En el año 1992 Málaga le ganaba a Sevilla en 7 de los 9 factores económicos, hoy Sevilla nos gana en los 9 por cierto alguien sabe algo de la linea 3 del metro de Málaga. Mi pregunta es, para cuando un partido malagueño que defienda nuestros intereses ante la pasividad de los partidos actuales.

  • Realidad y no

    Leo su comentario pasados unos días y tras unas jornadas de asueto en las que, como en el tango, el músculo duerme y la ambición descansa, vuelvo a retomar lo nunca dejado del todo y entre ellos sus comentarios, don Javier, que son de análisis obligados aún el tiempo transcurrido. Y a fe que en ocasiones se convierte usted en la voz del verdadero amo, del malagueño harto de tributar el 25,01%, o sea la cuarta parte del todo, y acumular ya tantas promesas incumplidas como usted expone hoy, y tantas veces antes, cuando otros, cuyos méritos no logro alcanzar por parte alguna, reciben diezmos y primicias aún su escasa aportación al Erario sevillano de tan sólo el 20,93% según Gestión Tributaria de la Junta de Andalucía dixit; vamos que no me invento ningún tanto por ciento ya que mi asociación Rayya es sumamente escrupulosa en su base de datos de donde bebo. Sólo un memo, o un interesado juntero, es capaz de negar que la marca Junta andaluza levanta repelús, cuando no aborrecimiento, entre el noble y emprendedor pueblo de Málaga. La Junta debe canalizar inteligentemente para sus intereses que hemos superado con mucho la etapa malaguita del Puta Málaga, Puta Sevilla, para dar paso a un sentimiento de pueblo donde Sevilla no goza absolutamente de ningún punto de encuentro con el malagueño. Y ante los años que nos esperan de echarnos en cara que hemos recibido de Magdalena más que nadie, sólo nos resta el erigirnos en comunidad autónoma y desligar nuestro destino de una Andalucía socialista y sevillana que no la conoce ni la madre que la parió. Javier Fernández